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La vuelta de Nirma Zárate
Por Gloria cristina Samper
1968 es el año de los
estudiantes en Francia, un año en el cual se cristalizan desenfrenados argumentos y
manifestaciones en contra del sistema de educación nacional y situaciones políticas
mundiales. 1968 es también el año en que comienza a cerrarse una de las décadas más
movidas en el medio de arte para dar cabida a una nueva, menos agitada y cargada de
revolcones. Es en ese mismo año en que una artista nacida en Bogotá en 1936 produce su
Vuelta a Colombia
en bicicleta. Se trata de Nirma Zárate.
Según Germán Rubiano, durante los años sesenta se produce el cambio de equilibrio
entre los artistas abstractos y los figurativos. Si a comienzos del decenio muchos
jóvenes practican el expresionismo abstracto, a fines de los sesenta el empuje de la
figuración es cada vez más poderoso. Así, vemos como en 1962, Alejandro
Obregón pinta su Violencia
(actualmente expuesta en la sala 4 de la colección permanente), una obra que de alguna
manera marcará el inicio de una producción nacional preocupada por los temas sociales y
políticos.
La década del sesenta estuvo marcada no solamente por estos profundos cambios en el medio
del arte nacional, sino que evidenció el auge del arte Pop
en Estados Unidos y Europa. Una corriente que, cansada con el intelectualismo del expresionismo abstracto,
resuelve tomar un camino opuesto y abrir las puertas del arte a la cultura visual del
momento: la publicidad, productos de consumo masivo, el auge de la clase media con todas
sus comodidades e inventos, los colores planos agresivos y materiales
acrílicos y sintéticos. En síntesis: el acercamiento e integración real del arte con
la sociedad y la desmitificación del artista. Por otro lado, los años sesenta se ven
sacudidos por grandes crisis mundiales siendo dos de las más influyentes en América latina, la revolución cubana y la guerra de Vietnam. Todo
esto va a facilitar la proliferación del llamado arte político con gran presencia en
nuestro país.
Por su lado, los años setenta serán mucho menos movidos en este sentido aunque se verá
en ellos el desarrollo de muchos de los planteamientos realizados en la década anterior.
Podríamos afirmar que la obra de Nirma
Zárate evidencia esta transición entre las dos décadas, evidenciando, de alguna
manera, la fusión entre una marcada preocupación y compromiso por los temas sociales y
políticos con un lenguaje directamente heredado de la corriente pop.
En efecto, en 1972 Zárate funda junto con su esposo, Diego Arango,
el Taller 4 rojo que se convertirá en el mejor ejemplo de arte político de los
años 70. Para entonces Zárate ya se había especializado en la Real Academia de Artes de
Londres y había hecho estudios en arte en Nueva York e inicialmente en la Universidad de
los Andes. Ese mismo año representó a Colombia en la Bienal de Venecia. Por su lado,
Arango era antropólogo, filósofo y fotógrafo.
El taller se concentró en generar bocetos, litografías, serigrafías, foto serigrafías
y fotograbados que pretendían divulgar sus puntos ideológicos. Se acogieron para ello al
Llamado de los artistas latinoamericanos de 1972 con el cual se buscaba unir esfuerzos
para objetar toda forma de opresión cultural por parte de los imperialistas. Exhortaban
así a todo artista latinoamericano que tuviera conciencia revolucionaria a contribuir en
el rescate y la formación de nuestros propios valores, para así constituir un arte que
fuera el patrimonio de la gente y una expresión genuina de nuestra América. El taller no
solo producía obras sino que trabajó activamente en el campo de la docencia y la
publicación de la revista Alternativa en la cual hacían la diagramación y fotomontajes.
Estados Unidos se convirtió en el blanco principal de los señalamientos que hacían en
su obra. Subrayando sus ideas, las obras del Taller 4 rojo
no se exhibían en sitios capitalistas (galerías comerciales, museos, etc.)
sino que eran producidos en gran número para ser distribuidos de manera masiva entre
gente que, la mayoría de las veces, no era cercana al medio del arte. Tal vez una de las
imágenes más conocidas y más impactantes del taller es La agresión del
imperialismo de 1972. Se trata de un tríptico de serigrafías en las cuales se pone
en franca tensión la relación del pueblo vietnamita y el norteamericano. Se presentan
como una serie para ser leía de izquierda a derecha, en la cual se destaca el triunfo de
Vietnam sobre Estados Unidos mediante la progresiva desintegración de un billete de un
dólar en la parte superior, opuesto a la recuperación de una mujer vietnamita en la
parte inferior.
Llama la atención en esta obra, además de su fuerte denuncia política antiimperialista,
el lenguaje directamente heredado de la cultura pop (paradójicamente, de origen
norteamericano). Se recurre por un lado al fotomontaje, es decir a imágenes extraídas
directamente de los medios masivos y utilizadas en el contexto de la obra de arte.
Igualmente la utilización del color plano y composición sencilla permiten una clara
lectura del mensaje incorporado. Finalmente la presentación en tres cuadros continuos que
narran una corta historia o escena, nos remite al lenguaje del comic o tira cómica, tan
fuertemente desarrollada en las décadas del 60 y 70.
Lo que impresiona al revisar la obra de Zárate o por lo menos las dos piezas mencionadas
aquí (su obra posterior se enfocó hacia el desarrollo del papel hecho a mano), es su
refinamiento en la utilización de los medios con los que cuenta. En efecto, puede pasar
de hacer una denuncia muy puntual con medios de reproducción masiva e imágenes bien
estructuradas para contener en ellos un mensaje claro, a contener un lenguaje más local y
hasta pintoresco con la utilización de ciertos de los mismos recursos plásticos. Es el
caso de la obra mencionada al principio Vuelta a Colombia en bicicleta de 1968, tema sobre el cual produjo
otras piezas, como la de la colección Suramericana de Medellín.
Esta pieza, que estuvo exhibida durante un tiempo en la colección
permanente, es anterior a la producción del Taller 4 rojo y en ella se evidencia un
sentido más lúdico y un menor compromiso con la denuncia social. Se trata de cuatro
paneles de lienzo pintados al óleo y acrílico que son intercambiables y hacen referencia
a uno de los temas más populares de la cultura colombiana: el ciclismo. Con un gran
manejo del equilibrio del color y el recurso de un tema trivial o popular, Zárate en
estas piezas demuestra su destreza plástica y el legado recibido del arte pop
norteamericano. Son estas piezas las que presenta en el XX Salón de artistas nacionales,
en el cual obtiene el premio.
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