| El hábito de leer no es innato. El hombre no llega al mundo apreciando los libros; esa es una capacidad que desarrolla con la práctica y como consecuencia de un modelo de conducta que se le propone.
Los investigadores brasileños Laura Sandroni y Luis Raúl Machado señalan que no se puede llamar hábito de lectura a “un ligero coqueteo con este o aquel libro”. Efectivamente: un hábito no es algo circunstancial o transitorio. No se debe confundir con una moda ni con una tendencia o inclinación pasajera. Es una costumbre enraizada, una conducta incorporada con carácter cotidiano a nuestra existencia, una exigencia, algo de lo cual nos resulta difícil prescindir. Ese hábito empieza a conformarse cuando se arrulla al niño con nanas, cuando se juega con él utilizando rimas y retahílas, cuando se le relaciona con la palabra; y su cultivo prosigue después, año tras año, sin interrupción. Es resultado de un proceso de aprendizaje, de inculcar una costumbre, un patrón de conducta.
No basta con motivar en el niño una actitud favorable hacia la lectura; de lo que se trata es de crear un sólido vínculo. Formar hábitos de lectura es lograr que el individuo recurra regularmente por propia voluntad, a los materiales de lectura como medio eficaz para satisfacer sus demandas cognoscitivas y de esparcimiento. Hablaremos de hábito de lectura en el sentido de acercamiento permanente al acto de leer como resultado de una necesidad vital. Hábito de lectura es sinónimo de disfrute del texto, nunca de imposición o de simple tarea a cumplir. Cuando la necesidad de leer se ha hecho tan perentoria en el hombre como la de comer, beber, disponer de un techo o de ropa para vestirse, podemos hablar de la existencia de sólidos hábitos de lectura.
¿Qué es un promotor de lectura?
Promotor es quien impulsa algo, quien pone en tensión sus aptitudes y los instrumentos de que dispone con el fin de conseguir un propósito.
Por ser el hábito de la lectura un patrimonio que comparten individuos de diferentes sexos, edades y profesiones, serán promotores de esta conducta todas aquellas personas o instituciones que de manera consciente y organizada desarrollen, con sistematicidad, acciones encaminadas a estrechar los vínculos entre la población y la lectura. Nos referimos, entonces, a un amplio conjunto de individuos, a un grupo heterogéneo, multidisciplinario, que actúa en diversas esferas de la vida: desde el núcleo básico de la organización social (la familia), hasta espacios institucionales como escuelas, bibliotecas, librerías, editoriales, casas de cultura, periódicos y revistas, centro rectores de políticas educativas y culturales, etc.
A todas esas personas –sean profesionales de ramas como la pedagogía, la filología, la psicología, la comunicación social, la sociología o la bibliotecología, o padres de familia que ejerzan los más sencillos oficios-, las distingue un mismo credo: la convicción de que la lectura es un ejercicio útil, que perfecciona el pensamiento, ennoblece el espíritu y hace avanzar al ser humano, y a la sociedad en su conjunto, por el camino de su mejoramiento; todas ellas, sea cual fuere su posición dentro de la compleja estructura social de las naciones contemporáneas, persiguen un objetivo común: despertar y desarrollar entre su semejantes el amor por los libros, compartir con ellos el placer que experimentan con la lectura.
Un promotor de lectura será, antes que cualquier otra cosa, un verdadero lector, un apasionado de los libros, un modelo a seguir por aquellas personas que se hallan a su alrededor y sobre las que desea influir. Sería absurdo pretender que un no lector pudiese contribuir de manera eficaz a la formación de lectores. El ejemplo en el hogar, la escuela y todos aquellos espacios que acogen al niño y al adolescente y los interrelacionan con el adulto resulta decisivo para fomentar un acercamiento permanente al libro y demás materiales de lectura.
Un promotor de lectura vinculado a las más jóvenes generaciones deberá caracterizarse, además, por:
- Creer con firmeza y autenticidad en la utilidad de la labor que está desarrollando.
- Ser creativo en el desarrollo de sus acciones, evitar a toda costa la monotonía, introducir a los niños en el concepto de que los libros y la lectura constituyen un universo sumamente rico, variado, donde no hay espacio para el aburrimiento.
- Estimular entre los niños y adolescentes la libre expresión de ideas y sentimientos.
- Inculcar, a través de la praxis, el concepto de la lectura como espacio para la confrontación de criterios y acicate para el ejercicio democrático, crítico y participativo de evaluación del contexto social.
- Proponer, sugerir, nunca imponer.
- Su disposición para nutrirse de lo más valioso de experiencias similares que desarrollen los colegas de su país y de otras latitudes.
- Ser desenfadado, dinámico, crítico, profundo pero jovial, y gozar de prestigio ante el grupo con el que interactúa.
- Procurar que no se establezcan barreras entre los niños y él, sino que se alcance un diálogo respetuoso.
- Tener la habilidad de suplir con imaginación y soluciones ingeniosas los obstáculos y dificultades que encuentre en el desempeño de su quehacer.
- Estar siempre atento a las reacciones, observaciones y sugerencias de los menores para, si resulta conveniente, incorporarlas a su labor.
- No dar cabida jamás al paternalismo o la ñoñería en su acercamiento a los niños.
- Encauzar la aproximación a los materiales de lectura de una manera alegre, divertida, lúdica, sin que esto sea sinónimo de superficialidad o desorden.
Y por último el promotor de lectura deberá ser consciente de que en su trabajo con los más jóvenes se producirá un doble flujo de ideas, un intercambio de vivencias recíproco y enriquecedor.
El promotor de lectura interactúa, sistemática o periódicamente, con uno o varios neo-lectores para orientar su percepción del acto de leer. Una de sus principales misiones es hacer conscientes a los niños de la existencia de múltiples libros de diversas temáticas, géneros y estilos, capaces de satisfacer las necesidades peculiares y los gustos de cada individuo, y ayudarlos a orientarse hacia aquellas obras que más se ajustan a su grado de maduración psíquica e intelectual.
El promotor de lectura concibe y ejecuta diversas actividades, mediante las cuales busca que los niños relacionen el texto que leen con distintos aspectos de su realidad circundante, con otras manifestaciones culturales (artes plásticas, música, teatro) e incluso con lecturas anteriores, proponiendo un rico ejercicio de intertextualidad.
Fuente:
Andricaín Sergio, Puertas a la lectura, Bogotá, Cooperativa Editorial Magisterio, 1995, p. 17-20
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