LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
Con las anotaciones anteriores ya podemos decir que fue a Cartagena, la de los 800 vecinos, "hombres de guerra", a esa ciudad a donde llegó, en 1537, JUAN PEREZ MATERANO, primer gran músico de la Colonia. Llegaba pocos años después de fundada Cartagena y apenas un año antes de la fundación de Santafé de Bogotá. Con él, se puede decir, se inicia la historia de la música en Colombia.
Pero este ilustre músico no se dirigía a la ciudad de Cartagena sino que iba a México, designado por el mismo Rey de España. El profesor Robert Stevenson relata que, "en carta a Carlos V, fechada el 7 de octubre de 1537, los funcionarios civiles de Cartagena elogiaban su voz y su prestancia, cualidades que les movieron a instarle para que, en vez de continuar su viaje a Yucatán, se quedara en Cartagena y fuese chantre de la recién construida catedral de la ciudad".
Por la misma época en que llegaba a Cartagena el músico Juan Pérez Materano, otro Juan, Castellanos, escritor, poeta y músico, también se adentraba a América y quien, "tras largos años de vida andariega y aventura en los que fue sucesivamente monaguillo, soldado, comerciante, pescador de perlas, gozador de indias, recibió las órdenes sacerdotales en Cartagena y estableció finalmente su residencia en Tunja". Así, tan encantadoramente lo relata María Teresa Cristina, también en el Manual de Historia de Colombia. Cuando este segundo Juan se ordenó de sacerdote en Cartagena, seguramente se hizo su amigo ya que se refiere a él, al primer Juan, diciendo que era "Josquin en música", el más elogioso término que se pudiera otorgar en aquel tiempo pues hasta entonces el compositor más insigne de la música había sido el neerlandés Josquin de Prez.
También se sabe que Juan Pérez Materano fue autor del libro más antiguo sobre música escrito en las Indias, titulado "Canto de órgano y Canto Llano", y que se le concedió privilegio real para su publicación en el año 1554 del cual no usó, según el profesor Stevenson. Unas décadas más tarde, otro Juan, Navarro, compositor español, muerto en México en 1610, sí había logrado imprimir el primer libro puramente musical en el Nuevo Mundo.
Volviendo a Juan Pérez, este encontró en Cartagena "una Iglesia de madera pero con imponente y buen coro" dominado por elegante facistol, atril de madera y de buenas proporciones donde en aquel tiempo leían a distancia la música, escrita también en inmensos libros.
Nuestro primer músico seguramente desarrolló en Cartagena una magnífica tarea de enseñanza musical, virtud que ya habían demostrado los grandes maestros españoles, a quienes, en el caso de los vihuelistas, les fascinaban las publicaciones y la enseñanza. Por otra parte, "la fiebre del oro", el destapar y profanar las tumbas para saquearlas, inclusive contratando los primeros negros esclavos para esos menesteres, como ya se dijo de Heredia, la enorme facilidad de adquirir riquezas por medio de los indios y de los negros que eran sus esclavos, hicieron que el propio Juan Pérez Materano adquiriera una enorme fortuna después de haber sido nombrado Dean de Cartagena, según lo refiere el propio Juan de Castellanos en las Elegías de Varones Ilustres de Indias. El propio Castellanos ha debido moderar sus comentarios ya que a él también "le correspondía la pingüe renta de 1.400 pesos, con la que, amén de otros negocios, logró acumular una verdadera fortuna que al morir estaba representada en varias casas y solares, 25 esclavos, más de un millar de cabezas de ganado y un conspicuo capital".
En 1560 se le prolongó por diez años más la licencia para imprimir y vender en Indias el libro de Canto y Órgano y Canto Llano que Juan Pérez Materano no había podido imprimir por "carestía de papel que habido y hay en las Indias". (sic) Según Monseñor José Ignacio Perdomo Escobar, nuestro distinguido historiador musical, Pérez murió el 27 de noviembre de 1561 "pues en tal fecha se le pagaba su último salario advirtiendo que en ese mismo día había fallecido".
Aunque pocos sean los detalles de la vida del Primer Músico de la Colonia, sí son muy significativos y reflejan cierto grado de cultura musical en la naciente ciudad de Cartagena. Quizá rápidamente se recogían los frutos del mismo Juan Pérez Materano quien además de magnífico músico debió ser excelente pedagogo. No olvidemos que la España de ese tiempo contó, no sólo con los más célebres músicos, -Morales, Victoria, Guerrero- sino con el grupo más numeroso y preparado, la mayoría sacerdotes músicos enamorados de la liturgia y de la evangelización. Cartagena no era la única meta de los grandes compositores. Al Nuevo Mundo llegarían excepcionales músicos que irían a formar el buen gusto por la música, a enseñar el canto y a tratar de competir con los grupos corales que habían formado en sus iglesias o catedrales de procedencia y que seguramente se contaban entre lo mejor de Europa. Era el amor a Dios, el esplendor de la liturgia y nó el amor a la cultura, a los indios o a los negros lo que movía a aquellos primeros pedagogos musicales. Sobre el particular, el escritor Alejo Carpentier sostiene que la culturización musical floreció precisamente en aquellos lugares en donde existían culturas indígenas fuertes a las que había que cambiar y contrarrestar por medio de la música. Por esto mismo La Habana no alcanzó el grado de cultura musical de Cuzco, Lima, Santafé de Bogotá, Puebla, México, etc. El caso de Cartagena era diferente; ciudad importantísima desde el punto de vista estratégico, verdadera puerta de entrada, de descanso, de aprovisionamiento, de belleza marina y naturalmente había que defenderla, evangelizarla, europeisarla. Prueba del entusiasmo de los "funcionarios civiles", es decir, de los españoles, había sido precisamente el haber logrado que permaneciera en la ciudad de Cartagena el ilustre músico, Juan Pérez Materano.
