LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
Esta forma musical está ligada al texto latino Salve Regina, Mater misericordie, etc,. Con el tiempo aparecieron otras letras según se dirigiera "La Salve" a otros santos o santas que tuvieran otros poderes especiales. También se trataba de una melodía de carácter gregoriano y que los negros variaron con su sentido de diálogo o intervención del grupo, que no podía quedar en silencio. Pero en algunos casos, se volvió la "Canción" o canto para una voz especial. Dentro de este género, aparece la más bella Salve, cantada aún en la región del Chocó, como si se cantara en el siglo XII o XIII. Es una melodía bellísima con influencias árabes, con melismas insinuados como si fuera producto del llamado canto jondo o canto hondo, canto profundo en honor de la Virgen. En el "Cancionero Noble de Colombia", álbum de tres discos que contienen los más sobresalientes aspectos de la música folclórica colombiana, que organizó el doctor Joaquín Piñeros Corpas y que yo tuve la ocasión de hacer publicar, aparece la Salve; cantada por una negra, y lo hace con tal emoción y maestría, que no dudo en calificar este ejemplo folclórico como algo verdaderamente excepcional. La letra dice así:
Una paloma sin mancha
evolando por los aires
vino al cielo a ser esposa
hija del Eterno Padre.
¡Ay! Salve! Reina!
¡Ay! Salve! Divina Palabra!
En otro tiempo apareció un clasificado anunciando... "Se vende negra, con cría o sin cría"... Las negras y los negros cartageneros son famosos por su entrañable amor a sus hijos. Cuando la madre llega a faltar, la madrina asume su amor y sus deberes.
(Fotografía Luis Antonio Escobar)
Son textos que llegaron de la Europa Medioeval, que milagrosamente perduran con la fuerza y belleza de quienes la inventaron durante la época del culto a la Virgen María. Mucho se puede agregar en relación con las salves que fueron muy populares como devoción religiosa, pero no entre los negros que solamente la usaron como medio de expresión estética. Lo curioso de La Salve es que haya quedado incólume en su sentido melódico, como si el negro hubiera apreciado su verdadero valor musical. Es como si ellos hubieran recibido una fina esmeralda tallada y nos la hubieran guardado celosamente preservándola de todo cambio. Es música europea transmitida por los negros, y en algunos casos, mejorada.
Teniendo como modelo el Alabado, es decir, la canción narrativa, los negros principiaron a inventar y a cantar sus problemas, desde los más profundos, como el de la muerte, hasta el del simple robo de una gallina. Esto es lo que acontece con "El robo de la gallina". Es como una ópera popular, imitación de lo que sucedió, especialmente en la Italia medioeval, con el comienzo de lo que posteriormente se consolidaría como la ópera. Eran temas cantados por el pueblo, en los atrios o en las iglesias, temas de toda índole que sirvieron de base también para el desarrollo del drama. Se llamaron, Autos Sacramentales o Misterios. Ese ambiente llegó a la región del Chocó y allí los negros se apoderaron de ese espíritu hermoso, comunicar cantando, y lo utilizaron para todo.
Vecina, vecina mía,
Mi gallina se ha perdido
y usted fue quien la robó.Es una acusación directa que el pueblo (los fieles) va a lamentar. Es el coro que canta:
Ayayay por Dios!
Ay! ¡Qué vergüenza nos da!El coro o pueblo le contesta a la acusadora quien prosigue de manera enfática:
Vecina, vecina mía,
llámase Juana María a
Si no me da mi gallina
le meto la policía.Este tipo de música, directo, narrativo, espontáneo, es increíble que aún se pueda escuchar y es parte vital del folclor colombiano, revelación del modo de ser del negro de la Costa del litoral del Pacifico. Nos demuestra, además, la cantidad y la riqueza de temas.
Naturalmente no podía faltar la música para niños. Tuve oportunidad de presenciar el juego entre niños y abuelito. Alrededor del abuelito, o de quien hiciera las veces de abuelito, se tomaban de la mano; por la espalda, los niños se iban pasando un objeto, unos a otros. El juego consistía en que el abuelito adivinara quién tenía el objeto o Florón. Era una melodía que hacía mover a los niños que estaban sentados escondiendo y pasándose por la espalda el objeto, una pelota, una tapa de cerveza, etc, cantaban:
"El florón está en mis manos
en mi mano está el florón.
Dime buscador.... (Ininteligible)
Que se fue el florón por el callejón
dando vueltas va por el callejón"Este, y los juegos y cantos de niños de la Costa Atlántica, demuestran la influencia de la música infantil española que debió ser muy común en Cartagena pero que, con el correr del tiempo, se acabó. Hay que volver a decir que muchas bellas tradiciones se perdieron en nuestra amada ciudad. ¿Qué se hicieron los famosos pregones y pregoneros que musicalmente debieron resonar en Cartagena?. Aquellas formas de cantar, tan españolas, no solamente inglesas, las formas de anunciar cantando para vender moras, pescados, dulces, fritos, comidas, golosinas, etc, ¿qué se hicieron?. Como en la poesía de nuestro querido poeta François Villón, "¿Qué se hicieron las nieves de antaño?", ¿qué se hicieron los pregones de antaño, las negras con su bello andar que anunciaban cantando?. Por lo anterior nos podemos dar cuenta del milagro de mantener músicas que aparecieron en Europa en el siglo XI o XII, que siguieron utilizándose en muchas partes de Europa, que navegaron con los soldados españoles, que se impusieron en las reuniones de los navegantes, que se cantaron en la ciudad de Cartagena, que siguieron a la selva del Chocó y que luego los negros esclavos oyeron y principiaron a cantar desde aquel tiempo hasta éste, lleno de radios transistores, televisiones, supertelevisores y que, sin embargo, se pueden escuchar aún, cantadas por negros y negras. Luego él principió a inventar sus propias historias, a contarse sus cuentos y a hacer sus observaciones.
El pájaro muchilero le pregunta al Dios te de (Diotedé)
Con ese pico tan largo vos ¿cómo te mantenés, lorito?
Ay! Lorito, y aquí está tu viejo abuelo
Si lo quieres conocer lorito.
De tí no hago caso
ni oigo tu conversación
No tengo mi pico largo
pero sí soy narizón, lorita!
Ay! Lorito y aquí está tu viejo abuelo
si lo quieres conocer, lorita.El pájaro muchilero
y es un pájaro grandote
que se lleva a las mujeres
de la rabadilla al monte.
Ay! Lorito, y aquí está tu viejo abuelo
si lo quieres conocer, lorito.
El pájaro mochilero
subió pa San Juan arriba
es señas que ya deja
a la mochilera parida.
Ay lorita... etc.
El pájaro mochilero
bajó pa San Juan Abajo
es señas que ya dejó
a la mochilera en trabajo.Dejemos aquí esta relación de la riqueza de las melodías y música negra en la región del Chocó. Faltarían hermosísimos ejemplos pero no es el caso de analizar la música negra sino de relacionarla, en términos generales, con lo que llegó o surgió de la influencia negra cartagenera. Pero terminemos citando a Virgil Thomson quien a propósito del jazz, dice: "Composición clásica europea, folklores anglosajón, metro de danza hispánica, himnos, batería, el lied alemán, ragtime, ópera italiana, todo es alimento para la insaciable apetencia negra, provisiones a ser trituradas, como si por dentro de todos los negros norteamericanos hubiese, o tal vez haya, alguna antigua enzima africana dispuesta a digerir vorazmente cuanto encuentra en su camino en materia sonora".
Ciertamente, Thomson tiene toda la razón, pero no es solamente el negro norteamericano. También en Latinoamérica existe esa apetencia y digestión, esa enzima antigua de los negros pero aquí en nuestros países existieron, y continúan subterráneamente, otras influencias, especialmente las indígenas, con sus no bien conocidas melodías y tambores, -los más bellos que se hayan construido como el Hue Huetl-, y quizá con los más significativos ritmos que se unieron a los ritmos de lo que, para simplificar, llamamos, hispánico, pero que a su turno es producto de otras mezclas. La enzima de la que habla Thomson ha hecho que en Colombia exista hoy, todavía, música negra, producto de la adopción de los cantos religiosos que llegaron en nuestra época de la Colonia.
