EL AGONO

 

CAPÍTULO V

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Llegó finalmente el gran día de las competencias. Hacía dos días que habían comenzado las fiestas agonales. Tolomeo había preparado mejor sus melodías en el diaulos y estaba muy entusiasmado. Estas fiestas en las cuales estuvieron presentes Xochi y Pilli, fueron exactamente las del año 436 antes de Cristo. El momento de la competencia fue muy emocionante. Tolomeo se había puesto una túnica blanca de su padre y se sentía muy importante. Su madre, Xochi y Pilli y los gemelos, estaban sentados en la gradería esperando el momento de la competencia. Le tocó el cuarto turno y cuando salió al escenario miró a Xochi, poniéndose la mano derecha sobre el pecho y haciendo una inclinación; Xochi comprendió que Tolomeo tocaría para ellos y en especial para él, que admiraba tanto su diaulos. Tocó hermosísimo y Xochi lo escuchó con la nariz refrescada con un pañuelo mojado que tenía preparado.

Los espectadores también alabaron a Tolomeo con aplausos de admiración. Después de haber pasado todos los concursantes, llegó el esperado momento de nombrar a los ganadores y la madre de Tolomeo no pudo aguantar el llanto, al oír el nombre de su hijo como el ganador del primer premio.

Tolomeo salió al escenario nuevamente, y recibió sobre su cabeza una corona de hojas de olivo; era la costumbre coronar a los ganadores. Lleno de emoción dijo:

—¡Agradezco esta corona. Sólo desearía que mi padre hubiera participado de mi triunfo!

Xochi y Pilli sabían que Tolomeo ganaría. Para ellos fue un espectáculo grandioso haber participado del triunfo de su amigo.

—¡Estuviste grandioso, hijo! —dijo su madre.

—Me entristece que mi padre no haya estado hoy.

—Presiento que pronto volverá tu padre —le dijo Xochi.

—Eso no es de presentir, sabes que tendría que terminar la guerra para que él volviera.

—¡Debes creernos Tolomeo!- dijo Pilli.

—¿Sabes una cosa, Xochi? —le comentó Tolomeo al llegar a casa—. Nunca había estado tan feliz al tocar el diaulos. Sentí algo diferente hoy; creo que comencé a ver el mundo con otros ojos. Hay cosas tan bellas para hacer, y creo que la música puede ayudarnos mucho. Colocó su corona junto a dos coronas de su padre, ganadas hacía muchos años en iguales competencias. Xochi se sintió feliz, sabía que esta era ya obra de los dioses. El espíritu de la música se había metido dentro de Tolomeo y era una persona mejor y más feliz.

A los pocos días llegó la noticia de una gran victoria del ejército ateniense (griego) sobre los persas. ¡Los soldados regresarían a sus casas!.

El padre de Tolomeo llegó un día, a finales del mes de abril. Xochi y Pilli habían permanecido en el Pireo para ver este día. ¡Fue un encuentro feliz! Vio por primera vez a los gemelos, abrazó con amor a su esposa, y sintió el orgullo de padre al ver a Tolomeo tan alto y fuerte. Este le entregó la corona de olivo, ganada en el concurso.

—Padre, hubiera querido dártela el día del triunfo!

Xochi y Pilli sabían que había llegado la hora de abandonar Grecia. Una tarde, se despidieron de todos agradeciendo la hospitalidad y Tolomeo los acompañó hasta el barco.

—No sé que decir —dijo Tolomeo—. Me da tristeza que se vayan.

—También a nosotros —dijeron los niños.

—¿Cuándo regresarán?

— No podemos saberlo.

—¿Para dónde van ahora?

—Tampoco lo sabemos; no te preocupes por nosotros, nos irá bien.

—Quieres navegar un poco? Recuerdo que cuando llegamos te lo prometimos— dijo Pilli.

—No. Tal vez cuando regresen —respondió Tolomeo y continuó—: Yo sé que les irá bien, pero me entristece que se vayan.

—Siempre te recordaremos, fueron unos días muy felices. Tú llegarás a ser muy importante. No olvides ayudar a tu pueblo; eres una persona especial y debes hacerlo.

Tolomeo se estremeció cuando los niños se despidieron de él poniendo una mano sobre su hombro, sabía que era la última vez que se verían.

Xochi y Pilli subieron a su barquito, y este empezó a salir lentamente del puerto. Tolomeo los despidió largo tiempo con la mano. El sol comenzaba a ocultarse cuando los niños no vieron más las luces del puerto. Estaban ahora en medio del mar y el barquito llevaba un rumbo seguro. Se sentaron un rato afuera y luego entraron a descansar.

Duraron dos días navegando. A veces divisaban tierra, pero el barquito no intentaba arrimarse.

—Nuestro padre nos llevará a lugar seguro —dijo Pilli.

—Hemos visto tantas islas pero el barquito sigue sin detenerse.

Los niños estaban tranquilos, comentando las emociones que habían tenido en Grecia.

—¿Cuántos días estuvimos en Grecia, Xochi?

—Los estuve contando y fueron cuarenta y un días.

—Parece que hubieran sido más. ¡Quisiera volver algún día! —dijo la niña con nostalgia.

Finalmente el barquito comenzó a acercarse más y más a tierra. Los niños estaban parados afuera, esperando el momento de anclar. Como a su llegada al Pireo, después de amarrar el barco, se bajaron para mirar a dónde habían llegado. Era un puerto también lleno de movimiento, con barquitos de pescadores y barcazas grandes para transportar mercancía. Comenzaron a caminar por entre la gente.

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Columna Griega

—¡Hablan un idioma diferente! —dijo Xochi.

—Recuerda que antes de salir de nuestra tierra nos dijeron que cada pueblo habla distinto.

—Suena diferente al griego, pero lo entiendo. ¿Tú también?

—Sí, también lo entiendo.

El idioma que oían Xochi y Pilli, no era propiamente un idioma, sino un dialecto: el "romano" y el país a donde habían llegado, Italia. La época ¡increíble! 1030 después de Cristo.

El puerto era bullicioso y lleno de gente. En una plaza cercana a la playa vieron algunas carretas tiradas por caballos y mucha gente queriendo subir a ellas.

—iA Roma, a Roma! —gritaba un hombre gordo que organizaba la subida de la gente a las carretas.

—Debe ser importante, van muchas personas para allá —dijo Xochi.

—Vamos también nosotros.

— Está bien. Subámonos!

Xochi y Pilli se acomodaron como mejor pudieron en la carreta y cuando estuvo llena de gente, comenzó a moverse lentamente. Después de una hora de viaje llegaron a una ciudad muy diferente al puerto. Entraron por una gran avenida y finalmente la carreta se detuvo en una plaza rodeada de edificios. La gente comenzó a bajarse y los niños hicieron lo mismo.

Anduvieron un rato y luego se sentaron al borde de una fuente adornada con esculturas de niños gorditos jugando con el agua.

—iQué linda esta fuente! —comentó Pilli.

—Me encantan las esculturas, parecen vivas.

—Este pueblo también debe ser muy importante. Se ve que aman la belleza y el arte.

Un viejito, mal vestido y despeinado, que también estaba sentado al borde de la fuente, los miraba y se reía.

Xochi y Pilli lo miraron con interés. Después de un rato decidieron hablarle:

—¿Tú vives aquí?

—A veces sí, a veces no —contestó con picardía riéndose y mostrando la encía pelada, pues no tenía ni un diente.

—¿Vienes de paseo?

—A veces si a veces no —y volvió a reírse.

—¿Cuántos años tienes? —se atrevió a preguntar Pilli.

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Templo Griego

—Ya se me olvidó. Pero ahora me toca preguntar a mí —dijo con voz burlona:
—¿Viven aquí?. . . ¿Vienen de paseo?. . . ¿Cuántos años tienen?— y soltó una estruendosa carcajada—. Y yo mismo les puedo responder. —Subió la voz para imitar a los niños: "No vivimos aquí". "Venimos de paseo". "Tenemos pocos años".

Xochi y Pilli estaban muy divertidos oyendo al viejito y se acercaron más a él.

—¿Cómo se llama esta ciudad? —preguntó Xochi.

—Esta ciudad se llama Roma.

—Cuéntanos cosas sobre Roma. Es la primera vez que estamos aquí.

—Bueno, ¿Por dónde comienzo? —el viejito se paró, comenzó a caminar y les dijo:

—Vamos caminando y les mostraré cosas interesantes.

Xochi y Pilli se colocaron uno a cada lado del viejo para escuchar mejor lo que hablaba.

—Esta ciudad es muy antigua, es la vieja capital del imperio romano; tiene muchos parques y fuentes de agua adornadas con lindas esculturas. Los artistas aman a Roma y construyen edificios magníficos. Ya les mostraré algunos como: el Coliseo, el Panteón y el Foro. ¡Parecen hechos por los dioses! —Miró maliciosamente a Xochi y Pilli como si supiera quiénes eran.

—Miren. . . ese que se ve allá —dijo señalando con el dedo—, es el Coliseo. iVamos allá!

El viejo comenzó a caminar, tan rápido, que los niños tuvieron que correr para seguirlo. Pronto estuvieron delante de un edificio muy grande, de forma redonda, con muchos arcos y esculturas.

—Entremos —dijo el viejo.

Subieron unas escaleras anchas y en el interior vieron las inmensas graderías y en el centro un redondel cubierto de arena.

—Hace cerca de mil años en este circo, el gran espectáculo era ver morir personas, devoradas por las fieras. A veces luchaban los hombres hasta que el vencido moría. Otras veces había concursos de música y hasta los espectadores, traían su instrumento; todos tocaban y había un gran estruendo.

El viejo se sentó y dijo tranquilamente:
—Todo esto lo he visto yo con estos dos ojos.

Xochi ya había sospechado que el viejo era diferente a los humanos, y le preguntó abiertamente:

—¿Tú eres un dios?

—¡Claro que sí! —respondió — o... ¿Es que parezco humano?

Xochi y Pilli se rieron. Claro que parecía humano, pero ellos ya habían sospechado que no lo era, porque hablaba de cosas vistas por él hacía mil años. Además caminaba rapidísimo, como si sus pies no tocaran el suelo.

Yo vine de la tierra de los dioses en tres ocasiones y en la última decidí quedarme. Es muy divertido vivir entre los humanos. ¡Cada día me divierten más con sus locuras! —y soltó una carcajada tremenda:

-¡Ja, ja, ja, ja. . . . jo, jo, jo, jo, jo,!

Los niños se contagiaron de la risa y terminaron los tres riendo estruendosamente.

Cuando se calmaron, Pilli se acercó al viejito y le dijo cariñosamente:

— Estamos felices de haberte encontrado. Nosotros también venimos de la tierra de los dioses; queremos conocer a los humanos que viven en este lugar y sus costumbres. Y más que todo. . . quisiéramos saber sobre la música de ellos.

—Ahora venimos de Grecia, pero estuvimos en una época muy lejana a ésta. Nos damos cuenta porque todo es diferente —comentó Xochi.

—iAh, los griegos! —dijo el viejo solemnemente—. ¡Qué grandes hombres! Yo también estuve allá y llegué a quererlos mucho. Su cultura es tan importante que a través del tiempo ha sido el modelo para muchos pueblos. Yo aprendí a tocar la kítara con ellos y desde entonces siempre la llevo conmigo, es mi compañera.

Buscó en un talego grande que llevaba consigo, y sacó una kítara preciosa y pequeña.

—Voy a catarles un poema, como lo hacían los griegos; como ellos me enseñaron.

Xochi y Pilli oyeron al viejo con mucha atención. Cantaba el poema con una voz suave y clara y con los dedos pulsaba las cuerdas de la kítara que parecía como si cantara también.

Cuando el viejo terminó, Xochi estaba tratando de enfriarse la nariz soplándosela él mismo. Tanto le había emocionado escuchar a este viejo dios músico.

—¿Cómo es tu nombre? —le preguntó Pilli.

—Yo he adoptado tres nombres de los humanos: Cornelio, Plinio, Rómulo. Pero me pueden decir simplemente, Cornelio.

—Yo soy Xochi.

—Y yo, Pilli.

—Puedo contarles muchas historias que he visto y llevarlos a lugares interesantes, pero vamos a necesitar varios días si quieren aprender, porque. . . hay mucho que contar.

—¿Dónde nos podríamos ver? ¿tú dónde vives?

—Yo vivo en todas partes, pero duermo en unas cuevas llamadas "catatumbas".

—Tal vez podríamos dormir allá contigo; si son cuevas, deben ser grandes, ¿no? —dijo Xochi.

—Son tan grandes que yo no las conozco todas. Claro que pueden quedarse conmigo. En el día saldremos a recorrer la ciudad y en la noche iremos a las "catacumbas".

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Los Faunos extraños seres mitad cabro y mitad hombre, tocaban la Siringa

—Nos parece muy bien. Te lo agradecemos.

—Me encantará ser el guía de dos dioses niños tan simpáticos —dijo acariciándoles el cabello con las manos en señal de afecto.

—Cuéntanos cómo era la música aquí, hace muchos años, cuando llegaste a Roma.

—Primero, quiero llevarlos a mi vivienda. Allá, podrán descansar y les contaré muchas historias.

El viejo se paró y salió del coliseo seguido por los niños.

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