Trabajar el oro era una de las artes más importantes. Mi papá decía que los mejores orfebres eran los Guatavita.

Como no había mucho oro en nuestras tierras, la mayoría se traía del Tolima, donde vivían los Panches, en los valles del río Magdalena. Además, se mezclaba el oro con cobre, que sí teníamos. Esa mezcla, llamada tumbaga, se podía derretir mucho más fácilmente que el oro puro.

Usaban matrices o piedras con figuras talladas que servías de moldes para fundir muchas piezas idénticas y formas collares. Con tumbaga se fabricaban joyas para los caciques o los usaques y muchos tunjos que todos ofrecíamos a los dioses en templos santuarios, sobre las peñas y en las lagunas.


Nuestro más famoso héroe fue el sabio Bochica. A mis antepasados les enseñó
a tejer mantas y a pintarlas, a ser buenos y a respetar las leyes. Les hablaba sobre la vida del alma. Un día desapareció por donde sale el sol, dejando la huella de su pie marcada en una inmensa roca. Años después, hubo una terrible inundación que destruyó pueblos y mató mucha gente. Los Muiscas imploraron a Bochica y éste apareció sobre el arco iris.

Con su cetro de oro, golpeó las rocas partiéndolas en medio de un gran estruendo. El agua, que formaba ya un lago en la sabana, salió violentamente formando una gigantesca cascada de espuma blanca. Así Bochica creó el Salto de Tequendama. ¿Cuál fue el culpable de tan destructora inundación? ¿Huitaca, la hermosa y malvada mujer o el dios Chibchacum, protector de los agricultores? Bochica los castigó a ambos. A ella, la convirtió en lechuza y a él lo obligó a cargar la tierra sobre sus hombros.
Por eso, cada vez que se cansa y la cambia de hombro hay temblores.


 

Comentarios () | Comente | Comparta c