LOS VILLANCICOS

 

 

El espíritu de las melodías ambrosianas, directas, descarnadas, también se impregnó en la noble piedra cartagenera. (Fotografía Hernán Díaz)


Una de las formas musicales con características similares en Latinoamérica, es el Villancico. Indudablemente fue en España, lo que hoy se podría llamar, el "hit musical". Se trataba de una forma musical muy popular que se había desarrollado desde el siglo XIII aproximadamente. Con el Villancico se trataban todos los temas habidos y por haber, desde lo picaresco fino, hasta lo picaresco casi vulgar -y ya sabemos cómo es el español-, desde lo elemental religioso hasta lo profundamente ascético; desde los temas de vaquerías hasta el tema del dolor y vigilia amorosa. Todos los temas se cantaban con esta forma. Pero precisamente a comienzos del siglo XVII temprano Barroco, pasó a tener en el Nuevo Mundo carácter netamente religioso, pues los sacerdotes se apropiaron del Villancico como arma muy fina para atraer y convertir a indígenas y negros a la fe católica. En España era una forma musical rítmica y polifónica, o sea, cantada a varias voces o con varias melodías simultáneas. En América se vuelve una forma musical esencialmente melódica, si exceptuamos las obras de los grandes compositores de la Colonia, en general maestros de capilla de las catedrales de los principales centros religiosos. También fueron excepción ciertos Villancicos negros a los que me referiré más adelante. Los Villancicos debieron escucharse en primer lugar, en Cartagena, sitio obligatorio para todo evangelizador o conquistador. Pero como por arte de magia, magia negra, naturalmente, toda la Costa del Pacífico Colombiano, se inundó con Villancicos hermosísimos que perduran hasta nuestros días, cantados por negros y negras, con ritmos y hasta con engendros raros pues de pronto también los tocan en violín, acompañados con los tradicionales tambores. Hoy se siguen cantando como la forma folclórica más viva y popular. En Cartagena de Indias, muy curiosamente, no ha quedado ningún rastro de estos villancicos, pues en esa ciudad siempre imperó la cultura de una élite blanca, que constantemente adoptaba diferentes expresiones. El bolero, la conga, la rumba, formas que estuvieron vigentes en Cartagena, cedieron y dieron paso a otras actuales". Sin embargo, los villancicos de los negros de la Costa del Pacífico de Colombia, han persistido hasta nuestros días como su propia expresión, como algo que verdaderamente danzan, cantan y sienten para expresarse y no como producto de las modas que en el siglo XX llegan por la radio y la televisión del estado, como si se tratara de las modas en las prendas femeninas, que suben o bajan de acuerdo al capricho de los modistos internacionales de turno. Hay aquí algo ejemplar en la música de los negros, algo que es auténtico y que ha perdurado por siglos aún contra los caprichos de la radiodifusión y la televisión. Claro está, la lucha es desigual y pronto tendremos algo muy triste y es la pérdida de las expresiones reales de esta gente negra, a no ser que ellos logren transformar lo que les imponen, para dar o conseguir nuevas expresiones propias.

Naturalmente, aquí no se trata de describir las cualidades del villancico transformado por el negro colombiano, la implicación de los nuevos movimientos y mezclas rítmicas, los cambios de letras y variaciones melódicas, el goce de las superposiciones melódicas y especialmente su verdadera alegría, el bello gozo de esta gente negra con sus músicas. Yo he tenido ocasión de hacer algunos arreglos corales, entre otros el conocido, "Vélo qué bonito" y el "Repiquen el bombo". También se les llaman bundes, villancicos o arrullos y naturalmente no se cantan solamente en Navidad.

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