TOLOMEO

CAPÍTULO IV

Seguían caminando al lado de Tolomeo. De pronto éste les dijo:

—Quiero invitarlos a mi casa, para que conozcan a mi madre y a mis hermanos.

-¿Te gustaría ir Pilli? —le preguntó Xochi a la niña.

-Sí me gustaría; gracias, Tolomeo. También nos va a gustar conocer a tu familia. La casa de Tolomeo quedaba a quince minutos de la escuela. Era una casa muy linda, paredes pintadas de blanco y el frente lleno de flores. Al llegar, Tolomeo entró llamando:

-¡Madre, madre! He venido con unos amigos para que los conozcas.

¡Estoy aquí con los pequeños! —dijo la madre.

Tolomeo, Xochi y Pilli entraron en un cuarto amplio donde había muy pocos muebles. La madre de Tolomeo estaba jugando con dos niños pequeños, más o menos de dos años de edad. Eran gemelos exactos. Xochi y Pilli nunca habían visto nada igual pues los dioses nunca nacen gemelos. La madre saludó con afecto a los niños y ellos, más interesados en ver a los gemelos, le pidieron permiso para alzarlos. Pilli tomó uno en sus brazos y Xochi el otro; los miraron detenidamente, admirados de que fueran tan iguales. Jugaron con ellos largo rato y al final estaban todos de amigos.

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La madre de Tolomeo les dijo:

—¡Vayan a servirse algo de comer! Hoy por la tarde iremos a ver el entrenamiento de los muchachos que competirán en el "Agono" de abril. Han venido muy buenos auletistas y kitaristas, creo que van a ser muy bellas las competencias.

—¿Cuándo serán las competencias? —preguntó Pilli.

—Faltan solamente ocho días —respondió Tolomeo—. Yo voy a competir con el Aulos.

—¡Debe ser hermoso! Nos gustaría ver esas competencias.

—¡Cómo dijo que se llaman, señora? —preguntó Xochi.

—Se llaman Agonos y no solamente habrá competencias de música, sino también de danza, de poesía, de gimnasia y atletismo.

—Madre, Xochi y Pilli han venido desde muy lejos en un barco que tienen anclado en la playa. No tienen donde dormir mientras están en el Pireo. ¿Crees que podríamos alojarlos en nuestra casa por un tiempo?

—¿Y a qué han venido, queridos? —preguntó interesada la madre de Tolomeo.

—Hemos venido a conocer y a aprender sus costumbres —dijo Xochi muy serio.

—Bueno, creo que es una buena explicación —dijo la madre pensando para sus adentros: "¡Qué niños tan extraños y tan bellos, debemos ayudarles!".

—Pueden alojarse en mi casa, pero deberán ser tranquilos como Tolomeo; él les explicará nuestras costumbres.

—Claro que sí, madre. Xochi y Pilli: ¡Vamos a comer algo!

Los tres niños se dirigieron a la cocina donde un criado les sirvió guiso de cordero con panecillos.

—iEsto es delicioso! —dijo Xochi— Nunca lo había comido.

—Mi madre cocina muy bien. Seguramente este guiso lo preparó ella.

—Si está muy rico. ¡Yo quiero un poco más! —dijo Pilli.

Después de comer se sentaron en el patio de la casa debajo de un gran árbol. Allí estuvieron largo rato, acostados, mirando la luz del sol a través de las grandes hojas del árbol. Pilli se quedó dormida y los otros dos niños conversaron en voz baja para no despertarla.

El sol ya no era tan fuerte cuando la madre de Tolomeo les dijo que se prepararan para ir al entrenamiento de los concursantes que iban a participar en el Agono.

El lugar donde se celebrarían los juegos y las competencias quedaba un poco lejos. Cuando tenía que recorrer distancias largas, la familia de Tolomeo lo hacía en un coche pequeño, tirado por un hermoso caballo que vivía en un establo detrás de la casa. Tolomeo preparó el caballo y el coche, ayudado por el criado.

— ¡Ya estamos listos, madre!

Todos subieron al coche menos los gemelos, quienes se quedaron al cuidado de una criada.

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Tolomeo llevaba el "Diaulos" un instrumento musical de dos tubos, que se soplaba por una sola parte, así que daba dos sonidos al tiempo. Tocaba este instrumento desde muy pequeño; primero había comenzado tocando el aulos que era de un solo tubo, y luego el diaulos, de dos tubos y más difícil de tocar. Su madre era maestra de kítara y recibía a los alumnos en su casa; ella le había enseñado desde pequeño el amor por la música. Además, todos los niños en Grecia tenían que aprender a danzar, tocar un instrumento y cantar. La música era muy importante para todos porque las celebraciones del estado y religiosas se hacían siempre con música.

—¡Ya casi llegaremos! —dijo Tolomeo.

Primero atravesaron un bosque y al final de éste encontraron el templo y el teatro donde se celebrarían los concursos.

Tolomeo detuvo los caballos.

—Parece que hay bastante gente, madre. ¡Mejor nos apuramos! —dijo saltando del coche.

Todos bajaron y se dirigieron hacia el teatro. Pasaron por el frente de un templo hermosísimo con columnas de mármol altas y lisas. Xochi y Pulli tuvieron deseos de entrar per pensaron que después del ensayo podrían hacerlo más tranquilos.

El teatro quedaba al aire libre, en forma redonda, con muchas gradas para que el público se sentara.

En el centro estaba el escenario. Se sentaron en silencio, pues en el escenario habían varios jóvenes, cada uno con su kítara. Uno de ellos estaba tocando y le arrancaba a las cuerdas un sonido bellísimo. Desde la parte alta del teatro se veía muy bien; tenía una "acústica" perfecta. Los kitaristas fueron tocando uno por uno.

—Xochi, ¿cómo te parece? —preguntó Pilli en voz baja.

—iEstoy encantado. La kítara es bellísima!.

—La kítara la usamos en nuestro culto al dios Apolo, y el aulos en el culto a Dyonisos. Es muy importante para nosotros participar y llegar a ganar en estos concursos —les explicó Tolomeo.

Después de la kítara ensayaron los poetas, quienes cantaban sus poemas acompañados también de la kítara. Los acróbatas, los bailarines acompañados por el aulos o por la kítara, y finalmente, los auletistas. Era el turno de Tolomeo. Bajó corriendo las escaleras y subió al escenario; había seis auletistas. Todos tocaban muy bien y los sonidos del diaulos de Tolómeo, hicieron estremecer de emoción a Xochi y Pilli. La nariz de Xochi se puso muy roja. ¡Estos sonidos lo emocionaban profundamente!

— iToca bellísimo! —dijo Pilli.

—¡Sí..., sí..., —dijo Xochi agarrándose la nariz con la mano, pues la tenía muy roja y caliente.

— ¡Yo creo que él va a ganar!

—Yo también lo creo.

La madre de Tolomeo también estaba emocionada. El estaba muy bien preparado para el concurso y tenía posibilidades de ganar.

El ensayo terminó; se reunieron con Tolomeo y comenzaron a caminar hacia el coche. Al pasar por frente al templo, Xochi y Pilli dijeron que querían entrar a conocerlo.

Entraron solos al templo. Era un salón inmenso, hermosísimo por su sencillez. Sus columnas altísimas, y el altar del dios al fondo era lo único que había. El resto era aire, sólo aire, arriba y a los lados, pero un aire suave y tibio que hizo emocionar profundamente a los niños. Sus pasos resonaban en el silencio del templo.

—¡Es aquí donde adoran a sus dioses! —dijo Pilli.

—Sí, pero ellos tienen otros dioses diferentes a nosotros.

— ¡Quién sabe cuáles serán!

Xochi y Pilli se pararon junto al altar, pensaron en su padre y le agradecieron el haberlos dejado venir a la tierra de los hombres.

Al salir del templo estaban felices. Se habían sentido como en su casa, tal era la tranquilidad que se respiraba en el lugar sagrado.

Tomaron de nuevo el coche y se dirigieron al Puerto del Pireo. En el camino empezó a anochecer y cuando llegaron, estaba muy oscuro. Era la primera noche que pasaban los niños en la tierra de los hombres. Les pareció muy oscura; las estrellas estaban tan lejos que apenas se veían y no había esa luz azul de la noche en la tierra de los dioses. Se veía luz en las casas y cuando llegaron, en la casa de Tolomeo estaban encendidas dos antorchas a los lados de la puerta. Esto les extrañó mucho porque en su tierra no tenían que encender luces para alumbrarse; la noche no era tan oscura porque las estrellas alumbraban todos los rincones. Xochi y Pilli apenas se miraban, pero sin decir palabra.

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Para los niños, el día había pasado lleno de emociones; en la mañana habían llegado al Pireo y. . . ¡ya habían visto tantas cosas!

Después de la cena se retiraron a descansar. Xochi pensó antes de dormirse, en qué les podrían ayudar a los griegos; era difícil porque le parecía un pueblo muy adelantado, que amaba el arte casi como ellos, los dioses.

—Pilli, debemos pensar qué vamos a hacer por los griegos.

—Sí lo sé. ¡Ese es nuestro compromiso!

—Quiero que nos quedemos hasta las fiestas, ¿te parece bien?

—Sí, nos quedaremos hasta el Agono; mientras tanto, pensaremos qué debemos hacer —dijo Pilli— bostezando y cerrando los ojos.

Los días siguientes fueron también llenos de emociones. Cada día había nuevas sorpresas. Iban con Tolomeo a la escuela, danzaban y cantaban con todos los niños y aprendían muchas cosas. Tolomeo le dio algunas indicaciones a Xochi, sobre cómo tocar el Aulos y aprendió con tal rapidez, que dejó asombrado a Tolomeo.

—¡Tú me asombras, Xochi; con una indicación aprendes a tocar! Cuando mi
padre me enseñaba a tocar el aulos yo me demoraba más en aprender. ¡Parece como si ya lo hubieras tocado antes!

—¿Y dónde está tu padre? —preguntó Xochi cambiando de tema.

—Casi siempre los varones están lejos de sus familias, en la guerra. —Contestó con cierta tristeza Tolomeo—. Mi padre partió hace dos años, no conoce a mis hermanos; quién sabe cuándo volverá. Todos lo extrañamos mucho, especialmente mi madre. Cuando estábamos juntos, mi madre y él, tocaban la kítara y el aulos; también cantaban. Mi padre es un gran músico, pero también un gran guerrero, y debe ir a la guerra.

—Pero. . . ¿por qué hacen guerras? ¿por qué no pueden vivir en paz?

—Xochi, a veces no te entiendo. Siempre los hombres han hecho guerras, es una cosa natural, unos pueblos quieren conquistar a otros, por eso hacen las guerras. i Para conquistarlos!

—Para mí es muy difícil entender. ¡Perdóname!

—Eres un ser extraño Xochi. ¡No me has contado de qué lugar vienen tú y Pilli!

—Queremos ser tus amigos, simplemente. Tu tal vez no entenderías si te explicara de dónde venimos.

—Bueno, si no quieres decírmelo. —dijo Tolomeo un poco sentido.

Xochi puso una mano sobre el hombro de Tolomeo y lo miró a los ojos. Este comprendió que Xochi debía tener sus razones para no explicarle de dónde venían, así que no insistió más.

—¿En qué guerra se encuentra tu padre? —preguntó Xochi para hablar de otra cosa.

—El partió a luchar contra los persas.

—¿Y cuándo se terminará esa guerra?

—Nadie lo sabe —dijo tristemente Tolomeo—. ¡Deseo tanto volver a ver a mi padre! A veces no puedo recordar bien cómo es, pero otras lo veo claramente y oigo su voz y las melodías de su aulos.

La idea de que el padre de Tolomeo se encontrara en la guerra hacía tanto tiempo, y el deseo que todos tenían de que regresara, puso a pensar seriamente a Xochi en la forma de ayudarlos.

Una noche, antes de acostarse, le dijo a la niña:

—Pilli, ¿qué pudiéramos hacer para que termine esta guerra, entre griegos y persas, y así pueda volver el padre de Tolomeo?

—Creo que debemos pedir ayuda a nuestro padre. ¡El sabrá qué hacer!.

—Sí. iCreo que es lo mejor!

Los niños tomaron sus ayotl, cerraron los ojos y comenzaron a frotarlos con la mano; esta era una forma de comunicarse con su tierra y en particular con el padre de los dioses.

Al poco tiempo, vieron los niños la figura del padre de los dioses, delante de ellos.

—Padre, —dijeron Xochi y Pilli—. !Te saludamos!

El padre de los dioses les habló de esta manera:

—Hijos, sé para qué me han llamado; es muy importante lo que quieren hacer. Claro está que el padre de su amigo se sentirá feliz al regresar de la guerra, y hará muy feliz a su familia; pero, más importante que esto es tratar de que haya un poco de paz entre los hombres.

—Y, ¿cómo podremos hacerlo? —preguntó Pilli.

—Esta guerra con los persas no será tan corta, pero lo que sí se puede intentar es que haya paz por algún tiempo. Los motivos de esta guerra entre griegos y persas, son muy grandes y los dioses no podemos intervenir para cambiar su destino.

—Padre —dijo Xochi—. El regreso del padre de Tolomeo será muy importante para él y su familia y te agradecemos que ayudes a que se realice. También entendemos que es una ayuda muy pequeña, quisiéramos hacer algo más importante por todo el pueblo griego!

—Y. . . ¿qué han pensado?

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El Diaulos.

Algo relacionado con la música, algo así como lo que nos sucede a nosotros los dioses; ¡que el buen espíritu de la música se meta dentro de los niños y ayude a que estos sean mejores!

—Esto si que es un deseo muy importante. Creo que sí será posible, haciendo que algunos de los dioses ayuden.

—Nos hemos dado cuenta del amor que tienen los griegos por la música. Desde pequeños la practican. Si la música llegara a influir en la formación del carácter, los griegos podrían progresar más y algún día lograrían terminar las guerras.

—¡Acabar las guerras... Eso no será posible! —dijo pensativo el dios—. Los hombres siempre lucharán entre sí, eso está en su naturaleza. Pero lo que sí veo, es el porvenir de este gran pueblo. Desarrollarán una cultura muy completa, que será la base de la cultura de muchos otros pueblos. La cultura griega será recordada como la madre de otras culturas. No olviden que ustedes, aunque estén en la tierra de los hombres, pueden viajar sin fijarse en el tiempo; los ayotl los llevarán donde deseen.

—¡Gracias padre por tu protección y ayuda! —dijeron los niños.

—Cuídense y llámenme cuando quieran— dijo el padre de los dioses colocando su mano sobre el hombro de los niños.

—Así lo haremos, padre.

La figura del dios se fue desvaneciendo hasta que desapareció por completo.

Xochi y Pilli permanecieron callados, con la cabeza inclinada.

En silencio, se acostaron a esperar el día siguiente.

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