| El objetivo único de la Animación a la Lecturadebiera ser la mejora de los hábitos lectores de los individuos a quienes se dirige la animación, hasta lograr crear en ellos hábitos lectores estables. Lo que sucede es que a lo largo de ese camino, largo camino probablemente, llevamos a cabo prácticas con técnicas y estrategias mucho más concretas.
El logro de ese hábito debiera producirse al margen de la práctica lectora como actividad escolar obligatoria, desarrollando -en cambio- la lectura libre, activa, crítica, voluntaria y sin otra utilidad inmediata; la llegada a esa meta es proceso lento y, en algunos momentos, esforzado, por lo que la lectura tiene de abstracción, reflexión, voluntad, soledad, disciplina, constancia o imaginación.
Bajando más a la realidad cotidiana, y siendo más modestos en nuestros objetivos, parece que hoy entendemos como Animación a la Lectura -y no tienen por qué estar mal-, el conjunto de actividades, técnicas y estrategias que persiguen la práctica de la lectura, aunque teniendo en el horizonte la meta de formar lectores activos, capaces de comprender mensajes diferentes y de relacionar una historia en su contexto.
Los ámbitos de la animación son de dos tipos:
1. Formales: la escuela y la biblioteca.
2. No formales: la familia, los medios de comunicación, los clubes de lectura, las tertulias literarias, las librerías…
El ámbito de la animación suele ser motivo de conflicto en más casos de los deseados, ya que la lectura como placer es difícil de evaluar con criterios escolares, por lo que la barrera entre lectura instrumental y lectura voluntaria no siempre aparece lo suficientemente precisada para evitar que se confundan.
La lectura no es sólo el reconocimiento de unos sonidos, unas sílabas o unas palabras en el conjunto de un texto; como dice Antonio Mendoza (1998, 10):
La lectura es un proceso activo de construcción de significados a partir de los estímulos textuales (…) leer es, básicamente, saber comprender, y, sobre todo, saber interpretar, o sea, saber llegar a establecer nuestras propias opiniones, formuladas como valoraciones y juicios. Por ello, leer es participar en un proceso activo de recepción.
Mendoza, en el mismo texto (p. 10 y 11) destaca el carácter procesal e interactivo de la lectura en la que hay unos elementos que aportan información y contenidos (el libro o el texto) y, pero junto a ellos, y para que pueda producirse el verdadero efecto de la lectura afirma que:
Necesariamente, también a de contarse con las aportaciones del receptor y con la activación de aquellos personales saberes pertinentes para la comprensión de lo expuesto y presentado por el texto.
La lectura tiene una finalidad múltiple, ya que la intención del lector, además de particular, es variada; solemos decir que leemos para informarnos, para divertirnos, para aprender nuevos conocimientos, para viajar imaginadamente, para soñar, … La actitud libre y decidida del lector ante el libro puede verse alterada y en muchos casos, condicionada, por la finalidad de la propia lectura, que, en el caso de la lectura escolar es una alteración especialmente importante. Roberto Cotroneo dice que las múltiples lecturas que tienen los libros pueden provocar que algunas de ellas se encuentren cerradas con llaves que el lector tiene que encontrar en situaciones diversas.
Estrategias y Técnicas de la animación a la lectura
Entendemos como tales las actividades que programaremos y los mecanismos que pondremos en funcionamiento para “animar a leer” en diversos contextos, con fines concretos, que no tienen por qué ser siempre los mismos:
a) Para leer por leer
b) Para superar obstáculos que la lectura conlleva
c) Para leer un libro concreto.
d) Para leer varios libros de un tema concreto
e) Para leer a un autor concreto.
Hay estrategias y técnicas que necesitan la lectura previa de un libro y hay otras que no necesitan esa lectura previa. En cualquiera de los casos, la Animación a la Lectura requiere unas condiciones previas:
1. Que la actividad sea libre, gratuita y continuada.
2. Que los libros elegidos sean adecuados a la edad de sus destinatarios.
3. Que los libros elegidos tengan calidad literaria.
4. Que sean textos completos. (Si fueran textos fragmentados, deben tener suficiente vida propia para ser comprendidos sin necesidad de recurrir al texto completo).
5. Que la experiencia pueda ser comunicada a los demás: la lectura como acto individual salta la barrera que le permite pasar al terreno de lo social: de la lectura a la escritura, o de la recreación escrita de la lectura.
Además, en cualquier estrategia o técnica que programemos el animador debe tener en cuenta, con carácter general, las siguientes cuestiones:
- Los destinatarios: contexto, edad, nivel de lectura,...
- El libro (o el texto) que propongamos.
- El carácter grupal o colectivo de la estrategia.
- Las actividades a realizar.
- La existencia de un espacio para la lectura individual y silenciosa.
- La periodicidad: continuidad en la programación.
- Los materiales que se vayan a emplear.
- El componente no utilitario de la estrategia.
Elementos negativos en una animación
En ciertas animaciones, sobre todo en el ámbito escolar, aparecen condicionantes y elementos que entorpecen el desarrollo de esas animaciones y, lo que es peor, impiden el logro de los objetivos que se proponen. Los más peligrosos son la obligatoriedad de la animación y que esta se identifique con un trabajo de clase más. Del mismo modo, son elementos negativos en una animación:
- Que el libro elegido ya se haya usado con otro fin.
- Que la animación conlleve premios o castigos.
- Que el libro no conecte con los destinatarios.
- Que la animación obligue a un trabajo ulterior fuera de la propia animación.
- Que cuando el texto elegido sea fragmentado, tenga insuficiente vida propia.
Fuente:Cerrillo C. Pedro, Libros, lectores y mediadores, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2002, p. 83-85
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