LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

 

Luis Antonio Escobar

EL SOMETIMIENTO Y SUS TÉCNICAS

Ahora o recientemente se utilizaba la frase, “lavado de cerebro”, para indicar el cambio forzado que se le hacía a un sometido o esclavo moderno. Este método, desde luego, es apenas una de las cien maneras de subyugar totalmente a un individuo. Pero también ha existido toda una gama de sometimiento colectivo, y en este caso, los hallazgos de los españoles, franceses, ingleses y demás colonizadores del siglo XVI nos dejan perplejos. Nadie, todavía hoy, puede desconocer el influjo del lavado de cerebro colectivo al trocar totalmente los conceptos. Por ejemplo, la palabra Indio rápidamente adquirió el significado de “hombre bruto, torpe, lento en el discurrir, innoble, etc,.” Tal fue la fuerza de cambio que, como acabo de decirlo, aún uno de los mayores insultos en algunas regiones latinoamericanas es el típico o corriente “indio bruto”. Ha quedado, pues, por siglos el estigma, no sólo de la esclavitud, sino las marcas con huellas tan profundas que aún no se cierran. Es uno de los signos de nuestra lenta recuperación, huella que deberá terminar solamente cuando se analice y se presente nuestra historia de manera objetiva, es decir, cuando se vuelvan a reafirmar las virtudes naturales de nuestros indígenas y de nuestros negros, del pueblo latinoamericano.      

Las repercusiones fueron totales. Por ejemplo, la negación total de que tanto el indio como el negro tuvieran religiones con tradiciones y vigencias importantes. Aún hoy no se respetan sus creencias y se pelean bravamente los misioneros la supremacía para poder “evangelizar”, “salvar”, a los indígenas minimizando hasta el extremo sus tradiciones y religiones tan importantes y respetables como el mismo cristianismo o sus variantes o de cualquiera otra religión conocida. Fue pues, el lavado total, que naturalmente no se reducía al indígena. En el libro “Africa en América Latina” que ya he citado, Juana Elbeun Dos Santos y Deoscoredes M. Dos Santos, en la parte V. Religión y cultura negra, pág. 104 dice: “Desde brujería, magia, sistema de supersticiones, fetichismo, animismo, sincretismo, hasta las más pulcras clasificaciones de cultos afroamericanos, toda la amplia gama de designaciones -que retrata simultáneamente el cuadro del relacionamiento intercultural-, lleva implícito negar el carácter de religión al sistema místico legado por los africanos y reelaborado por sus descendientes”. Es un sistema común, apabullar al “enemigo”, “al indio bruto”, al “negro primitivo”, colocarlo en inferioridad de capacidades para así sujetarlo y explotarlo. Se podría alcanzar a comprender que los explotadores europeos de los siglos XV, XVI y XVII, usaran toda clase de argucias para esclavizar, pero lo que a mí me parecerá siempre incomprensible, es que en nuestros días continúe el esclavismo o la sujeción de los grupos indígenas y negros hacia cualquier tendencia religiosa y política, que se persista en insinuar que efectivamente el negro y el indígena son seres genéticamente atrasados. Lo cual indica que muchos gobiernos latinoamericanos no han encarado el problema de la búsqueda de un verdadero patrimonio cultural que ennoblezca a todas sus gentes. La afirmación de nuestra valía no se logrará mientras desconozcamos nuestro folclor, nuestra música, mientras no sepamos interpretar sus tradiciones, sus danzas. Sería exactamente igual si alguien principiara a valorar el cristianismo por algún pasaje bíblico, por ejemplo, el acto de Abraham sacrificando a su hijo por obediencia a Dios... sin saberlo situar histórica, ni simbólicamente. Falta pues la comprensión, el estudio sereno de sus valores y sus faltas, de sus virtudes y vicios, es decir, el análisis objetivo que seguramente acabará con el “lavado de cerebro”.

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