Álvaro Barrios

Una playa en La Boquilla, junto a Cartagena. Era enero, un enero ardiente. Me sentía solo, infeliz. No venía nadie, ningún amigo, ninguna mujer, ni una carta. Desde mi playa salvaje era testigo de un agitado tráfico de aviones. Nubes de jets en el cielo dejaban a su paso un temblor luminoso. El silbido de bala de cañón espantaba los alcatraces. Me divertía la mar con este juego inocente entre los pájaros y los ángeles de hierro. ¡Qué sol!

Cuando regresé al rancho de paja, Teresa Alegría me entregó un sobre que había dejado un "turista". Contenía el saludo de un tipo que me deseaba felicidad. El saludo estaba dibujado en tinta china. Eran unas alegorías extrañas, casi morbosas, que me impresionaron mucho. Al pie del alucinado dibujo había una firma: Álvaro Barrios.

No sabía quién era, no recordaba. Pero quien fuera el autor de esos "monos", era un artista. Intenté escribirle. Allá era imposible. Mi alma se había oxidado de tanta dicha. Mi cerebro era un kilo de arena ardiente. Y además, me alimentaba tres veces al día. Perfectamente idiotizado, era un horror. Guardé el mensaje en el fondo de la maleta, entre unas conchas. Me abandoné a mis orgías de sol y estupidez. Lo olvidé.

Unos meses después encontré el sobre amarillento. Ya era tiempo de volver a los asuntos del espíritu. Entonces le escribí al autor del saludo y él me contestó. Nos hicimos grandes amigos por correo. Y ahora, dos años después, nos conocimos en Bogotá el día de su exposición en la Galería Colseguros, para la que me pidió unas palabras. Yo se las dije. Esa noche, Álvaro Barrios cumplía los primeros veinte años de su vida.

Barrios nació en Barranquilla. Es uno de los artistas más lúcidos de mi generación. No sólo en pintura, es también escritor. Pero la literatura es para él una forma secundaria de comunicación, una vía más para tomar conciencia de sus valores.

Es dueño de un dinamismo insospechado: combina sus actividades pictóricas con estudios de arquitectura, y éstos con el proselitismo intelectual junto a X-504 y Alberto Sierra, la trilogía del nadaísmo costeño.

Barrios no necesitó de nadie para consagrarse, para ocupar el lugar que hoy tiene en la plástica colombiana. Todo se lo confió a su talento y al trabajo. Por su cuenta empezó a hacer circular sus bellos horrores en revistas extranjeras de literatura, donde no vacilaron en acogerlo como un descubrimiento. Las páginas de El Corno Emplumado, la mejor revista de poesía de vanguardia de América, están ilustradas por el joven Barrios, y allí alterna sus dibujos con la pluma de José Luis Cuevas, Pedro Alcántara y otros maestros de nuestra generación.

A pesar de su escandalosa juventud, su fama le ha ganado al tiempo. Los nadaístas somos impacientes, no tenemos tiempo de esperar, de confiar en el veredicto de la historia. Nuestra generación vive en el terror, con una bomba suspendida sobre el pelo. Nuestra aureola es un hongo, el de la bomba H. No creemos en la inmortalidad, no creemos en la historia. Esas patrañas son risibles. No estamos seguros de nada, ni de hoy. Cada paso es para nosotros el porvenir, sin saber qué hay más allá, sin importarnos lo que venga. Nuestro reino es este instante fugitivo que vivimos desorbitadamente, a contra-reloj, contra la siniestra eternidad. Nuestro arte proclama la muerte de la eternidad. ¡Muera la eternidad!

Vivir al máximo de tensión, crear vertiginosamente. Lo mismo que el gran Cassius Clay, exigimos la gloria para ya. Odiamos la vejez, la decadencia, los honores póstumos. Sólo así se explica que en plena alba belicosa, Barrios haya realizado innumerables exposiciones en todo el mapa: en la Galería Picasso de Medellín. En la Casa de la Cultura de Manizales. En el Centro Artístico de Barranquilla. En la Casa San Benito de Cartagena. En el Festival de Vanguardia de Cali. En el Festival de Arte Joven de Pereira. En salones colectivos: Salón Croydon, Salón Homenaje a Dante. Y ahora en el XVIII Salón Nacional.

Ganó el segundo premio en el Homenaje a Dante. Ese premio consiste en un viaje a Italia. Barrios se nos va un año para Roma. Irá a vivir, a estudiar pintura, a triunfar si puede. Claro que puede, su espíritu es guerrero, pariente de las olas: vive en movimiento. Por eso se va, acosado por una fuerza interior que lo impulsa lejos, a nuevas conquistas. Después volverá, impulsado por la misma fuerza de oscilación que lo restituirá a la lucha entre nosotros, al seno de esta hermosa generación que tiene en él a uno de sus más puros exponentes...

Pues Barrios, con su aventura estética, ha venido a turbar ese letargo de eternidad en que yacían las verdades del arte. Su obra testimonia nuestra época con un realismo alucinado, violento, penetrando las apariencias hasta sus secretos más arcanos, con un valor y una audacia de pirata del arte. Su pluma, más que dibuja, roe la realidad en busca de su esencia.

Nada ni nadie podrá atajarlo en su aventura, en estas exploraciones de su sensibilidad en busca de verdades nuevas, de nuevos símbolos. En sus cuadros nos ofrece una imagen maravillosa de nuestro tiempo, con sus absurdos, su demencia, su frivolidad, sus pesadillas, su cursilería sublime, su humor negro.

No necesito ser profeta para predecir que de su pluma está naciendo una de las obras más significativas del arte contemporáneo en Colombia. Por el momento diré que estos dibujos de Barrios afirman una verdad a partir de una negación: la que rechaza en nosotros y en la cultura una serie de valores difuntos, y asalta nuestra sensibilidad con la furia de su feura irreverente. En cierto sentido su pintura es atea, si esto puede expresar la rebeldía de un artista que concibe la realidad sin la bendición vicaria de los valores eternos, y la recrea a través de una subjetividad sin compromisos ni servidumbres con el objeto.

El ingreso de Barrios al arte de vanguardia habría que celebrarlo como la respuesta a una necesidad estética de nuestra generación lo mismo que hemos celebrado esa apoteosis de agresividad combativa, en el orden social, estético y erótico que representan Norman Mejía, Pedro Alcántara, Rendón, Granada y Salcedo. Sin olvidar a ese gran profeta de la subversión que es Fernando Botero.

El nadaísmo exigía ser expresado en ese lenguaje plástico aniquilante, que fuera equivalente de su rebelión literaria. Una estética de desafío, de agresión, de ignominia, de formas y significados violentos contra esa estética de jardinería burguesa que consiste en trasplantar la belleza de la raíz a la copa como si se tratara de la copulación decorativa entre una flor y su florero para producir el éxtasis de las almas y la eterna estupidez de la naturaleza.

Barrios, que es un espíritu a la moda de su tiempo, abrió su inspiración a la influencia Pop, como búsqueda de posibilidades creadoras. Su inquietud en todos los campos de la actividad de vanguardia es reveladora de la insumisión, de la crisis, del amotinamiento que caracteriza el espíritu nuevo, ávido de reconocerse en sus íntimas verdades revolucionarias. El ha creado su pintura del caos, reflejando su época con sus terrores, sus invenciones, sus mitos, sus conflictos: dando en cada cuadro la medida de su loca imaginación, y su implacable sentido de lo maravilloso. Glorifica lo cotidiano en dimensiones insólitas. Consagra la cursilería hasta límites dramáticos. Niega esas virtudes platónicas y estimativas de la sensiblería burguesa, y los idealismos estéticos de la cultura.

Es una pintura destinada a escandalizar, a horrorizar, a remover ese saldo trágico de conformismos yacentes que pudren el espíritu. Somos los artistas del terror, así como hubo los artistas del Renacimiento.

El nadaísmo es terror, o no será nada. No sólo arte: esa maravillosa flor efímera que nace entre las explosiones y la muerte, como un homenaje al absurdo del mundo.

Esta pintura de Barrios es turbadora, tierna, aterradora: en ella nos miramos y nos reconocemos, con asombro.

 

El reportaje
 

 

Álvaro Barrios: ¿qué es el Pop Art?
Es la modalidad artística que extrae de lo cotidiano los elementos para crear una obra, y que concede calidad estética a lo trivial, a lo superfluo, haciendo uso de la libertad de valoración que tiene todo artista.

¿Usted se considera, según eso, un Pop?
Yo soy un pintor nadaísta. Pero como el Pop es un arte de vanguardia, yo me identifico con él por razones que nada tienen que ver con la razón, sino con la sensibilidad, o como decían los surrealistas: con un cierto estado de furor.

¿Es el Pop un arte popular?
No hay que confundir el Pop con el folclor. Este sí es popular. En cambio el Pop es un arte serio, de humor negro y sutil, sólo para ser comprendido por una minoría. Aún en su seriedad, el Pop es un arte intrascendente.

¿Es el Pop una moda pasajera, o el arte del porvenir?
El futuro del Pop no me interesa. Yo evolucionaré hacia otras cosas mucho antes de que el Pop desaparezca, o degenere en academismo. Yo no me quedo en nada, me voy en busca de lo que vendrá, de lo que no existe todavía.

¿En qué radica actualmente la inspiración de su obra?
En relievar la tira cómica como un nuevo género de arte.

¿Busca con eso expresar plásticamente un cierto simbolismo?
Dar la imagen cruel y cursi de mi época, combinando la tragedia con el humor; la sátira con la poesía.

¿Existe en su obra una intención social revolucionaria?
El aspecto revolucionario de mi obra es plástico, no social. Sería ridículo pretender hacer revoluciones con un cuadro nadaísta o surrealista.

¿Existe en su pintura una influencia surrealista?
En el arte actual —y no sólo en la pintura sino en la literatura— se descubre la huella del surrealismo. Es un signo que ha marcado al arte de este siglo. Pero no se trata de un surrealismo estilo Breton, sino de estilo Pop, con el traje de 1966.

¿Cuáles son los artistas que más admira?
A Chester Gould, el autor de Dick Tracy, la tira cómica que ridiculiza el sistema de vida norteamericano. En Colombia admiro a Fernando Botero —para mí el mejor pintor— y entre los más nuevos a Norman Mejía, Pedro Alcántara y Bernardo Salcedo, a quienes considero artistas de mi generación.

¿Qué opinan ustedes los artistas Pop de Alejandro Obregón?
Obregón ha sido, es y será un gran pintor. Estará siempre en el movimiento y el cambio.

Usted alterna la pintura con una pasión secreta: la literatura. ¿Cuáles son sus cinco libros inolvidables?
El principito, Alicia en el país de las maravillas (de Carroll), La Biblia, la obra completa de Kafka, el Directorio telefónico de Barranquilla.

¿De qué pintor le gustaría tener un cuadro con dedicatoria?
De Chagali, sin dedicatoria.

¿Cuál es en este momento la gran ambición de su vida?
Aprender a tocar el trombofolino.

¿Cuál ha sido el mayor fracaso de su vida?
No haber podido aprender a tocar el trombofolino.

¿Si volviera a nacer, qué le gustaría ser?
Un trombofolinista.

¿De qué se siente orgulloso?
De tener veinte años.

¿Qué piensa de los celos?
Que activan las funciones de las glándulas endocrinas, y reducen el bocio exoftálmico, fuera de que regulan la tiroides.

¿Cometería por amor un crimen pasional?
Desde luego: la cogería por el cuello con una mano. Con la otra le metería trapos en la boca para que no gritara. La llevaría al sótano y la torturaría durante tres días. Después la picaría en pedacitos y me los comería.

¿Con quién le gustaría encontrarse en el infierno?
Con los nadaístas.

¿Con quién no le gustaría encontrarse en el cielo?
Con Álvaro Cepeda Samudio.

¿Qué hará en el siglo XXI, si está vivo?
Gastarme todo el - dinero que me gané el siglo XX.

¿A qué personaje le hubiera gustado hacerle un retrato?
A Jesucristo, ese gran poeta judío.

¿Qué valor tiene para usted la soledad?
Una mujer de treinta pesos.

¿En qué radica para usted la importancia del nadaísmo?
En que agrupa lo mejor de la vanguardia intelectual y artística del país.

¿Cómo definiría la pintura nadaísta?
Un cierto delirio plástico, sádico-morboso-y-masoquista.

¿Usted por qué "se convirtió" al nadaísmo?
Porque no creía en nada. Ahora creo en mi.

¿Qué esperanzas pone en el nadaísmo?
Ninguna. El nadaísmo es el que tiene puestas sus esperanzas en mi.

Cite una frase admirable.
"Álvaro Barrios es el mejor dibujante de América". La firman Marta Traba, Pablo Picasso, José Luis Cuevas y Pedro Alcántara. Advierto que se trata de una frase futurista.

Álvaro Barrios: defínase para la historia del arte.
"Entiéndese por Álvaro Barrios la parte que queda en blanco al final de una carta".

Cromos N°. 2564. Bogotá, noviembre 21 de 1966. pp. 61-63.

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