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| El estudio de la historia del
arte tradicional generó una posición eurocentrista frente al arte en
general. Guiado por teorías de colonización, del centro y la periferia, del yo y el
otro, de la diferencia, se acostumbró a los investigadores del arte a revisar la historia
desde dos puntos de vista: el que se encuentra en el centro y el que se encuentra fuera de
este. Hasta la segunda guerra mundial este centro lo conformaban los países europeos
occidentales con una capital: París. Luego, con el estallido de la segunda guerra mundial a finales de los años 30 la fuerte emigración
de intelectuales hacia los Estados Unidos, hizo de Nueva York el nuevo centro de la
producción artística. Todos los demás territorios como Asia, Africa, América Latina e
inclusive otros países cercanos al centro pero no tan importantes culturalmente fueron
relegados a una periferia total y su historia fue siempre considerada como la historia del
otro. Por esto es tan frecuente que encuadremos el estudio del arte de nuestros países dentro de etiquetas como la del arte latinoamericano, sintiéndonos obligados a hacer una referencia geográfica para no caer en la "imprecisión" de incluirnos dentro del "arte universal". Afortunadamente esta tendencia comenzó a cambiar en las últimas décadas del siglo XX y se comenzó a descubrir el arte universal desde otros puntos de vista. Ya no podía considerarse un estudio del arte de una época específica restringiéndolo a un lugar geográfico determinado, sino que se comenzaron a revisar los polos de producción del arte en general. Esto hizo que muchos períodos dentro de la historia no coincidieran de región en región.Un ejemplo de esto es la modernidad. La llegada a la era moderna corresponde en el arte europeo a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en que los avances tecnológicos, sociales y económicos permitieron que el artista y el arte jugaran un papel diferente en la sociedad y se cuestionaran los modelos plásticos aplicados hasta entonces. |
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Tótem,
1957 |
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Esta modernidad, sin embargo, no llegó a América Latina al mismo tiempo. No existe una coincidencia cronológica entre los diferentes continentes y esto corresponde a que hubo momentos diferentes de desarrollo de cada área. Puede afirmarse que en América Latina no llegó la modernidad sino a partir de los años 30. Hubo varios artistas en diferentes países que permitieron que este quiebre con las formas tradicionales de producción se generara. Artistas como Andrés de Santamaría en Colombia, Pedro Figari y más tarde Torres García en el Uruguay, Armando Reverón en Venezuela o los muralistas mejicanos, fueron cada uno responsables de la generación de un cambio radical en la plástica de su país. Uno de estos artistas fue el cubano Wifredo Lam. Lam siguió una formación muy cercana a las corrientes europeas de vanguardia de principios de siglo y logró desarrollar una obra madura en su país en donde se refleja lo asimilado de la producción europea y lo inmerso en su cultura natal. Hoy en día es considerado uno de los artistas más destacados de la primera mitad del siglo XX en Latinoamérica y ha logrado una posición importante en la historia del arte universal. Con su particular forma de acercarse a su arte, logró plasmar el sentimiento de la modernidad europea adaptándolo a necesidades y situaciones específicas de su país de origen. Las raíces chinas paternas y afrocubanas maternas hicieron de Lam la personificación del exotismo y primitivismo que buscaban los artistas de las primeras vanguardias europeas con las cuales tuvo vínculos cercanos durante su estadía en París. Se relacionó con el movimiento cubista interesado especialmente por su interés en el arte africano. Así mismo se sintió atraído por el surrealismo, en el cual encontró la forma más libre de expresión. Lam se vio siempre atraído por España, fue muy cercano a Picasso quien le presentó a muchos de los intelectuales vinculados al surrealismo. En 1942, frente a las amenazas de las fuerzas nazi en Francia donde vivía, resuelve devolverse a Cuba donde producirá importantes obras cargadas de significados mitológicos, de imaginería indígena y de símbolos aborígenes. La colección de arte del Banco cuenta con varias obras de Wifredo Lam, unas de los años 70 y dos óleos sobre lienzo de los años 50 que se encuentran expuestos en la sala 6A de la Donación Botero y 3 de la colección permanente. En 1952 Lam se radica de manera definitiva en París y un año más tarde realiza Sin título de 1953 que corresponde a su producción madura. También Tótem de 1957 corresponde a esta época. En ellas Lam incorporó los elementos de un arte muy propio provenientes del sincretismo cultural que experimentó en el tiempo de su formación, con la herencia recibida del cubismo y el surrealismo. Se destacan en estas piezas sus habilidades como dibujante mediante las cuales logra transformar la figura humana en un personaje fantástico. La inclusión de elementos como la flecha, los colmillos y las plumas destacan su interés por la mitología primitiva afrocubana. Este elemento es resaltado por la utilización de una paleta reducida rica en marrones en un caso y tonos verde oscuros en otro. Resalta la mesticidad típica en su obra nacida de los encuentros y conflictos de numerosas historias, razas y continentes. Por este interés de producir una obra original y no derivada de los postulados precisos de ninguna corriente en especial, Lam logra trascender los límites de un movimiento y posicionarse como un artista que logró romper con una tradición, incluir en su arte elementos propios de su cultura y generar con esto una verdadera obra universal.
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Banco de la República |
Biblioteca Luis Angel Arango |
Museo del Oro |
Buzón |
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