LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
El desnivel entre la cantidad de hombres y mujeres tuvo consecuencias muy importantes, que todavía repercuten en la vida sexual, en cuanto a posibles cambios o nuevas costumbres. Este tema, tan delicado y profundo, pues llega a las raíces del hombre, debe quedar para el estudio de verdaderos sabios, mentes desligadas de toda clase de prejuicios. Sin embargo, es algo muy tocante con la música, con la creación, con la danza y por lo mismo no quiero apoyarme en el silencio, no por comodidad ni por prudencia. De manera espontánea me atrevo a expresar la idea de que la música negra se basa muy poco, muchísimo menos que en el blanco, en los afanes sexuales, a pesar de que exista la idea contraria. Además, se me ocurre que en cuanto el sexo es tema de danza o de música, el negro, como el indígena, es directo, pues no tiene el complejo de culpa del cristiano, y mucho menos, el odio o desdeño hacia el propio cuerpo. Me aventuro a decir que precisamente por estas actitudes tan claras, podríamos decir, primitivas, ellos, los negros y los indígenas, no gastan sus energías para expresar frustraciones, pues no las tienen. Son expresiones alegres, directas, músicas que no conllevan desesperos sexuales, músicas que representan a núcleos, que como en las costas colombianas, me refiero netamente a los negros y a los indígenas, tampoco están devorados por las pasiones o ambiciones exageradas de poseer o de la autoridad. Por lo anterior bien se podría decir, que en estos grupos es menor el porcentaje de crímenes y de desequilibrios mentales.
"La norma esclavista, hasta principios del siglo XIX, fue importar un bajo porcentaje de mujeres. Las estadísticas inglesas (las más completas de la esclavitud) reflejan una composición porcentual de sexos del 72% de varones contra 28% de hembras".
Hay que agregar que en algunos casos el porcentaje fue inferior, es decir, menos mujeres. Por ejemplo, para los años 1746 a 1790, en Cuba, aparece 90.38% de varones contra 9.62% de hembras. Este dato hace suponer el violento cambio sexual, comportamiento que seguramente tuvo que producir, como dice el mismo Manuel Fraginals, desviaciones hacia la masturbación y sodomía.
A partir de estas nuevas condiciones, la música, el baile, la danza, los cuentos y juegos, tuvieron que adaptarse a las nuevas necesidades sexuales, la obsesión y hasta la desesperación. Bien hubieran podido surgir, entonces, los éxtasis o búsquedas de culminaciones sexuales, como desespero o necesidad en un momento en que no era posible conseguir la normal compañía de la mujer. "Pero el equilibrio fue lo excepcional. La esclavitud distorsionó la vida sexual del esclavo, y los racistas justificaron estas distorsiones inventando el mito de la sexualidad sádica del negro, la inmoralidad de la negra y la lujuria de la mulata".
Obviamente las costumbres sexuales cambiaron debido a las aberraciones de los esclavistas. "Se vende una negra, con su cría o sin ella". Ese era el clasificado de aquel tiempo. Para los esclavistas no existía el sentido de la maternidad, que el niño de pecho viviera o muriera. La mujer no alcanzaba a tener significado ni siquiera como hembra o mujer. Era el ser despreciado, que no producía. Naturalmente no podía existir el sentido del hogar o la familia. Los cientos de negros que trabajaban en las plantaciones o en las minas, no tenían cómo satisfacer sus normales apetencias sexuales, y menos, cómo organizar una familia. "Esta situación de hecho conformó los patrones de comportamiento sexual de las comunidades campesinas descendientes de esclavos. La inestabilidad, la fugacidad de las uniones basadas en relaciones sexuales, fue una constante de las plantaciones que quedó de herencia esclavista a las sociedades antillanas, como una gran fuerza desintegradora. En muchas islas del Caribe, y en los grupos campesinos descendientes de esclavos, se mantienen aún situaciones masivas de poligamia sucesiva y simultánea, donde tanto los hombres como las mujeres cambian frecuentemente de pareja o tienen más de un cónyuge".
Pero en relación con lo anterior, nuevamente haría notar que en la música negra actual, no aparece ningún síntoma de desespero o desequilibrio sexual. Todo lo contrario. Reafirmo que es música proveniente del goce de poder expresarse con el cuerpo, sin timideces, sin malicias, sin complejos, que precisamente se diferencia de la música del blanco o del cristiano por ciertas esencias de comportamiento sexual. Con lo cual deseo negar la influencia negativa que hubiera podido tener el comportamiento sexual del negro, obligado por los esclavistas a variar su bellísimo sentido natural, sobre la música, al menos en las expresiones vigentes. Esto no quiere decir que determinadas danzas rituales no estuvieran ligadas al sexo, o que el sentido sexual no sea determinante en sus manifestaciones musicales. Es cierta la actitud del negro, espontánea, natural, noble, y hasta primitiva hacia el sexo. La perversidad, la obsesión, el desespero, no es lo normal, y quizá, ni siquiera, la excepción. La danza, la música, el arte para el negro es, más que todo, el reflejo de su pureza, de su alegría, de un natural comportamiento.
Igualmente interesante es la teoría de Manuel Moreno Fraginals cuando nos dice a los no entendidos: "Como reacción ante el estatus esclavo, la mujer negra esclava se autoimpuso un rígido control de la natalidad reviviendo y generando prácticas malthusianas y abortivas. Al contrario de lo supuesto vulgarmente, estas prácticas han sido una constante cultural de ciertas épocas críticas, e integran parte de los módulos culturales de los pueblos conceptuados como "primitivos". Todavía hoy el saber pragmático en materia de control de la natalidad en ciertas etnias del Congo asombra a los ginecólogos modernos. Las pócimas preparadas con el fruto y hojas de la papaya (Carica papaya) fueron tan usadas en la zona esclavista del occidente de Cuba, que el término "papaya" se tomó sinónimo de vulva. La persistencia de estas prácticas produjo innumerables enfermedades uterinas, y los inventarios de las plantaciones cubanas muestran, a veces, más del 25% de las mujeres con útero caído".
Las anotaciones anteriores se refieren principalmente a los grupos de esclavos negros de Brasil y Cuba, pero no creo exagerar al decir que los esclavos negros de Colombia, también sufrieron todas estas miserias y transformaciones que debieron influir en sus músicas. Por lo pronto, no existen estudios, que yo sepa, sobre estos y otros problemas de los negros en Colombia.
