Reseña poesía: Revistas: propuestas y respuestas
Revistas: propuestas y respuestas
Revista Casa Silva
Núm. I (enero de 1988), Bogotá Gradiva
Núms. 1-5 (mayo de 1986-febrero de 1988), Bogotá
¿Cómo hablar de una revista? ¿Desde dónde y dentro
de qué parámetros? Las preguntas parten de la naturaleza misma del
objeto que nos sale al encuentro: esa publicación periódica que si
por una parte se asigna un ámbito específico (el de la economía, el
del arte o el de la política), por otra incorpora abundante
material de diversa índole; su lectura es el enfrentamiento con una
imagen panorámica o, mejor, con un mosaico. Entre las alternativas
que se presentan a fin de pronunciarse con respecto a una revista,
está la de considerarla dentro del contexto de su especialidad; así
las cosas, Gradiva, dirigida por Santiago Mutis D., y Revista Casa
Silva, a cargo de María Mercedes Carranza, podrían inscribirse en
el ámbito de las revistas literarias, y ser explora das a la luz de
las que se publican, por ejemplo, acá en Colombia. Si bien esta
perspectiva respeta el espacio que ellas mismas se adjudican, se
corre el riesgo de caer en un discurso comparativo basado en el
"qué hay en esta revista que no haya en aquéllas"y viceversa,
formulándose demandas que tal vez no coincidan con las pautas que
guían a cada una de estas publicaciones.
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Otra de las alternativas para responder al cómo, desde dónde y
según qué contexto abordar una revista, es precisamente
colocándonos en esas pautas rectoras: situándonos en las líneas que
dibujan Gradiva y Revista Casa Silva para seguir los hilos que
orientan sus contenidos y conforman sus propuestas. De allí surgirá
la respuesta a la lectura: la medida en que cada una de estas
revistas satisfaga o no las expectativas que ha creado. Pero hay
más. El hecho de que una y otra se hallen en manos de la misma
lectora, lleva inevitablemente a la conversación entre tres
interlocutoras, conversación a la que tras cada página se van
incorporando nuevas voces provenientes de distintos ángulos hasta
crear una amplia red tejida por variados discursos críticos y
manifestaciones artísticas. De esta tertulia nacen ideas que se
anotan, que se acercan entre sí o se distancian sobre el papel.
Porque en este diálogo entre las dos publicaciones, dados los
objetivos que persiguen y el espacio de donde surgen, existen
terrenos comunes y territorios privados. Revista Casa Silva es hija
del lugar donde viviera José Asunción durante los diez últimos años
de su vida (18861896); construcción de tiempos coloniales que fue
resucitada por la Corporación Barrio la Candelaria (alcaldía mayor
de Bogotá), a los noventa años del suicidio del poeta, y que
se orienta hacia la práctica y divulgación de la poesía a través de
talleres, conferencias y los servicios de consulta en su biblioteca
y fonoteca. La poesía es el eje y, como tal, Revista Casa Silva se
presenta como una muestra de las actividades realizadas en la casa
de la calle 14 con carrera cuarta. Gradiva, entre tanto, se
sostiene en la ilusión 'óptica de protagonista de la novela de W.
Jensen: en la silueta de mujer del relieve pompeyano, que es como
decir que se sostiene sobre las posibilidades de transformación
estética que se abrieron en los primeros decenios de este
siglo.
Seria desproporcionado afirmar que en estas revistas
se plasma la estética de estos últimos años: ya se mencionó la
forma en que se parcela un campo para fijar el objeto, a lo que
cabría agregar la orientación que cada uno de sus directores impone
a la publicación (Es sobre todo en Gradiva donde se
advierte este sello personal: allí se "lee" al Santiago Mutis que
se nutre tanto de la literatura como de las artes visuales, artes
que sirvieron de base a su libro de ensayos El visitante). No
obstante, considero válido plantear que en ambas revistas cobran
relieve las preocupaciones del arte y la crítica actuales, así como
los paradigmas a partir de los cuales uno y otro se estructuran en
Colombia y otros países. Paradigmas que, en cada una de estas
dimensiones, pueden ser generadores de una rica dinámica creativa
o, por el contrario, de lugares comunes.
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En la medida que Revista Casa Silva es el resultado de las
actividades realizadas en la sede a lo largo de año y medio, sus
contenidos tienen carácter de selección e incluye textos leídos por
conferencistas y poetas que presentan allí sus publicaciones
recientes. En este sentido, y siguiendo el hilo esencial de las
revistas literarias, se intenta, más que dar a conocer una
obra completa, introducir al lector (oyente) a nuevas obras de
poetas reconocidos (Giovanni Quessep, Darío Jaramillo A., Fernando
Charry Lara, entre otros) y a textos menos difundidos en Colombia
(como en el caso de la inclusión de los poetas venezolanos EH
Galindo, Luis García Morales, Gabriel Jiménez Emán). Aunque el
interés de la Casa Silva se extiende hacia la poesía mundial, la
muestra que presenta la revista se concentra en las letras
colombianas: se le abona la presencia de poetas jóvenes que
empiezan a publicar, como Carlos Bayona, Gonzalo Mallarino, Jaime
Villa y Medardo Arias, el último de los cuales fue el ganador del
premio nacional de poesía Universidad de Antioquia (1987), con
Luces de navegación.
Los ensayos compendiados en Revista Casa Silva son el punto de
partida para establecer el diálogo entre las dos revistas y
explorar nuestros paradigmas culturales y literarios. Sólo hay que
llegar a la página quince para hallar el primer eslabón: "La poesía
en Cien años de soledad" de Arturo Guerrero. García Márquez y su
obra son un punto de referencia necesario para abordar la
literatura colombiana y universal y ha sido evidente el viraje
estético que supone su aparición en la historia literaria. Ello
hace que sea cada vez mas difícil aludir a él y aportar algo que él
mismo u otros no hayan dicho; de hecho, el trabajo de A. Guerrero
se construye sobre entrevistas concedidas por el autor desde los
años cincuenta. Por supuesto que de Homero, Dante y Cervantes se
seguirá hablando, y que sobre la odisea de Don Quijote se escribirá
mientras pervivan las nociones de infierno y paraíso; sin embargo,
si los escritores colombianos "post-García Márquez" buscan
insistentemente una voz propia que los defina, ¿no deben
también los críticos distanciarse de un discurso que amenaza con
durar cien años?
Siguiendo eslabones y luego de una mención de aquellos tiempos
en que el mundo era tan nuevo "que muchas cosas carecían de nombre"
(esta vez con relación a Eduardo Zalamea en un ensayo -con vuelo y
coherencia- de Eduardo Jaramillo Z., R.C.S., 32) y de la referencia
al nuevo realismo de El amor en los tiempos del cólera (G., núms.
2,2), se encuentra otro espacio significativo para García Márquez;
y esta vez retomando su observación acerca de la necesidad de
forjarnos una tradición crítica y literaria seria. La afirmación es
el eje del texto de Francisco Sánchez Jiménez, quien, con miras a
superar esta anemia crítica, estructura una sólida revisión de la
narrativa colombiana: en "Críticas y ficciones" (G. núm. 2,51-61),
señala el valor de esas voces propias que se consolidan como nuevas
alternativas estéticas en las obras de Rojas Herazo, Germán
Espinosa y Moreno Durán.
Y con este último nombre llegamos a otro autor que se inscribe
cada vez más con paradigma de las letras colombianas; tal situación
se evidencia en la regularidad con que se edita su producción
literaria, así como en la aparición de sus ensayos (uno sobre J. A.
Silva, R.C.S.) y de fragmentos de sus obras (de Metropoli tanas en
la primera Gradiva), en los medios periódicos de divulgación.
También es el caso de Alvaro Mutis, quien continúa enriqueciendo
nuestro bagaje con nuevas obras (La mansión de Araucaima, La nieve
del almirante, Ilona llega con la lluvia), cuando paralelamente se
compendia su obra anterior, y sus planteamientos en torno a la
literatura se integran a la tradición. Con estos antecedentes, el
ser convocado insistentemente por Gradiva se torna redundante:
poemas, su prólogo a la obra de L. Zeller y tres notas sobre sus
últimos libros, así lo confirman. Claro está que el lector de
Gradiva podría preguntar el porqué no extender esta apreciación al
poeta y realizador de collages Ludwig Zeller, cuya obra invade la
revista; este asunto lo retomaré al seguir más adelante los pasos
de Gradiva.
Antes, me interesa continuar en el campo de las letras
colombianas y en aquellos aspectos que se mantienen vigentes en su
tradición y presentes en ambas publicaciones. Se trata de la
revista Mito y del nadaísmo: dos hitos que marcan la historia
literaria del país. La actualidad de quienes colaboraron en la
revista radica no sólo en que algunos de ellos continúen en su
actividad literaria, sino en el hecho, y aquí sigo a Darío
Jaramillo A., de que Mito sea el lugar donde se cancela la estética
modernista ("Poetas nacidos en los veintes", R.C.S.). y de aquellos
colaboradores que en un principio siguieron los lineamientos
carrancianos: (Pedro Cote, "La revista Mito", R.C.S.), pasamos a
los que, entre otras instancias y personas, la emprendieron contra
Carranza: los nadaístas o Fundadores o destructores, iconoclastas o
místicos, se persiste en evocar este espacio de escándalo; para la
muestra, los textos de Eduardo Escobar y Jotamario en Revista Casa
Silva.
Tras el orden en que nos instalamos, está la nostalgia de la
libertad creadora que se desencadena desde las últimas décadas del
siglo pasado y se concentra en las vanguardias, a las que se
adscriben muchas de las tendencias artísticas contemporáneas. Esta
oscilación entre el orden y el delirio, la metaforizan en Gradiva
las presencias de la mesura y contención del excelente poeta
libanés Georges Shehade, lúcidamente colocado al lado de Quessep
(G. núm. 2), departiendo con el exceso o la oscuridad de Ludwig
Zeller y Rimbaud.
El mito del poeta iluminado o el visionario, o el profeta
hechizado, pervive. En Gradiva y Revista Casa Silva, se filtra la
atracción que ejercen creadores como Silva y Barba Jacob (cfr.
C.S.), o los espíritus simbolistas, surrealistas y
vanguardistas que campean en la revista de S. Mutis, tanto en el
material literario como en el gráfico (Leonora Carrington, Alberto
Blanco, Peter Milton); por ello, sorprende que en esta última se
incluyan los Escolios de Nicolás Gómez Dávila, dos de los cuales
son suficientes para ilustrar dicha incoherencia: "El 'arte
moderno' parece aun vivo porque no ha sido reemplazado, no porque
no haya muerto"/ "Marxismo y psicoanálisis han sido los
dos cepos de la inteligencia moderna" (G., núm. 1).
Dentro del mapa en que se mueve Gradiva,quien visita a Francia
(Mallarmé, Verlaine, Rimbaud), a Cuba (textos de Eliseo Diego y
Cintio Vitier), a México (donde convergen L. Carrington, Remedios
Varo y llega Artaud) y a Colombia (escritos y entrevistas de/ a
nuetros autores), hay un desvío esencial hacia Canadá, donde vive
el chileno Ludwig Zeller. La obra de este artista es el paradigma
de esa corriente que aún fluye por las vertientes de la libre
asociación y el sueño, y a la vez, de la estética que predomina en
Gradiva. En esta medida, su constante presencia es el eje de la
estructuración orgánica de una revista donde quedan pocos cabos
sueltos, así como la aparición de una figura desconocida en
Colombia.
y las respuestas finales a las propuestas planteadas: el
estímulo a la reaparición, en Gradiva, de textos de la belleza y
calidad de aquellos escritos por Julio Olaciregui, Ricardo Cano G.
y Eduardo García Aguilar. y en Revista Casa Silva: incluir en esta
edición de lujo muestras que informen sobre el material valioso que
alberga la Casa de Poesía, ya no directamente relacionado con las
tertulias, como son las hermosas fotografías de poetas colombianos
que conforman su galería. Por otra parte, sería interesante abordar
el material que resulta de los talleres e idear un índice
onomástico que dé cuenta de los autores cuyas obras y grabaciones
integran su biblioteca y fonoteca.
ALICIA FAJARDO M.