Solo para niños
Biblioteca Luis Angel Arango
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El adulto facilitador

A los lectores los hacen los lectores.   Éste es el principal factor que hay que tener en cuenta.  Gran parte depende, por tanto, de cuánto leemos  qué leemos.  Inevitable e inconscientemente, trataremos de convertir a otras personas e el tipo de lector que nosotros somos.  Trataremos de interesarlos e el tipo de libros que más nos gustan.  Los conduciremos a que piensen  hablen de lo que han leído de la misma manera que nosotros pensamos  hablamos.   Sin decir nada en absoluto, nuestro comportamiento comunicará el lugar y la importancia que la lectura tiene en nuestra vida privada.   Por lo tanto:

Conózcase a sí mismo como lector.  Cuéntese su historia de lecturas, escríbala si eso le ayuda y piense qué implicaciones tiene en relación con quienes están aprendiendo a leer.
Yo sé, por ejemplo, que nací en una casa e donde había muy poca lectura de cualquier tipo, pero se contaban muchas historias: los chimes locales se convertían en episodios dramáticos o graciosos que contaba mi padre, m abuelo contaba cuentos populares del lugar, mi madre nos contaba las fáculas de Esopo.  Sé que no aprendía a “leer” hasta los ocho años –recuerdo el momento en que sucedió- pero tuve un maestro en preescolar que nos leía en voz alta todos los días.  Y reflexionando en retrospectiva, sé que el escuchar tantas historias en casa y tantos libros leídos en voz alta en la escuela antes de que pudiera leer por mí mismo me hizo el tipo de lector que soy ahora:  uno que escucha cada palabra en su cabeza, mientras lee, como si alguien estuviera contando la historia.  Lo que significa que, más que cualquier otra cosa, disfruto del drama de la narrativa: los personajes hablando en sus propias voces, el narrador contando lo que sucede, el ritmo y el color del texto.  También sé que sólo porque un amigo insistió en que fuera a la biblioteca local con él, descubrí, más bien tarde (a los doce años), que había miles de libros para jóvenes lectores  que podía tener los que quisiera.  Fue sólo porque un par de maestros de la secundaria hablaban de los libros como algo importante, que aprendí que leer literatura era más que un pasatiempo.  Y fue un libro que encontré sin ayuda cuando tenía quince años, Hijos y amantes, de D.H. Lawrence, el que finalmente me mostró cómo la literatura me incluía, que yo me podía encontrar allí:  la vida que conocía y una vida que podía esperar vivir.

De igual manera, es llevando un registro de mis lecturas que descubro mis prejuicios.  No me interesa mucho la ficción histórica, por ejemplo; y me dan un placer particular las técnicas formales de la narrativa, al punto de que, con frecuencia, estoy más interesado en cómo está contada la historia que su contenido.  Debido a que sé esto, sé que necesito la ayuda de lectores que disfrutan la ficción histórica cuando estoy seleccionando libros para la biblioteca de un salón o una escuela, de modo que mi prejuicio no sesgue la selección, y necesito escuchar cuidadosamente lo que dicen otras personas sobre el contenido de una historia si quiero disfrutar de una comprensión más completa de la que podría alcanzar por mí mismo.  También sé que nunca es demasiado tarde para convertirse en un lector serio, pero que esto es difícil si no existe el antecedente regular de haber escuchado lecturas o no se tiene muchos libros a la mano esperando a que uno esté listo para ellos.

Más que nada, sé que sin la guía de adultos facilitadores que sean lectores reflexivos, es casi imposible convertirse en un lector reflexivo de literatura.

Proteja su tiempo para leer.  Para mantenernos frescos y actualizados, como facilitadores de otros, debemos crecer continuamente: arriesgándonos a leer a autores que no hemos leído antes, libros de un tipo que no nos es familiar o que nos han sido difíciles.  Aunque, irónicamente, ser maestro o bibliotecario o padre –y más aún, un profesional de tiempo completo y también un padre- deja poco tiempo para sentarse en silencio y leer con una concentración profunda por el tiempo suficiente o con la suficiente regularidad como para estar al día con toda la lectura que nos gustaría hacer.

No pretendo tener la respuesta; al menos no mientras nuestro sistema educativo siga como está.  Pero conozco algunas posibilidades que han ayudado a otras personas.  Sin embargo, antes sde mencionarlas quiero hacer algunas aclaraciones.
Los  maestros son el grupo profesional que tiene a su cargo toda la población de niños, y son los responsables, profesionalmente, de ayudar a los niños a volverse lectores.  Si entraron a su profesión con una base sólida y un conocimiento amplio de la literatura publicada para niños y con un entendimiento entrenado en cómo acercar esa literatura a los niños, no sólo su enseñanza de la “lectura” será mucho más efectiva, sino que tendrán el conocimiento de los libros dentro de ellos para apoyarse y tener una base sobre la cual construir durante los primeros años de sus carreras.

El mensaje para cualquier estudiante antes de trabajar debe ser: lean tanto como puedan ahora, porque nunca más tendrán una oportunidad tan buena otra vez.

Además, cada niño solo tiene una oportunidad de ser niño, sólo una de tener cinco, seis, siete años.  El primer grupo con el que se encuentre nunca más volverá a ser lo que puede ser ahora.  Ellos no pueden esperar a que usted descubra los libros sobre los que debería hablarles  los que debe mostrarles.  Usted necesita ese conocimiento básico desde el primer día que esté con ellos.  Si la institución que lo está capacitando no lo ayuda, pregunte por qué.  Y mientras tanto, continúe ejercitando su responsabilidad profesional lo mejor que pueda, por su cuenta y junto a otros estudiantes que entiendan lo importante que es.  Busque ayuda de maestros y bibliotecarios que sepan de qué está hablando.  Algunas de las sugerencias que siguen también pueden ser de ayuda.

Manténgase en contacto.  Como siempre, todo empieza con la selección.  Cuando tenemos poco tiempo para leer, es más importante que nunca que hagamos elecciones informadas.  ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo?

- Asegúrese de tener un acceso regular a las reseñas de fuentes especializadas.  Las reseñas de libros para niños que aparecen en los periódicos son demasiado erróneas y ad hoc, como para servir de algo.  Necesitamos la ayuda de publicaciones bien editadas que cubran libros seleccionados entre el amplio rango de los publicados.  En Gran Bretaña, esto significa consultar regularmente revistas como School Librarian y Books for Keeps.

- Conozca los libros más recientes.  Las reseñas son útiles pero no son suficiente, por sí mismas, para hacer un juicio apropiadamente informado.  La mejor manera de hacerlo es leer las reseñas, enlistar los libros que piensa que quiere considerar y luego visitar, digamos un par de ves al año o una vez por ciclo escolar, un lugar donde pueda ver la totalidad de los libros recientemente publicados.

Hay dos lugares en donde puede hacer esto:  en una buena librería, si tiene la suerte de vivir cerca de una; o más probablemente, en las oficinas locales del servicio de bibliotecas escolares, donde, por lo general, tienen las publicaciones del último o de los dos últimos años, así como también todas las reseñas.

Cualquier escuela que tome en serio la lectura se debe asegurar de que uno o, de preferencia, más miembros de su personal dediquen al menos medio día dos veces al año a visitar setas colecciones y regresen con información y sugerencias.  Esto debe contar, al menos, como capacitación para el trabajo y como un tiempo muy bien usado.  Desde luego, visitas más frecuentes a una buena biblioteca pública para niños son útiles, aunque inevitablemente está limitado a lo que quede sin prestarse en los anaqueles.

Ayúdense mutuamente.  No importa lo dedicados que seamos, la mayoría de nosotros necesita el apoyo de otras personas que piensen como nosotros para mantener el entusiasmo y, otra cosa muy importante, continuar desarrollándonos como lectores.  Más allá del apoyo informal que obtenemos de los amigos y colegas en nuestros contactos cotidianos, existen tres foros principales en donde se puede buscar:

- Juntas de maestros.  Debe hacer al menos una reunión del personal en cada ciclo escolar, en la que se discuta la vida de la lectura en la escuela, se revisen nuevos libros y donde le principal objetico sea simplemente compartir el entusiasmo por la lectura.  Tal vez pueda discutirse  a fondo un libro que todos hayan leído a tiempo para la reunión con el fin de responder en nuestro propio nivel de la misma manera en la que ayudamos a los niños a responder en el suyo.

- Grupos de lectura:  Incorpórese o ayude a organizar un grupo de, digamos, seis u ocho personas que estén interesadas en la lectura de los niños y estén dispuestos a reunirse quizá una vez cada tres meses para compartir sus propias lecturas, tanto de libros para niños como de libros que hayan leído para sí mismos.  Es bueno que entre los miembros haya padres entusiastas, así como maestros y bibliotecarios locales.  La combinación aporta diferentes perspectivas a la conversación literaria.

- Cursos en el lugar de trabajo.  Uno de los aspectos más útiles de los cursos sobre los niños y la lectura que se imparten en el lugar de trabajo es el impulso que dan a los participantes para que dediquen más tiempo del que usualmente consideran necesario a actualizar su conocimiento de los libros. 
Ayúdese a sí mismo.  Algunos apoyos individuales ayudan a que uno siga avanzando por sí mismo como lector.

- ¡Lleve un diario de lectura! El acto de llevar un diario estimula a segur leyendo.  Usted se percata de algún descenso y eso es un incentivo para descubrir por qué sucedió y hacer algo al respecto.

- Impóngase una sencilla regla sobre cuántos libros para niños se propone leer regularmente.  Defina un número asequible.

¿Qué hacen los adultos facilitadores, en especial los maestros?  Ellos proporcionan libros y tiempo para leerlos y un ambiente atractivo en el que la gente quiera leer.  Estimulan un deseo de convertirse en lectores reflexivos  Demuestran por medio de la lectura en oz alta y de su propio comportamiento qué hace un “buen” lector.  Y responden, y ayudan a otros a responder, a la individualidad de cada uno en la comunidad de lectores a la que pertenecen.

Fuente:
Chambers, Aidan, El ambiente de la lectura, Fondo de Cultura Económica, 2007, p. 123-130

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