LOS CORDOFONOS PULSADOS EN ESPAÑA (PERIODO 1492-1700)
A. Laúd, vihuela y guitarra hacia el año 1500
El año de 1492 es una fecha estelar para España. El 2 de enero, los Reyes Católicos toman posesión de la ciudad de Granada, último reducto del dominio árabe en la península. El 12 de octubre, Colón descubre las Indias Occidentales y coloca el nuevo territorio bajo el mando de la corona de Fernando e Isabel. Simultáneamente con el período de florecimiento político y económico ocasionado por tan importantes sucesos, se presenta una vertiginosa evolución en las manifestaciones artísticas, como reflejo del renacimiento europeo. Es en la música donde el desarrollo español alcanza los más altos grados durante la primera mitad del siglo dieciséis, para abrir campos al esplendor literario que será llamado el ‘Siglo de Oro”.
El 14 de septiembre de 1502 arriban a territorio colombiano por primera vez los descubridores españoles. Conviene, por tanto, detenerse en el examen de los tres principales instrumentos de cuerda pulsada existentes al iniciarse el siglo de las conquistas. Del laúd, la vihuela y la guitarra se derivan, sin género de duda, todos los demás que sirvieron al quehacer artístico en nuestro país.
1. El laúd
En un inventario que ordenó la reina Isabel de todos los objetos guardados en el Real Alcázar de Segovia, en noviembre de 1503, el año anterior a su muerte, se enumeran los siguientes instrumentos: un ducemel, un arpa, tres chirimías, una flauta de boj, seis laudes de diversas especificaciones, dos vihuelas de arco viejas, muy deterioradas, dos clavicímbanos, unos órganos de hojas de flandes con fuelles y dos flautas más (21).
Los laúdes detallados son todos de “costillas grandes. De uno de ellos se dice que tiene cinco órdenes de cuerdas; de otro, que tiene las clavijas de hueso blanco y el cuello labrado de ataraceas. Por estas descripciones se sabe que son ejemplares del tipo de laúd que había llegado a España en manos de los invasores árabes a comienzos del siglo octavo. A éste, de cuatro órdenes, le había sido aumentado un quinto orden por Ziryab, en el siglo noveno, y fue el modelo implantado en la escuela de música del califato de Córdoba, primera escuela de este tipo e importancia en Europa occidental (146, p. 14).
Acerca de este instrumento existe bastante documentación. Figura en una lista escrita por el sevillano Al-Shagandi hacia 1231 (106, p. 35). Aparece en la iconografía de las Cantigas de Alfonso X el Sabio (ca. 1283). Es el “corpudo alaut” de que habla el Arcipreste de Hita en 1389. Se muestra en muchas pinturas de la época y es tal vez el instrumento que sufre el menor número de modificaciones externas. Siempre aparece con tapa de forma ovalada, fondo abombado (de costillas), con la cabeza o clavijero formando un ángulo abierto respecto al mástil o cuello. Hacia finales del siglo quince, su encordado está compuesto por una cuerda simple en la prima, llamada chanterella y cuatro o cinco pares en los restantes órdenes.
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El Laúd en el siglo XVI. Detalle de un cuadro de Fernando Gallego. |
2. La vihuela
El príncipe don Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, recibió desde su infancia la esmerada educación musical acostumbrada en las casas reales desde los tiempos de Enrique IV de Castilla. Una crónica de los Oficios de Cámara del príncipe en 1490 relaciona los instrumentos allí utilizados:
Un clauiorgano e organos e clauicinbanos e clauicordio e
vihuelas de mano e vihuelas de arco e flautas: e en
todos esos instrumentos sabia poner las manos ... Tenía
músicos de tamborinos e ducaynas e de arpa e un rrabelico
muy precioso ... muy gentiles ministriles, altos de
sacabuches e cheremías e cornetas e trompetas bastardas
e cinco o seys pares de atabales (71, p. 182).
No es extraño que entre las fanfarrias militares de trompetas, chirimías y tambores, figurasen instrumentos de música de cámara y, entre éstos, las vihuelas de arco y de mano. Ya fueron encontradas en la relación del Alcázar de Segovia. Además, por otras fuentes se sabe que las vihuelas gozaban de gran predilección en la corte. Prueba de ello, los altos sueldos con que eran remunerados los cuatro “tañedores de vihuela” que servían como ministriles en la corte de la reina Isabel en 1495 (12, p. 68).
Algunos autores han intentado trazar la historia de la vihuela remontándose hasta los albores de la civilización en Oriente, Egipto y Grecia. Aunque todavía se discuten tan lejanos ancestros, lo cierto parece ser que los antecedentes próximos se encuentran en las violas y guitterns medievales de origen latino. A finales del siglo quince, las vihuelas eran instrumentos en forma de ocho alargado, de fondo plano y mástil recto, con el clavijero en ángulo nulo o muy pequeño respecto al mástil. El número de cuerdas variaba entre diez y catorce, según que tuvieran 5, 6 ó 7 órdenes o pares. Estos órdenes se afinaban al unísono, o con una de las cuerdas a una Octava más baja que su compañera. Se distinguían tres tipos de vihuela:
a) De arco. Como su nombre lo indica requerían para su ejecución de un arco de crin de caballo. Estas evolucionaron hacia la viola de gamba y dieron origen al violoncello actual.
b) De péñola. Se tocaban con pluma o plectro. Estas, en simbiosis con las mandoras, fueron los antecedentes inmediatos de las bandurrias y mandolinas.
c) De mano. Se tocaban punteando las cuerdas con las yemas de los dedos. Son las que ofrecen mayor interés para este estudio, por lo cual en lo sucesivo, al hablar de vihuelas solamente se tendrá en cuenta este tipo.
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La historia de los instrumentos de cuerda se remonta a los albores de la civilización, |
El nombre de vihuela, según opinión generalizada, procede de las palabras latinas fides y flducula, “cuerda’. A través del latín medieval, estos sustantivos van transformándose en fídula , vitula, citola, vigola y finalmente vigüela y vihuela. (183, p. 220). Desde el siglo trece consta por escrito el nombre definitivo. En el texto anónimo Libro de Apolonio se lee: “A guisósse la duenya, flziéronla logar! tenpró bien la vihuella en un son natural”.
En la larga lista de instrumentos que aparece en el Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita (1389), figura la variedad de péñola; y en el siglo quince, Juan del Encina, en El triunfo del amor, vuelve a nombrarla. Estas, entre otras muchas referencias literarias.
En el poema Una coronación de Nuestra Señora, por el bachiller Fernán Ruíz, de finales del siglo quince, figura un instrumento mencionado como “quarta viuela”. En opinión de Daniel Devoto, podría entenderse como “cuarto de vihuela” o vihuela a la cuarta”, pues “estas denominaciones fraccionadas designan, en la casi totalidad de los casos, instrumentos más pequeños (y por ende más agudos) que el instrumento normal” (231, p.8).
En la escultura y la pintura existen representaciones interesantes. Uno de los ancianos músicos del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela, sostiene en sus manos un claro antecesor de la vihuela (1280). Y en el portal de entrada al palacio de los Condes de Montarco en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, un gracioso ministril esculpido en piedra hacia 1495, luce garbosamente su perilla, bigotes y frondosa cabellera, mientras toca un pequeño instrumento en el que resaltan seis trazos, indicativos de otros tantos órdenes.
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l zq. Arco superior del Pórtico de la Gloria, catedral de Santiago de Compostela, 24 ancianos músicos tañen instrumentos en boga durante el siglo XIII. Uno de ellos toca la cítola, antecesor de la vihuela. | |
3. La guitarra
En las dos listas de instrumentos de propiedad de la familia real que se han mencionado, no aparecen las guitarras. Pero de su existencia en la época considerada, da buena fe el poema religioso “Una coronación de Nuestra Señora fecha por el bachiller Fernán Ruiz de Sevilla”, que forma parte de un cancionero editado a finales del siglo quince. En uno de sus pasajes se lee:
Jugavan de arpa e de chernubela
guitarra, xabeva, de buen añafil
de tuca bombarda, de cuarta vihuela
de lira, de flauta, ducayna gentil (107, p. 299).
La guitarra de esos años, finales del siglo quince y principios del dieciséis, puede apreciarse en una imagen de madera tallada que se expone en el tesoro de la catedral de Avila. Se trata de un ángel que tañe un instrumento en forma de ocho alargado, con cuatro cuerdas perfectamente visibles, que bien pueden representar cuerdas simples o grupos de cuerdas. Existen además muchos otros grabados y cuadros que permiten observar la guitarra con toda nitidez.
Los cuatro grupos podían estar constituidos por cuerdas simples (4 cuerdas en total) o una cuerda en la prima y tres pares en los órdenes restantes, para un total de siete cuerdas, que era la disposición más corriente; o con cuatro pares de dos cuerdas. En las guitarras españolas, los diversos órdenes pareados se afinaban al unísono mientras en Inglaterra, Alemania y Francia, la segunda cuerda de cada par estaba doblada a la octava de su compañera (9, p. 837).
Diversos tratadistas han pretendido rastrear los orígenes de la guitarra hasta mucho antes de la era cristiana. Un autor alemán publicó en Berlín, en 1907, un libro titulado La guitarra desde el tercer milenio antes de Cristo (26). Pero para el propósito de este trabajo es suficiente con saber que hubo un instrumento medieval llamado cítola o cedra que dio origen a dos instrumentos principales: el cistro en Italia, y la guitarra en España.
La corte de Aragón, durante el reinado de Alfonso el Magnánino (1416-1458), vio florecer la guitarra en manos de trovadores occitanos y catalanes. Algunos de los nombres de esos trovadores quedaron registrados en las crónicas reales y uno de ellos, a quien apodaron Rodriguet de la Guitarra, tuvo luego destacada actuación en el implantamiento de los patrones culturales de la corte de Nápoles (180, p. 318).
El Libro de Buen Amor ha sido ya varias veces nombrado aquí, por una razón: constituye el catálogo más completo que se conoce hasta la fecha de los instrumentos en uso a finales del siglo catorce. La guitarra es mencionada allí de la siguiente manera:
Recíbenle los omnes e dueñas, con amores;
con muchos instrumentos: salen los atabores,
allí sale gritando la guitarra morisca,
de las bozes aguda e de los puntos arisca,
el corpudo alaut, que tien punto a la trisca;
la guitarra ladina con estos se aprisca (184, p. 338).
En esta lista, la guitarra morisca es la misma mandora; la guitarra ladina, o latina, es simplemente la guitarra. En el siglo catorce, el adjetivo latino significaba autóctono, o sea de una cultura con ascendiente romano, en contraposición con la cultura árabe que le dio el nombre a la guitarra. De esta manera, al decir guitarra latina, se quería indicar que era un instrumento árabe transformado dentro del suelo hispánico.
Se ha hecho notar la ausencia de las guitarras entre los instrumentos de la corte de los Reyes Católicos. Ello se debe, en primer lugar, a una posible ambigüedad en la nominación. El término “vihuela” cobijaba en sentido genérico una variedad de instrumentos entre los cuales se incluían las guitarras y aun los laúdes. Así pues, es factible que entre las vihuelas de mano inventariadas quedasen comprendidas una o varias guitarras.
En segundo término, a un posicionamiento social. No obstante la ambigüedad en la denominación, sí existían unas diferencias de orden estrictamente técnico entre los dos instrumentos, que no alcanzaban a influir en el lenguaje común. La vihuela tenía cinco o más órdenes de cuerdas, mientras por guitarra se entendía solamente la de cuatro órdenes, que, como es de suponer, era de un menor tamaño. Dicho de otra manera, toda guitarra era una vihuela, pero no toda vihuela era guitarra.
Ahora bien, la vihuela se tocaba punteando individualmente las cuerdas con las yemas de los dedos y para ello se requería de cierta destreza, muy difícil de adquirir sin profesores que solamente las altas clases sociales podían pagar. La guitarra, en cambio, se tocaba “rasgueada”, aprovechando unos acordes en posiciones fáciles para los dedos de la mano izquierda, mientras con la derecha se golpeaban simultáneamente todas las cuerdas (169, p.7).
De esta manera se facilitaba al pueblo llano la elaboración de su música, sin el refinamiento que exigía la música culta de los grandes palacios. Por eso el pueblo la adoptó como su instrumento favorito (19, p. 19).
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