LA ESCUELA GRIEGA

CAPÍTULO III

La escuela quedaba en un edificio blanco con grandes columnas. En el interior había un patio donde estaban sentados los alumnos, en total quince. El maestro, un hombre como de cuarenta años, estaba vestido con una túnica de color gris. Se dirigió a los niños saludándolos y los invitó a sentarse.

Comenzó a hablar sobre los astros y su nombres, y a preguntar algunas cosas de lo que les había enseñado anteriormente. Todos los alumnos estaban interesados y hacían muchas preguntas.

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Xochi y Pilli también estaban fascinados con la manera de explicar del maestro. Esta clase de "Astronomía" tenía mucho que ver con las matemáticas, ciencia muy adelantada en ese tiempo.

Los niños aprendían el nombre de los planetas, las galaxias y los astros, y su orden en el espacio. Todo tenía su explicación en la aritmética, la geometría y el álgebra.

En Grecia la educación era muy completa, y el Estado o sea, el Gobierno, se preocupaba de ésta.

Todos deben saber —decía a veces el maestro—, la importancia de educar la mente y el cuerpo. Recuerde nuestro ideal de "Mente sana en cuerpo sano".

Esto lo sabían muy bien los niños y por eso entendían que después de las clases de matemáticas, historia, poesía y música, pasaran al gimnasio a entrenar sus cuerpos con ejercicios especiales para desarrollar los músculos, la fuerza y la agilidad.

Después de la clase de astronomía y matemáticas, pasaron Xochi y Pilli con los demás niños, al salón de música.

Desde afuera, escucharon los bellos sonidos de un instrumento de cuerda, y el ruido acompasado de los pies de un grupo de niños que estaban danzando.

Se sentaron en silencio a ver la clase de danza. Diez niños se movían libremente mientras otro tocaba una melodía en la "kítara", instrumento musical de cuerdas. El maestro marcaba el compás.

—¡El cuerpo más alto! —decía—. Los niños danzaban siguiendo la melodía de la kítara.

Xochi y Pilli querían que les llegara pronto el turno de danzar porque lo que hacían los niños, les recordaba la tierra de los dioses. Ellos allá danzaban también, desnudos, y daban rienda suelta a su cuerpo para moverse.

Tuvieron que esperar, pero al fin les llegó su turno. El primer grupo de niños se retiró del salón y comenzó la clase para el grupo de Xochi y Pilli.

El maestro se paró al frente de los niños que estaban sentados en bancas largas, y comenzó la clase.

—Hoy vamos a hacer algunos ejercicios preparatorios y al final de la clase practicaremos la danza "Cariátida" dedicada a nuestra diosa Afrodita. Creo que la danza Pírrica ya la hemos practicado bastante y todo los muchachos la saben bien, aunque... veo un niño que no sé si la conoce.

Se dirigió a Xochi y le preguntó:

—Tú conoces la danza Pírrica?

—No señor —contestó Xochi poniéndose de pies.

—Al final de la clase te vamos a mostrar cómo es.

—¡Gracias señor! —respondió Xochi con todo respeto.

—Formen dos filas. ¡Vamos a comenzar con los ejercicios!

Los niños formaron dos filas rápidamente. El maestro tenía un bastón en la mano para golpear en el suelo y marcar el ritmo.

—Primero, la posición de las piernas. Deben pensar siempre en el equilibrio del cuerpo, tanto si tienen abiertas las piernas, como si las tienen cerradas. También si tienen que sostenerse en un solo pie.

—¡Abiertas! —y daba un golpe con el bastón.

—¡Cerradas! —y daba otro golpe.

—¡Parados en un pié!

— Lo haremos varias veces.

El maestro comenzó los golpes con el bastón y los niños cambiaban la posición de las piernas con cada golpe.

Lo hicieron varias veces hasta que el maestro paró los golpes.

—Descansen un poco; después lo volveremos a hacer, cada vez mejor.

Este ejercicio lo practicaron muchas veces y después, hicieron otros diferentes, como movimiento de la cintura, de los brazos, saltos, etc. Todos estos ejercicios se hacían para que el cuerpo se entrenara y poder hacer con más facilidad las diferentes danzas.

Los niños parecían incansables y el maestro les exigía hacerlo cada vez mejor. Xochi y Pilli lo aprendieron inmediatamente; para ellos, que estaban acostumbrados a danzar y a sentir el ritmo, no era nada difícil.

Antes de comenzar la danza Cariátida, el maestro hizo formar dos grupos: uno de niños y otro de niñas; enseguida le pidió al joven de la kítara, que comenzara a tocar para que los niños escucharan la melodía. La tocó varias veces, así que, cuando comenzaron a danzar, ya la conocían. El maestro les iba indicando los movimientos que debían hacer y a las niñas, la manera de sostener un canastico lleno de frutas sobre la cabeza.

Para celebrar las fiestas de los dioses, los griegos aprendían desde niños la distintas danzas. Algunas eran lentas y otras rápidas, o se bailaban en rueda y en grupos de dos, tres o más personas.

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Xochi y Pilli se sentían felices, como si siempre hubieran vivido entre sus amiguitos griegos. El maestro estaba encantado de ver cómo se movía de suelto Xochi, tanto que en un momento dijo a los niños:

—¡Miren al niño de la piel oscura y traten de moverse como él!

A los niños les sirvió mirar los movimientos de Xochi y al poco rato todos estaban danzando mejor.

Para las niñas, caminar sin dejar caer el canastico era bastante difícil. La pobre Pilli tuvo que hacer mucho esfuerzo para sostenerlo en la cabeza y se le cayó en tres ocasiones.

—Esto tendrán que practicarlo muchas veces hasta hacerlo bien —dijo el maestro.

La clase de danza era deliciosa para los niños, gozaban moviendo su cuerpo y la música los llenaba de alegría.

Al despedirse, el maestro les dijo:

—iMañana vamos a danzar con el "aulos"!. Todos deben saber que las melodías tocadas en el aulos son en honor de nuestro dios Dyonisos! ¡Tú! —dijo señalando a Tolomeo—: tocarás mañana el aulos para danzar.

—iSí señor! —,contestó Tolomeo.

-Y tú —se dirigió el maestro a Xochi—. ¡Quédate para que veas cómo es la danza Pírrica! Me dijiste que no la conocías. ¿Verdad?

—¡Sí señor!

Los niños se retiraron; sólo se quedaron Tolomeo, otros dos niños, Xochi y Pilli.

Tolomeo y otro niño fueron a buscar escudo y lanza pues ésta era una danza guerrera y se hacía con las armas. El maestro, cuando los niños estuvieron listos, comenzó a dar golpes rítmicamente en el piso. Simulaban una lucha, el uno tratando de tocar con su lanza al otro y cubriéndose con el escudo. Todo era con movimientos aprendidos y ensayados muchas veces, de lo contrario habría sido muy peligroso. Xochi pensó, al ver esta danza, que las guerras entre los humanos deben ser terribles y por primera vez sintió miedo. Alguno de estos niños al equivocarse podría herir al otro. Tampoco quiso él hacer la danza Pírrica.

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La kítara

 

—Ahora, trata tú con Tolomeo —le dijo el maestro.

—Si usted me perdona, esta danza no la entiendo bien.

—¿Qué es lo que no entiendes?

—Me hizo sentir algo que nunca había sentido —dijo Xochi.

Pilli comprendió que Xochi, si continuaba iba hablar más de la cuenta, así que rápidamente se le acercó al oído y le dijo:

—¡No te metas en los asuntos de los hombres!

Xochi comprendió lo que quería decir Pilli y le dijo al maestro:

—Tal vez más adelante pueda ensayar esta danza; perdóneme usted, ahora estoy muy cansado.

—Bueno niño; ¿cómo te llamas? —dijo acariciándole la cabeza rizada.

—Me llamo Xochi y ella Pilli —dijo señalándola—. Le agradecemos que nos haya dejado asistir a su clase.

—Cuando quieran pueden volver.

—Gracias, maestro —dijeron los niños.

Salieron de la escuela y comenzaron a caminar lentamente. Era mediodía y había un calorcito delicioso que los hacía sentir sueño.

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