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Biblioteca Luis Angel Arango
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Reflexiones para padres

Leer en casa

Normalmente los adultos se preocupan porque los niños hagan sus deberes escolares todas las noches.   Pero, rara vez, encontramos ese mismo interés por la orientación de la lectura de ficción, por el estímulo a la imaginación y por el placer que los grandes autores podrían ofrecer por medio de sus diferentes estilos y temas literarios.  Y, sin embargo, en la práctica, esto no requiere sino un pequeño esfuerzo.  ¡Y cuánto nos ayudará el desarrollo de la sensibilidad de cualquier niño!

(Alga Marina Elizagary, Niños, autores y libros)

En el mejor de los casos, un niño, incluso buen lector, no podría leer, entre los cinco y los quince años más de 500 libros suponiendo que lea uno por semana  siempre títulos nuevos.  Ahora, el placer de la relectura existe, sobre todo durante la infancia.

(Geneviéve Patte, Laissez-les lire!)

Padres e hijos podrían compartir una grata experiencia en el descubrimiento del mundo de los libros.  Hojeándolos y mostrando las imágenes, los padres estarían enseñando el nombre de las cosas conocidas y desarrollando en los hijos un  saludable interés por los libros, hábito para toda la vida.  En una casa donde los padres tienen el gusto por la lectura, aunque no dispongan de una buena biblioteca, los niños crecen valorando naturalmente aquellos objetos llenos de signos que consiguen atrapar la atención de las personas durante tanto tiempo.  El niño percibe, desde muy pronto que el libro es una buena cosa, que da placer.  Los padres que no tienen, ellos mismos, el hábito de leer, deberían pensar en la importancia de intentar cambiar ese comportamiento, tanto en beneficio de sus hijos como de sí mismos.

En el diálogo con sus hijos, los padres estarían preparándolos para explorar verbalmente el mundo a su alrededor.  El sonido de las palabras es muy importante: las canciones infantiles, las viejas rimas, los juegos infantiles, el ritmo y la melodía de las frases sirven para que el bebé identifique o perciba significados, y para que pueda expresarse usando el mismo código que, más tarde aprenderá.  Hablando y escuchando en situaciones de placer, el niño adquiere el gusto por el lenguaje que va a servirle de base para luego desear escuchar historias, ver y leer libros. 

Para un niño que observa a una persona hojeando páginas, el libro es color, imágenes, formas, papel y sonido.  Más tarde, las formas se tornan objetos o sonidos familiares y reconocibles “bola”, “carro”, “miau”.  Un tiempo después, el niño ya consigue dar vuelta a las páginas él solo, reconoce, identifica y nombra los objetos.  Después, comienza a construir una historia a partir de las imágenes.  Más tarde comienza a participar de las historias incluyéndose en ellas.

Los libros, en ese momento, pasan a formar parte de un mundo muy especial, donde la fantasía se presenta  de maneras diferentes y fascinantes, por medio de palabras y dibujos.  Mirando las imágenes de una revista, periódico o libro, el niño comienza a reconocer cosas familiares y a intentar expresarse verbalmente.  Es preciso, entonces, que tenga acceso a imágenes simples y coloreadas, de objetos conocidos, que él mismo identifica sin saber el nombre, presentados en páginas brillantes, colores fuertes y dibujos bien hechos.  Durante mucho tiempo, él deseará mirar aquellas figuras que hablan de él y de su mundo.  Comienza así a acostumbrarse a los libros.  Estos, frecuentemente, se arrugan o se rasgan.  Debe enseñarse al niño a tener cuidado con los libros sin que por ello sean retirados de su alcance.  Es importante que él pueda manosear y tener un contacto íntimo con el objeto de su interés.

La visita a las librerías es importante en la valoración de los libros, además de ser un buen “programa” para padres e hijos.  De esta manera, la experiencia de hojear libros con el niño puede ampliarse.  Padres e hijos podrían comenzar a hacer un libro.  El simple hecho de seleccionar material o de dibujar imágenes al mismo tiempo que se dice el nombre de las cosas va provocando la participación del niño.  El encanto de mirar cómo se realiza un libro, se une al placer que el niño siente al ver las imágines ya conocidas.   El comienza entonces a experimentar una serie de nuevas actividades lúdicas y creativas.  Evidentemente, todo eso debe hacerse de acuerdo a su edad, al desarrollo y a los intereses del niño.

Muchas veces los padres desaprovechan momentos de alegría y placer, oportunidades de observar el desarrollo de sus hijos, simplemente porque consideran que los niños todavía no entienden, se sorprenden con las palabras nuevas que aparecen en su vocabulario, cada nuevo día.  Este es también el momento de hacer aparecer los libros, impresos o hechos en casa, por el mismo niño, o por los niños mayores de la familia.  Libros para colorear, que el niño pueda retomar siempre, conversando, oyendo y repitiendo, estableciendo  relaciones, álbumes de figuritas, etc.

Cuando la madre mece al bebé en sus brazos al tiempo que lo arrulla con el “aserrín aserrán” o para dormirlo canta alguna de las nanas tradicionales, está continuando una tradición oral que aprendió de su propia madre.  Estos son, en general, los primeros contactos de un bebe con el mundo de las palabras y de la poesía.  Es en esta etapa cuando las palabras están más ligadas al sentimiento y a la emoción que a un significado preciso.  Los niños sienten el placer del sonido y del ritmo de las palabras, y luego intentan imitar al padre y a la madre.  Desafortunadamente la mayor parte de los padres no consigue arrancar a la memoria de su infancia una buena colección de canciones infantiles o de cuentos tradicionales.  En esto, podrá ser de mucha ayuda un buen libro de cantos infantiles, una colección de cuentos de hadas e historias del folclor.


El amor a los libros no es una cosa que aparezca de repente.  El niño necesita ayuda para descubrir lo que los libros pueden ofrecerle.  Cada libro puede traer una vida nueva, ayudar a hacer un descubrimiento importante y ampliar el horizonte del niño.  Poco a poco él va ganando intimidad con el objeto-libro.  Una cosa es cierta: Las historias que los padres cuentan y los libros que padres e hijos ven juntos forman la base del interés por aprender a leer y gustar de los libros.


Fuente:
Sandroni Laura Constancia, Machado Luis Raúl (compiladores), El niño y el libro: Guía práctica de estímulo a la lectura, Bogotá, editorial Kapelusz Colombiana S.A.

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Actualizado 14 de agosto de 2006
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