Colección Banco de la República

 


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El arte de América Latina
Por Gloria Cristina Samper


¿Qué es América Latina? Entre otras cosas, una invención que podemos reinventar.
                            Gerardo Mosquera, 2003


Con ocasión de la apertura de la exposición Arte en América Latina este mes con obras de la colección del Banco, vale la pena hacer una reflexión sobre lo que significa hablar de arte del continente y las discusiones teóricas que se han presentado alrededor del tema.

A pesar de ser un tema favorito para muchos de nosotros, es casi un absurdo el estudio del arte latinoamericano pues su misma definición no significa nada y muchas cosas al mismo tiempo. Al ver la introducción del libro Arte Latinoamericano del siglo XX de Edward Lucie Smith (uno de los textos de referencia sobre el tema a nivel mundial) entiende uno esta situación. A Lucie Smith le tocó delimitar las áreas geográficas en las cuales iba a trabajar dejando por fuera otros territorios de América Latina. ¿Por qué? Por simple arbitrariedad. Y es tal vez por simple arbitrariedad que el estudio del arte de nuestro continente se convirtió en una especialidad.

En un estudio del arte del siglo veinte es recurrente una división clara entre el arte occidental, es decir, aquel producido en los países europeos y en norte América y el arte estudiado por regiones, es decir, arte oriental, arte africano, arte latinoamericano, etc. Este esquema corresponde definitivamente al modelo clásico de estudio del arte en el que se considera un centro y una periferia. El centro es el viejo mundo occidental y la periferia es el resto del mundo, el otro, que existe por su relación con el centro.

Esta visión corresponde sensiblemente al desarrollo de la historia universal y, en nuestro caso, a la forma como se encontraron nuestros dos mundos: el viejo y el nuevo mundo. Los europeos llegaron a América con unas ideas muy claras y preconcebidas de cómo era nuestro mundo. El estudio inicial que se realizó de nuestras culturas tuvo como punto de partida la relación con el otro, desde los conocimientos adquiridos previamente por el yo, del centro del europeo. Como la realidad que se encontró no se adaptaba del todo a los patrones establecidos, entonces ella fue distorsionada en el camino para adaptarla, atribuyéndole un cierto exotismo adicional entre otras cosas. Un buen ejemplo para entender esto es una carta que le envía Hernán Cortés a Enrique V en la que se queja de no poder describir ciertas cosas impresionantes de América porque “no conozco las palabras con las que se conocen”.

Tal vez el primer intento de estudiar de manera global el arte del continente lo hace Marta Traba a inicio de los años 60 al publicar su libro La pintura nueva en Latinoamérica. Desde entonces, se han generado un sinnúmero de reflexiones al respecto y el marco teórico que ha acompañado el estudio del arte latinoamericano se ha ampliado y profundizado.

Aquel arte producido en la periferia es aquel que se estudia de manera territorial y ligado a nacionalidades. Así se ha entendido el arte latinoamericano. Pero ya es común que muchos críticos e historiadores se hayan hecho la pregunta de qué es arte latinoamericano: “¿En qué el arte de América latina es Latinoamericano? Esta es una pregunta que se me hace con frecuencia y de manera abrupta por colegas y nunca dejo de percibir en ella una cierta mala fe. Hace más o menos treinta años mi respuesta a esta pregunta hubiera comenzado así: El arte latinoamericano puede considerarse auténtico a partir del momento en que sus mejores artistas serán, por su talento, su imaginación, su sensibilidad y su capacidad de síntesis, capaces de crear una expresión única, en la cual nos reconozcamos y que no podría nacer en ninguna otra parte del tiempo o del espacio.” Esto lo afirmaba Damián Bayón, con ocasión de la exposición de arte latinoamericano en el Centro Pompidou en 1992 y subrayaba que desde entonces no ha cambiado sensiblemente de parecer.

Lo que sí es cierto es que al hacer un estudio del arte de América Latina hoy se tiene que tener en cuenta una visión global de la formación de nuestra cultura y no caer en errores de tipo sentimental, como fue el caso del indigenismo o de los artistas académicos del siglo 19, quienes se concentraron en una sola parte de nuestra cultura. Estas manifestaciones corresponden a una de las constantes del arte de esta región que es su permanente búsqueda de identidad. Saber quiénes somos, de donde venimos y recuperar todo esto fue durante mucho tiempo lo que movió la producción plástica del continente y la teoría sobre la misma. Se tuvo siempre en cuenta un deseo de ser nosotros mismos independientes y únicos sin abandonar del todo la ilusión de pertenecer a ese centro (que hoy se llama mainsteam) tan apetecido.

Fue entonces que se inició una circulación de doble vía: por un lado se mantenía esa voluntad de ir hacia dentro recuperando nuestro pasado y buscando en él lo más profundo de los orígenes culturales, pero al mismo tiempo se fue aceptando progresivamente la influencia multicultural (ya de más de 500 años) que se adhirió a nosotros para formar lo que somos hoy en día.

“La historia de nuestro arte puede entenderse como la de 500 años de resistencia”, afirma Pablo Herkenhoff. Es evidente que el Arte de América Latina se ha convertido en una especialidad de las prácticas curatoriales que ha inspirado una proliferación de exposiciones y catálogos por todo el mundo, pero esto mismo genera otro tipo de exclusiones y limites al diálogo y debemos preguntarnos junto con Henkerkoff “¿Cuál es el lugar de los críticos de arte latinoamericano e historiadores en esta nueva geografía del arte, donde el artista deja el ghetto? ¿Estarán desvinculados del mercado del arte competitivo? ¿Sus voces serán grabadas en el registro geográfico regional?”

Ha habido un cambio sustancial en la forma como se acerca al estudio teórico del arte latinoamericano: Si en los inicios se hablaba de conceptos como resistencia, socialización, anticolonialismo, y revolución (como se ve especialmente a los inicios del siglo), luego se adoptan conceptos más conciliadores como hibridación, articulación, negociación, descentralización, márgenes y apropiaciones.

En el último número de la revista Arte en Colombia, uno de los principales articuladores del estudio del arte latinoamericano, Gerardo Mosquera, hace una propuesta que da un giro renovador al tema. Mosquera nos propone pasar del arte latinoamericano al arte desde América Latina. Así, afirma que la cultura de América Latina ha padecido una neurosis de la identidad que no está curada por completo, pero que en realidad no se quiere curar. En vez de estar entrando a una negación del concepto creado de América Latina como están haciendo intelectuales sobre el concepto de África, lo que está sucediendo en el presente y lo que propone Mosquera hacer, es reinventarnos en ese concepto.

Si bien se considera este concepto una invención colonial, “la autoconciencia de pertenecer a una entidad histórico-cultural mal llamada América Latina se mantiene, pero problematizándola“. En efecto, para Mosquera hoy se evidencia un cambio de actitud frente al arte del continente en el sentido de que, por un lado, “está el proceso interno de superación de la neurosis de la identidad entre los artistas, críticos y curadores. Esto está trayendo una paz que permite una mayor concentración en la labor artística. Por otro lado, el arte latinoamericano comienza a apreciarse en cuanto arte sin apellidos. En vez de exigírsele declarar el contexto, se le reconoce cada vez más como participante en una práctica general”.

La exposición Arte en América Latina, además de ser una muestra que pretende descubrir piezas de la colección que estaban guardadas en los depósitos desde hacía varios años, y que sorprende por su variedad e importancia, nos permite seguir pensando en esta realidad que es el continente y descubrir el universo de esa invención que se para sola frente al mundo del arte. Nos permite igualmente verificar que no se necesitan, como diría Mosquera, apellidos para esta producción sino espacios desde donde producir. De allí que el título de la muestra no sea Nombre: Arte, apellido: Latinoamericano, sino Arte en América Latina.

 

 


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