EL TIMPLE CANARIO Y LA CHICHARRA BATTENTE

 

 

Dos instrumentos extraños a la organografía colombiana han sido recordados como posibles hontanares del tiple. Son ellos, el timple de las Islas Canarias y la chitarra battente italiana.    

 

A.    El timple canario  

Son admiración del mundo
el canto de los Canarios, 
el timple con la guitarra
y nuestros bailes de magos.

(Copla popular de Tenerife)

 

La conquista de las Islas Afortunadas o Canarias se inicia en 1402 por marinos normandos al servicio de Enrique II de Castilla. Pero la bravía resistencia de los guanches nativos sólo viene a quebrantarse en 1496, cuando el Adelantado Alvaro Fernández de Lugo entrega el territorio a la soberanía de los Reyes Católicos, con un estatus político del tipo de señoríos feudales. Finalmente, en tiempos de Carlos III, hacia 1770, quedan abolidos los señoríos y el archipiélago entra a formar parte del Estado español. Hoy las siete islas están agrupadas en dos provincias: Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. 

El proceso de conquista y transculturación de las tribus nativas de Canarias es contemporáneo y paralelo al sufrido por los indígenas americanos, como idéntico es el curso evolutivo de las expresiones folclóricas a ambos lados del Océano Atlántico. Los guanches, a la llegada de los españoles, no tienen más instrumentos musicales que los de percusión. Un cronista cuenta que “después de los bailes hacían zonzonetes con piedrezuelas y tiestos de barro” (85, p. 80). Hacia 1604, los instrumentos de acompañamiento son todavía “dos calabazas secas y algunas piedrecitas dentro conque tocan dulce son canario” (221, p. 109). 

A partir de la natural instrumentación percutiva y como resultado de la introducción de los elementos musicales procedentes de la península, esos “zonzonetes” primigenios van convirtiéndose poco a poco en una gama rica y variada de ritmos y canciones propios, hasta culminar en las malagueñas, tajarastes, isas y folías que identifican las Islas Canarias de manera tan particular, como las cuecas a Chile o los bambucos a Colombia. 

Eduardo López-Chávarri Andújar resume así los conceptos: 

Son inciertos en grado sumo los orígenes del arte en las
Islas Canarias. De la misteriosa y antigua raza “guanche”
no hay noticias concretas. Se ha creído que la poética 
languidez de ciertos cantos y danzas canarias fuese un 
sedimento del espíritu racial primitivo. Pero también está 
afianzada la opinión de que aquel carácter proceda de la 
musicalidad andaluza pura, sin mezclas gitanas, como hubieron 
de llevarla a las islas los andaluces y demás españoles que 
llegaron al archipiélago (109, p. 42). 

Sebastián de la Nuez Caballero elaboró el cuadro que se reproduce en seguida, donde clasifica, según su origen, los instrumentos que actualmente se usan en el archipiélago (139, p. 12). 

1. Instrumentos musicales del folklore de Canarias que pueden ser originales de ellas o de otros lugares no peninsulares: 

La guajira. El pito de agua. El bucio.
Las chácaras. La rasqueta. La huesera o el raspado. 

2. Instrumentos musicales que existen o existieron en la Península y que han tomado naturaleza especial en las Canarias: 

El contro o contra. El requinto. El tiple o timple. La
flauta, pito o chiflo. El tambor, tamboril, tafuriaste
o ginso. La pandereta o tajaraste. 

3. Instrumentos musicales corrientes en la Península que se han hecho populares en las Canarias: 

La guitarra. El laúd. La bandurria. 

La primera mención escrita que se conoce del tiple o timple, proviene de principios del siglo diecinueve. Domingo J. Navarro, al narrar las costumbres de los pobladores de Las Palmas de Gran Canaria, emite este juicio: 

Fuera de la esmerada solemnidad del culto dentro del precioso 
y alegre templo y de las infinitas promesas que se cumplían, 
no había que pedirle a la fiesta otra cosa que el continuo y 
desapacible sonido de las guitarras y tiples, el interminable 
bailoteo, los desacordes cantares, los alegres ajijides (136, p. 65-66). 

Respecto de las características y posible origen, Nuez Caballero comenta: 

El tiple es un guitarrillo, una bandurria pequeñita, 
una especie de vihuela de cinco cuerdas de tripa, 
que tiene voces muy agudas; esto lo confirma nuestro 
fabricante, que nos dice que hace los aros y el fondo 
de mora y el mástil o brazo y la tapa de madera de pino, 
el diapasón y el puente de ébano. ¿Cómo se originó este 
instrumento musical y cómo llegó a Canarias? Arriesgamos 
nuestra hipótesis a falta de otra mejor. Creo que al 
principio este instrumento no sería más que otra de las 
tantas formas de guitarras o guitarrillas, que servirían 
para acompañar las diversas voces en el conjunto de las 
melodías. Pero hacia el siglo XVIII, pues en Covarrubias 
no consta aún como instrumento (...) En este momento se 
verificaría el bautizo de aquel humilde guitarrillo que 
haría de “tiple” a veces, lo mismo que la bandurria. Así, 
sin duda, vendría de España, porque ni Portugal ni Italia
tienen la voz más que como voz de soprano o más aguda (139, p. 15). 

Ya se vio por el costumbrista Navarro, que en Canarias se usó primero la palabra tiple, que luego se convirtió en timple sin desaparecer por ello el vocablo original. En cuanto a ésta singularidad fonética, el mismo Nuez Caballero continúa: 

Habríamos pues, de suponer una asimilación primera de 
“Triple-tiple”. Esta palabra llegó así a Canarias, 
pero en nuestro Romancero existía ya el fenómeno de la 
creación de una nasal como refuerzo de una articulación 
difícil o por contagio de otra palabra semejante; 
son los casos de “figicare-ficar” que dio hincar, 
y de “alauda” alaudula, alaun (1) a, alondra, quizá 
por contagio con golondrina. Se pueden así aducir otros 
epéntesis de “n” en Romance español, pero la prueba 
más concluyente es que en Canarias este fenómeno 
está vivo en el pueblo, donde oímos de “encima”, encimba, 
de “asorado”, asorimbado (...) En el caso de Tiple-timple, 
podemos tener un posible contagio con “templar” 
las cuerdas (139, p. 16) 

Con estas largas citas del trabajo de Nuez Caballero se comprueba que el instrumento no es originario de las islas; que el nominativo que lo designa vino de España, probablemente en el siglo dieciocho y que la palabra ‘timple” es una adaptación canaria del nombre original. 

Manuel García Matos describe el instrumento como un pequeño guitarrillo de cuatro o cinco cuerdas, según las islas; que se tañe generalmente rasgueado y ocasionalmente al punteo. En este caso, puede “hacerse alarde de auténtico virtuosismo, como permiten apreciar las bellísimas folías al timple de Tenerife” (81, p. 22).  

 

Timple de Las Palmas de Gran Canaria. Longitud total, 61 centímetros. 
Se observan cinco cuerdas y solo siete trastes. Foto A. Mora.

 

Talio Noda Gómez aclara que cuando es de cuatro cuerdas como en Tenerife, los intervalos se afinan como las cuatro primeras cuerdas de la guitarra. El de cinco cuerdas, de Lanzarote y Fuerteventura, se llamó primero camellillo, debido a la fuerte influencia morisca a la cual se debe el fondo abombado. Dice también que hay lugares donde se le llama timplillo o contra (138, p. 12). 

El ejemplar que se tuvo a mano es construido n Las Palmas de Gran Canaria. Su tamaño es muy pequeño. Tiene una longitud total de 61 centímetros, repartidos así: caja de resonancia, 26 cms.; mástil, 20 cms.; cabeza o clavijero, 15 cms. El mástil tiene 5,5 cms. de ancho, igual al diámetro de la boca, cuenta con siete trastes. 

La tapa superior tiene la forma de un ocho alargado, con ancho máximo de 15 cms. y mínimo de 10 cms. De las incurvaciones laterales se desprenden las costillas que conforman el fondo abombado, tipo laúd. 

Las cinco cuerdas van sostenidas en otras tantas clavijas de madera. Son de tanza o nylon, con los siguientes calibres: prima y cuarta, No. 45; segunda y quinta, No. 50; tercera, No. 60. La afinación en orden descendente, es: Re, La, Mi, Do, Sol.

Para afinar el timple canario con el tiple colombiano, hay que sonar al unísono las primas del tiple con la tercera del canario. O lo que es igual, la primera del timple al aire, al unísono con las primas del tiple colombiano, pisadas en el décimo traste.  

Un Manual del timple, editado en Santa Cruz de Tenerife en 1971 por Gustavo Benítez Suárez, contiene algunas apreciaciones que cierran la descripción del instrumento: 

El timple tiene un hermano que es el ukelele, oriundo 
de Portugal y que luego se extendió a Oceanía y Hawai; 
hoy en día se le conoce también en Europa y América. 
Primeramente el timple se llamó camellillo,
precisamente por diferenciarse del anterior en la 
joroba típica, ya que el ukelele es plano por detrás 
y además tiene solamente cuatro cuerdas.
El camellillo se construyó primeramente en el Puerto 
de la Luz y luego pasó a Lanzarote, donde se le dio 
más importancia. Actualmente está repartido en todas 
las Islas en las que son fabricados por diferentes 
artesanos; los instrumentos mejor logrados salen de 
Las Palmas y Lanzarote. En la provincia de Gran Canaria 
se toca con las cinco cuerdas y en la de Tenerife le 
suelen suprimir la última cuerda dejándole solamente 
cuatro (24, p. 3). 

Con la extensa descripción anterior, quedan mostrados todos los elementos de juicio para entrar a considerar la posible influencia del timple en la formación del tiple colombiano. 

Ante todo hay que señalar la gran cantidad de puntos disímiles entre ambos instrumentos. Aparte de las diferencias en tamaño, pluralidad de las cuerdas y número de trastes, que sólo podrían indicar un grado de avance evolutivo, resaltan tres diferencias básicas que impiden suponer que uno se haya derivado del otro, no importa en cuál dirección:

La página 78 del método de F. Sarmiento, 1969, Tenerife, 
Gran Canaria, muestra acordes del timple de cinco cuerdas.

 

1. La tesitura o gama tonal. La primera cuerda del instrumento canario se afina a una tonalidad que está a un intervalo de Séptima (Mi-Re) por encima del colombiano. Esto significa que el canario tiene un sonido mucho más agudo. 

2. La afinación relativa. Con un intervalo de Tercera colocado entre las cuerdas tercera y cuarta, el canario conserva la misma afinación relativa que las vihuelas y laúdes de cinco órdenes existentes a mediados del siglo dieciséis. El tiple colombiano, a su turno, lleva el intervalo de Tercera entre las cuerdas segundas y terceras, con disposición idéntica a las guitarras de cuatro órdenes afinadas “a los nuevos”, de la misma época. 

3. El fondo convexo o abombado. Esta forma típica del timple, es también característica del laúd de origen árabe y todavía se halla presente en el laúd marroquí, a sólo 120 kilómetros de las Canarias. A ella se debe el nombre original de camellillo. En el tiple colombiano, el fondo siempre ha sido plano. 

Las dos últimas diferencias anotadas, podrían indicar una posible génesis del timple canario en el laúd de la época de los Reyes Católicos y no, como parece creer Nuez Caballero, en los “tiples” españoles de mediados del siglo dieciocho, pues como se sabe por el tratado de Minguet, dichos tiples tenían la afinación relativa de las guitarras, no de los laúdes. 

Hay que pensar entonces en una evolución paralela de los instrumentos canario y colombiano, sin dar demasiada importancia al hecho de que la primera mención del tiple como instrumento de cuerda haya aparecido en la Nueva Granada por lo menos medio siglo antes que en Canarias. Esto, en cuanto al timple de cinco cuerdas. 

Ahora bien, en cuanto al timple de cuatro cuerdas, mencionado como hermano del ukelele, podría perfectamente descender, como éste, del machete portugués, dada la cercanía geográfica. Sin embargo, las características del timple de cuatro cuerdas son en un todo semejantes a las del cuatro llanero. Esta circunstancia abre una perspectiva que nunca se ha contemplado detenidamente. Valdría la pena que se investigase en el archipiélago si la modalidad instrumental referida pudo haber sido llevada por nativos de Canarias que se vieron forzados a abandonar a Venezuela en 1813, a raíz de la “Guerra a muerte” decretada por Bolívar. Esta fecha coincide, extrañamente, con la primera mención del nombre de tiple en las Islas, como ya se ha visto. 

Así como no es defendible la tesis del origen canario del tiple colombiano, tampoco puede argumentarse que la voz tiple haya sido traída por ellos. Si Miguel Angel Martín, al exponer su creencia, se refiere a la voz humana de registro agudo, ya está demostrado que ese registro existía entre los indios. Si habla del vocablo tiple, ya se dieron pruebas de que la palabra se conocía en América y específicamente en la Nueva Granada desde los albores de la Conquista, mucho antes de ser utilizada en Canarias. 

Pero, para agotar las alternativas, puede estudiarse la factibilidad de que hubiese sido un nativo de Canarias quien usó por primera vez esa palabra en la Nueva Granada. La posibilidad estadística de esa eventualidad es muy remota. Peter Boyd-Bowman investigó los ancestros de las familias españolas que vinieron al continente americano en la primera mitad del siglo dieciséis. Los andaluces formaron el 40% de esa migración. Otro 10% provenía de las provincias de Cáceres, Badajoz y Salamanca. Luego, en orden de importancia numérica, Valladolid, Burgos, Toledo, Córdoba, Cádiz, Jaén, Vizcaya, Avila, Segovia, Madrid, Palencia, Zamora, Santander, Ciudad Real, Guadalajara, Guipuzcoa, Soria, León, Logroño, Alava, Asturias, Cuenca. Por último, con menos de un uno por ciento entre todos, y para todo el continente, los procedentes de Galicia, Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia, Baleares, Murcia, Canaria y Granada, en su orden (30, t. I, p. XII). Entre los primeros 5.481 colonizadores, sólo 8 eran canarios. 

Y aún esas escasas personas de origen canario que formaron fracción infinitesimal en la inmigración, de haber recordado su instrumento (y no está demostrado que existiese en 1550), lo hubieran denominado camellillo, nombre, por lo demás, totalmente desconocido en Colombia. 

No. Definitivamente, no. El tiple colombiano no tiene nada que ver con el canario.

 

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