CANTOS DE LA CIGARRA
JORGE ELIÉCER TRIVIÑO RINCÓN
LA VACA Y LA HIERBA
Al sentir una planta
la caricia tibia y fresca
de una vaca lamiéndole,
le dijo contrita:
-Por favor,
no me comas.
Déjame feliz sentir las caricias
de la brisa y el viento,
y percibir el leve susurro
del agua corriendo
alegre y festiva
por finas laderas
de los altos cerros.
Déjame oír
el bello murmurio
de las hojas secas
al caer desde lo alto
de árboles luengos.
Déjame extasiar
en cantos y trinos
que emiten las aves
al orto y al ocaso.
Déjame sentir
el vital aliento
que fecundo brota
del centro mismo
de todas las cosas.
-Ignoras, pequeña,
las leyes eternas.
-le dijo la vaca
Los molinos divinos
son lentos,es cierto,
pero bien muelen.
Es necesario
que muera
tu leve consciencia
en mi lento cuerpo,
para así cumplir
la ley del ETERNO.
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