
Papá, estoy cansado, -interrumpió Uba-, ¿me dejas recostar en tu espalda?
-Bueno, pero no te duermas, que ya casi llegamos a donde vive tu amiga Chima. ¿O no te importa? -Y sonrió, mientras volvía a su relato:
"Entonces salieron de un hueco los primeros hombres y con sus ombligos se formó una gran serpiente. Al verla, sintieron hambre y llamaron al águila para que les ayudara a cazarla. Con el estómago hicieron el manguaré. El resto se lo repartieron y cada uno recibió su parte en la hoja de una planta distinta; de allí salieron los nombres de las tribus".

"A la nuestra le tocó la palma de canangucho, por eso tu nombre verdadero es "gota de rocío sobre canangucho", pero nadie debe llamarte así, porque es sagrado, Por eso, todos te decimos Uba, que es tu apodo.

Al regreso, Uba y su papá van por la noche a la maloca; y se sientan con los hombres de la tribu, en el lugar sagrado: el mambeadero, a preparar la coca; allí el abuelo cuenta esta historia:
"Hace mucho tiempo, después de la gran inundación, Buinaima -el único sobreviviente -quiso ser sabio y buscó entre las plantas una que lo aconsejara; tostó varias hojas de cacao, ñame, yuca, sin encontrar lo que quería.
