LA
NOCHE
DE UN
DIA
MUY
LARGO


Margarita Reyes

 

Atemorizados, se levantaron y corrieron a la cueva. Al cabo de unos minutos, la oscuridad los rodeaba. La luz de la fogata era su única compañía. El temor era mayor, pues sabían de la existencia de huecos y pozos de aguas profundos: cualquier paso en falso podría ser muy peligroso.

El ruido que había interrumpido sus sueños, provocado por el eco de los truenos en la cueva, disminuía. Ahora sólo escuchaban el correr y la caída del agua distante. Eso los tranquilizaba, pero les quedaría difícil conciliar de nuevo el sueño. La niña, a pesar del temor que le producía la oscuridad, trataba de darle ánimo a su primo:





- Sólo tendremos que esperar que amanezca. Seguiremos la corriente de agua que atraviesa la cueva, ella nos sacará de este lugar.

Butaregua no alcanzó a contestar a su prima, cuando de pronto una voz fuerte y lenta invadió el lugar:

- Admirable tu valor y optimismo niña, pero no es tan fácil salir como tu piensas!

Los niños quedaron inmóviles y sin habla ante aquella voz, que aunque inesperada sonaba protectora.

Después de unos minutos de silencio la voz inundó de nuevo el lugar.

- Por qué callan?, acaso no reconocen mi voz?

- Eres tú? El consejero de nuestro gran protector y jefe Guanentá? preguntó nervioso el muchacho.

Irapire, que no salía de su asombro, interrumpió:

- Pero tú no puedes ver? qué haces en este lugar?

El niño intentó callar a su prima, pero el anciano soltó una suave risa al tiempo que decía:

- Eso es verdad, pequeña, yo no puedo ver con mis ojos pero puedo ver a través de los sonidos y aromas que hay en la naturaleza y en las personas. Esto me da ventaja sobre ustedes para moverme con mejor suerte en sitios de total oscuridad. Irapire, que no salía de su asombro, no lograba explicarse qué hacía él en un lugar tan apartado y solitario. Antes de que ella alcanzara a preguntar, el anciano exclamó:

- Mi presencia no es extraña, pues aquí descansan los cuerpos de mis antecesores y yo vengo a reencontrarme con ellos en busca de ayuda y consejo para nuestros pueblos. Pero ustedes no pueden estar aquí, a esté lugar entran únicamente consejeros y poseedores de conocimiento, y es el sitio de meditación y sacrificio de los dioses. Ahora es necesario que regresen a la aldea, a nuestra gente le esperan tiempos muy duros y todos tendremos que ayudar para salir de esta difícil situación.

Los niños prefirieron callar, aunque no entendían por qué hablaba de esta manera. El se les acercó y les pidió que lo siguieran. Después deun rato de camino, alcanzaron a ver una luz muy tenue, eran los primeros rayos del amanecer.


 

CUARTA PÁGINA

 

 

 

 

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