En cuanto al encordado dice que se compone de las mismas cuerdas que ya han sido descritas por Suárez, pero aclara:
En cuanto al encordado dice que se compone de las mismas cuerdas que ya han sido descritas por Suárez, pero aclara:
La prima y la requinta de la cuarta deben ser iguales a las segundas de la bandola
(un instrumento más pequeño o propiamente llamado tiple requinto).
(...) Sólo de estas cuatro órdenes consta el tiple, conocido mucho tiempo ha.
Téngase presente que para encordarlo deben ponerse las requintas
debajo, o sea lo contrario de lo que hasta hoy se practica, a lo
cual se le ha notado un defecto insoportable, i es que por mui bien
templado que esté, nunca puede afinar lo suficiente, i su sonido es
mui áspero y chillón, no produciendo consiguientemente la dulzura,
porque las requintas dominan la octava baja de los bordones o
entorchados (56, p. 9).
El primer párrafo transcrito suministra la clave para entender todo el problema de identificación de los tiples y las bandolas durante la segunda mitad del siglo. Algunos investigadores han quedado perplejos ante las menciones que muchos de los escritores y costumbristas (como los enumerados al comienzo de esta sección), supuestamente entendidos en música, hacen del tiple como instrumento que lleva la melodía, o lo describen con encordadura de bandola, o simplemente lo llaman bandola. La razón es que tanto tiples como bandolas tienen para esa época la misma forma aguitarrada, el mismo número de cuerdas y de órdenes aunque con afinaciones distintas, como explica Viteri. A los más grandes se les dice tiple o bandolón; a los más pequeños, bandola o tiple requinto.
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Un baile de bambuco en El Bordo, Cauca, según plumilla de Sirouy, 1875. |
O sea que en 1868 se tiene noticia cierta en Colombia de la misma vandola derivada de la vihuela de péñola de la época de los Reyes Católicos, descrita en 1586 en el método de Amat, y que ha intrigado a los investigadores de la musicología española. Su presencia en época tan tardía nos obliga a aceptar que también forma parte de la gran familia de “vihuelas” que llegaron al Nuevo Mundo y permanecieron humildemente entre nosotros hasta la era republicana.
La forma aguitarrada de esas bandolas existe también en las “vihuelas bravas” antioqueñas lo cual demuestra, una vez más, que en esa región del país se conservaron intactos los nombres más antiguos de la organografía. En el Valle del Cauca la bandola tiene forma aperada (de pera), como puede observarse en el dibujo Ñapangas jóvenes, de A. de Neuville (1869) (6, p. 57). Y como bandolas y tiples son diferentes en este último departamento, se comprende la queja del escritor vallecaucano Leonardo Tascón cuando afirma:
Los de aquí han ido a la capital de la
república a disipar el dinero y a adquirir
vicios, han hecho la mala obra de enseñar
a nuestros coterráneos el disparate de
llamar tiple a la bandola y bandola al tiple (208, p. 43)
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Músico de El Bordo, Cauca, dibujado por Sirouy, 1875, El tiple de forma aperada se tañe con la mano abierta. Biblioteca L. A. Arango, Bogotá. |
Pero no tenía Tascón por que preocuparse. Muy rápidamente volvieron las cosas a su punto.
La manera más fácil de entender la complicación aparente entre tiple y bandola, que ha desconcertado a tantos investigadores, es mirar con detenimiento la figura que acompaña el método para bandola publicado por D’Alemán en 1885 (57). A la izquierda, un tiplecito pequeño, que es la bandola; su ejecutante está provisto de un plectro, para puntear. A la derecha, el tiple propiamente dicho, de mayor tamaño, y cuyo ejecutante abre la mano derecha en posición de rasgueo.
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La bandola y el tiple en Bogotá, 1885, como aparecen en el método para bandola de D’Alemán. A la izquierda, la bandola de forma aguitarrada tañida con plectro. A la derecha, el tiple, ejecutado por rasgueo. Biblioteca Nacional, Bogotá |
Es interesante la explicación del rasgueo por D’Alemán:
El rasgado se hace en acordes, produciendo en ellos ritmos
caprichosísimos según el aire que venga al caso;
el torbellino, por ejemplo, es uno de los aires más comunes,
pero su monotonía en el ritmo del rasgado lo embellece.
Así el del bambuco, que es aristocrático, y otros aires más serios.
El rasgado, pues, lo hace la mano derecha en las cuatro
cuerdas, que por otra parte la izquierda va modulando
los acordes y variando rápidamente el posturaje o el acorde
a que haya de pasar. Se produce el rasgado con los cuatro
dedos, por el lado de las uñas, con rapidez y suavidad,
bajando la mano, atendiendo que los dedos bajen uniformes,
uno tras otro, y para subir se hace únicamente con el
pulgar, también por el lado de la uña, suavemente y aprisa,
de modo que suenen todas las cuerdas casi instantáneamente.
La posición de la mano derecha debe ir un poco sesgada sobre
las cuerdas, encima de la boca, arqueados los dedos igualmente,
y el pulgar tocando la punta con la del índice, de modo que queda
la mano como si hubiera de tener un rollo de papel cogido en su volumen.
En este instrumento, aunque el rasgado es tan bonito en sus
acompañamientos para los aires mencionados ya, u otros aires
que entusiasman mucho, como los bundes campestres, es mucho
más laudable y delicioso cuando es punteado, que ya variando
en arpegios, ya en acordes, ya en modulaciones varias, adornadas
por el ritmo monótono de los bordones y acompasadas por bellísimos
acompañamientos por medio de la cejuela, como pudiera tocarse
en la guitarra; pues es claro, la guitarra, bandolón tiple y el tiple requinto,
son instrumentos de ejecución como sucede en la familia, digámoslo así,
del violín; hay el contrabajo o bajón, violoncelo, viola y violín (56, p. 40).
Una segunda edición del Nuevo sistema de D’Alemán ve la luz en 1895, corregida y aumentada. Incluye gráficos muy bien diseñados, para todas las posiciones de acordes, escalas en dúos a dos cuerdas y otras novedades pedagógicas, pero sin modificaciones en las características instrumentales. Este método no requeriría sino la actualización en cuanto al número de cuerdas, para ser utilizado de manera conveniente y provechosa en nuestros días, ya que es más completo y mejor orientado que algunos de los tratados modernos que hoy circulan.
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Una página del método para tiple de D’Alemán, edición 1895, enseña el punteo de escalas a dúo, |
Más o menos por estas calendas se empieza a hablar de los tiples cundinamarqueses llevados a Antioquia. Antonio José Restrepo refiere que hacia 1887 regresó a su pueblo natal y fue obsequiado con una serenata: “Me salieron con canciones de las que cantan los blancos” con guitarras españolas, acompañándose mis felibres de aquel día con tiples guadueros, encordados con alambres extranjeros” (175, p. 64). Se sorprende Nito de que ya no retumben las antiguas vihuelas barrigonas de cuatro cuerdas de tripa y, que en su lugar, se usen tiples traídos de Guaduas con cuerdas metálicas.
Esta modalidad de tiple había sido llevada a Antioquia durante la guerra de 1860-64, por las fuerzas de Mosquera (91, p. 176). Según crónicas citadas por Hernán Restrepo Duque, el primero que se fabricó en Medellín (1880), lo hizo el Cojo Raimundo Arango por encargo de don Viviano Arenas, quien a su turno lo regaló a Germán Benítez (176, p. 85). De suerte que cuando figura el tiple en escritos anteriores a estas fechas, debe entenderse que se trata del castizo guitarrillo de cinco órdenes, desaparecido con la llegada de las guitarras de seis cuerdas, tal como Nito nos enseña.
Pedro Morales Pino, nacido en Cartago en 1863, recibe de don José María Hoyos sus primeras lecciones de tiple a los siete años de edad. En 1877 viaja a Bogotá a perfeccionar su educación en las artes musicales y plásticas. Aunque es gran dibujante, la música lo envuelve definitivamente para convertirlo en su pionero, profeta y apóstol. En 1884, una velada lírica lo consagra como ejecutante de bandola. En 1899 organiza y dirige la agrupación que, con el nombre de “Lira Colombiana, emprende viaje al exterior (129).
Una fotografía tomada a la “Lira Colombiana” en Nueva York, a principios de 1901, muestra los instrumentos llevados desde Bogotá. Se trata del mejor documento para ilustrar la forma como terminan el siglo diecinueve los estados evolutivos de la bandola y el tiple.
Las bandolas que portan Morales Pino, Blas Forero y Carlos Wodsworthy, tienen la forma de pera que había sido tradicional en el Valle. A los cinco órdenes de Diego Fallon, se ha añadido un sexto orden en Fa#, con lo cual ha quedado reinventada, por así decirlo, la bandurria española. Y, cosa curiosa, de no haberse adoptado la forma aperada vallecaucana, sino la forma aguitarrada bogotana, la bandola sería hoy un instrumento idéntico a la octavina de las islas Filipinas. Así de extraña es la organografía.
El tiple del Ciego Carlos Escamilla tiene un largo mástil, ocho clavijas de “palo” para otras tantas cuerdas, arregladas seguramente en la forma prescrita por D’Alemán, con los bordones encima de las requintas para que no suene “muy áspero y chillón”. En este momento puede hablarse ya con propiedad del tiple colombiano, pues se ha liberado de todas las ataduras que lo afiliaban a la guitarra y a la bandola.
Pero volvamos a la bandola bogotana de cuatro órdenes, anterior a Fallon y Morales Pino, y sobre la cual se habló extensamente en el método de D’Alemán. Posiblemente (y aquí entramos por primera vez en el campo de la especulación), continuó creciendo mientras veía crecer a sus congéneres primero a cinco, luego a seis órdenes y se modificaba la forma ancestral. Esta bandola, con la forma de un tiplecito de cuello larguísimo, requerido para el punteo de los torbellinos de la usanza, no sería de extrañar que muy pronto modificara su afinación tradicional de violín para asemejarla a la del tiple, su compañero de andanzas de muchas décadas y que, en gracia de los nuevos tiempos, había adquirido nueva configuración. ¿Sería esa la manera como se originó el requinto, tan ampliamente usado hoy en día en Santander, Boyacá y el Tolima Grande? No tendría nada de raro. Por eso se plantea la hipótesis, como un tímido esbozo de algo que exige una posterior confirmación por parte de los estudiosos.
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La “Lira Colombiana en 1901. De pie, Gregorio Silva, Pedro Morales Pino y Blas Forero. Sentados, Carlos Escamilla y Carlos Wodsworthy. El tiple de Escamilla tiene ocho cuerdas; las bandolas tienen ya los seis órdenes de cuerdas y la forma de pera. Foto cortesía de H. Restrepo D. |





