Colección Banco de la República

 


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La Tate Gallery de Londres presenta a Doris Salcedo
Por Gloria Cristina Samper

Dentro de las diversas formas de exhibir las colecciones permanentes de los museos, ha predominado una histórica en la que el visitante recorre las salas como si estuviera de alguna manera recorriendo la historia del arte en un hilo de fechas en donde cada obra se relaciona con las demás porque las sucede o las precede. Muchas veces este sistema se altera para presentar la obra de un solo artista o una escuela o movimiento. Sin embargo allí también la mirada cronológica ha sido predominante.

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Vista de la Tate Modern desde el río támesis en Londres

En los últimos años, sin embargo, esta teoría ha venido variando por la necesidad de crear un acercamiento más directo con las obras y sus creadores. Los curadores y museográfos han buscado la manera para romper con esta tradición visual y lograr generar nuevas formas de ver el arte. Este es el caso de la recientemente inaugurada Tate Gallery Modern en Londres.

En efecto, la Tate resolvió exhibir su amplísima e importante colección de arte moderno (es decir aquella que abarca los finales del siglo 19 hasta nuestros días), en un edificio adecuado especialmente para estos efectos. En sus 4 pisos de galerías, se presenta la colección dividida de manera temática en las siguientes partes: Paisaje/Materia/Ambiente, Naturaleza muerta/Objeto/Vida real, Entre el cine y el lugar real, Desnudo/Acción/Cuerpo e Historia/Memoria/Sociedad.

Cada una de estas secciones ofrece la posibilidad de hacer una mirada más crítica en donde la relación que se crea entre las obras está mediada por un elemento temático que le otorga a cada pieza un contexto diferente al meramente histórico. Así, la exhibición de una obra de Matisse junto a un tríptico de Francis Bacon y una video-instalación de Sam Taylor Wood, produce apreciaciones de las obras tal vez más dirigidas pero que se extraen completamente de la tradición cronológica de apreciación. 

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Doris Salcedo
Unland: audible in the mouth
1998
Instalación en la Tate Modern de Londres

En la última sección, aquella de Historia/Memoria/Sociedad, se propone un acercamiento a las obras desde el punto de vista de su capacidad para expresar hechos históricos, como es el caso de las mujeres llorando de Picasso pintadas después del bombardeo de Guernica en 1937, y sobre todo desde el punto de vista de la evolución que tomó el arte histórico en el siglo veinte.

En efecto, es posible ver como si hasta finales del siglo XIX la pintura de relatos históricos era ampliamente aceptada y hacía referencia especialmente a hechos pasados, desde los inicios del siglo XX, esta concepción cambia de manera radical. Por un lado el artista se ve más involucrado en el relato casi periodístico de los hechos de su contemporaneidad, y por el otro la figura del héroe como aquel personaje que escribía la historia es cambiada por un héroe anónimo, por un personaje del común que es quien, con sus sufrimientos o actividades diarias, da forma a la historia real no relatada en los libros.

Es tal vez por esto que encontramos dos obras de la artista colombiana Doris Salcedo. “Unland: audible in the mouth”, 1998 y “Sin título”, 1995, expresan de manera delicada pero enfática un acercamiento a los hechos históricos y a la sociedad más ligado a la gente del común, que en el caso del conflicto en Colombia, son quienes escriben, en un anonimato desesperante, día a día la historia del país.

“Cada testigo de una muerte violenta de una persona querida experimenta la tragedia y, al igual que cualquier héroe trágico, su vida está definida por este encuentro con la muerte… Es en la tragedia donde lo puramente humano se manifiesta de manera más clara. El arte está íntimamente ligado a la tragedia”.  Con estas palabras, Doris Salcedo expresa su preocupación por captar en su obra los acontecimientos históricos que la rodean. Esto lo logra de manera muy clara y sin apasionamiento en una de sus obras de su serie “Unland” (Sin tierra). En ella la artista ha unido dos mesas rústicas y de madera poco trabajada. Al acercarse, se percibe la capa aterciopelada con que se encuentra cubierta una de ellas. Se trata de pelo humano que cubre en tiras cuidadosa y meticulosamente adheridas, la superficie de la mesa. Esta imagen de uno de los objetos más comunes del mobiliario de una casa, se ve alterada por la referencia a la presencia pasada de una persona cuyos restos se expresan por vestigios de su cuerpo. Cada obra de Salcedo se documenta en testimonios reales de personas que han sufrido el desplazamiento por la violencia y cuyas vidas se ven determinadas por las huellas que otras personas han dejado en ellas.

Además de sorprendernos por este montaje temático de la colección y encontrar en él una representación amplia de artistas de países latinoamericanos, entre los cuales la única colombiana es Salcedo, resulta reconfortante esta mirada alternativa de las obras en donde se rompe todo tipo de conceptos clásicos de fronteras nacionales, fronteras temporales y artísticas para encontrarnos con una amalgama de posibilidades de apreciación del arte de todos los tiempos.

 

 

 


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