Por angostos caminos los comerciantes cruzaban las montañas cargando a la espalda panes de sal, bultos de ollas, mantas y alimentos. En las fronteras encontraban tribus vecinas y cambiaban sus productos por oro, algodón, plumas, coca y caracoles marinos. En ciertos sitios especiales y también en muchos pueblos había mercado cada 4 días. Los días de mercado eran diferentes en cada sitio lo que permitía que hubiera todos los días de la semana un lugar donde ir a mercar .

Toda mi familia bajaba a Chocontá.

En silencio intercambiábamos mercancía por el sistema de trueque. Vendíamos las esteras y las mantas que tejían mis abuelos y regresábamos cargados de comida para toda la semana.

Los güechas cuidaban las fronteras. Eran soldados muy bien entrenados que defendían nuestras tierras de los Panches, Muzos y Colimas. Estos enemigos lanzaban flechas envenenadas. Se comían a los prisioneros Muiscas y usaban sus cabezas como trofeos.

 

Nuestros guerreros, los güechas, usaban macanas, lanzas y hondas. Lanzaban dardos incendiarios con sus quesques o propulsores y se defendían con escudos de cuero. Durante las batallas cargaban las momias de antiguos guerreros para
sentir valor.

Las mujeres distribuían chicha y los músicos tocaban sus tambores y caracoles.

Cuando había un problema muy grave que resolver, como una guerra o una hambruna, se reunían los caciques y usaques de nuestras tribus. Juntos escogían una solución.

Para comunicársela al resto de la gente, enviaban tiuquines, hombres ágiles y fuertes, que llevaban corriendo las noticias de pueblo en pueblo.

 

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