Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseña poesía: Revistas: propuestas y respuestas

Revistas: propuestas y respuestas

Revista Casa Silva

Núm. I (enero de 1988), Bogotá Gradiva

Núms. 1-5 (mayo de 1986-febrero de 1988), Bogotá

¿Cómo hablar de una revista? ¿Desde dónde y dentro de qué parámetros? Las preguntas parten de la naturaleza misma del objeto que nos sale al encuentro: esa publicación periódica que si por una parte se asigna un ámbito específico (el de la economía, el del arte o el de la política), por otra incorpora abundante material de diversa índole; su lectura es el enfrentamiento con una imagen panorámica o, mejor, con un mosaico. Entre las alternativas que se presentan a fin de pronunciarse con respecto a una revista, está la de considerarla dentro del contexto de su especialidad; así las cosas, Gradiva, dirigida por Santiago Mutis D., y Revista Casa Silva, a cargo de María Mercedes Carranza, podrían inscribirse en el ámbito de las revistas literarias, y ser explora das a la luz de las que se publican, por ejemplo, acá en Colombia. Si bien esta perspectiva respeta el espacio que ellas mismas se adjudican, se corre el riesgo de caer en un discurso comparativo basado en el "qué hay en esta revista que no haya en aquéllas"y viceversa, formulándose demandas que tal vez no coincidan con las pautas que guían a cada una de estas publicaciones.

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Otra de las alternativas para responder al cómo, desde dónde y según qué contexto abordar una revista, es precisamente colocándonos en esas pautas rectoras: situándonos en las líneas que dibujan Gradiva y Revista Casa Silva para seguir los hilos que orientan sus contenidos y conforman sus propuestas. De allí surgirá la respuesta a la lectura: la medida en que cada una de estas revistas satisfaga o no las expectativas que ha creado. Pero hay más. El hecho de que una y otra se hallen en manos de la misma lectora, lleva inevitablemente a la conversación entre tres interlocutoras, conversación a la que tras cada página se van incorporando nuevas voces provenientes de distintos ángulos hasta crear una amplia red tejida por variados discursos críticos y manifestaciones artísticas. De esta tertulia nacen ideas que se anotan, que se acercan entre sí o se distancian sobre el papel.

Porque en este diálogo entre las dos publicaciones, dados los objetivos que persiguen y el espacio de donde surgen, existen terrenos comunes y territorios privados. Revista Casa Silva es hija del lugar donde viviera José Asunción durante los diez últimos años de su vida (18861896); construcción de tiempos coloniales que fue resucitada por la Corporación Barrio la Candelaria (alcaldía mayor de Bogotá), a los noventa años del suicidio del poeta, y que se orienta hacia la práctica y divulgación de la poesía a través de talleres, conferencias y los servicios de consulta en su biblioteca y fonoteca. La poesía es el eje y, como tal, Revista Casa Silva se presenta como una muestra de las actividades realizadas en la casa de la calle 14 con carrera cuarta. Gradiva, entre tanto, se sostiene en la ilusión 'óptica de protagonista de la novela de W. Jensen: en la silueta de mujer del relieve pompeyano, que es como decir que se sostiene sobre las posibilidades de transformación estética que se abrieron en los primeros decenios de este siglo.

Seria desproporcionado afirmar que en estas revistas se plasma la estética de estos últimos años: ya se mencionó la forma en que se parcela un campo para fijar el objeto, a lo que cabría agregar la orientación que cada uno de sus directores impone a la publicación  (Es sobre todo en Gradiva donde se advierte este sello personal: allí se "lee" al Santiago Mutis que se nutre tanto de la literatura como de las artes visuales, artes que sirvieron de base a su libro de ensayos El visitante). No obstante, considero válido plantear que en ambas revistas cobran relieve las preocupaciones del arte y la crítica actuales, así como los paradigmas a partir de los cuales uno y otro se estructuran en Colombia y otros países. Paradigmas que, en cada una de estas dimensiones, pueden ser generadores de una rica dinámica creativa o, por el contrario, de lugares comunes.

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En la medida que Revista Casa Silva es el resultado de las actividades realizadas en la sede a lo largo de año y medio, sus contenidos tienen carácter de selección e incluye textos leídos por conferencistas y poetas que presentan allí sus publicaciones recientes. En este sentido, y siguiendo el hilo esencial de las revistas literarias, se intenta, más que dar a conocer una obra completa, introducir al lector (oyente) a nuevas obras de poetas reconocidos (Giovanni Quessep, Darío Jaramillo A., Fernando Charry Lara, entre otros) y a textos menos difundidos en Colombia (como en el caso de la inclusión de los poetas venezolanos EH Galindo, Luis García Morales, Gabriel Jiménez Emán). Aunque el interés de la Casa Silva se extiende hacia la poesía mundial, la muestra que presenta la revista se concentra en las letras colombianas: se le abona la presencia de poetas jóvenes que empiezan a publicar, como Carlos Bayona, Gonzalo Mallarino, Jaime Villa y Medardo Arias, el último de los cuales fue el ganador del premio nacional de poesía Universidad de Antioquia (1987), con Luces de navegación.

Los ensayos compendiados en Revista Casa Silva son el punto de partida para establecer el diálogo entre las dos revistas y explorar nuestros paradigmas culturales y literarios. Sólo hay que llegar a la página quince para hallar el primer eslabón: "La poesía en Cien años de soledad" de Arturo Guerrero. García Márquez y su obra son un punto de referencia necesario para abordar la literatura colombiana y universal y ha sido evidente el viraje estético que supone su aparición en la historia literaria. Ello hace que sea cada vez mas difícil aludir a él y aportar algo que él mismo u otros no hayan dicho; de hecho, el trabajo de A. Guerrero se construye sobre entrevistas concedidas por el autor desde los años cincuenta. Por supuesto que de Homero, Dante y Cervantes se seguirá hablando, y que sobre la odisea de Don Quijote se escribirá mientras pervivan las nociones de infierno y paraíso; sin embargo, si los escritores colombianos "post-García Márquez" buscan insistentemente una voz propia que los defina, ¿no deben también los críticos distanciarse de un discurso que amenaza con durar cien años?

Siguiendo eslabones y luego de una mención de aquellos tiempos en que el mundo era tan nuevo "que muchas cosas carecían de nombre" (esta vez con relación a Eduardo Zalamea en un ensayo -con vuelo y coherencia- de Eduardo Jaramillo Z., R.C.S., 32) y de la referencia al nuevo realismo de El amor en los tiempos del cólera (G., núms. 2,2), se encuentra otro espacio significativo para García Márquez; y esta vez retomando su observación acerca de la necesidad de forjarnos una tradición crítica y literaria seria. La afirmación es el eje del texto de Francisco Sánchez Jiménez, quien, con miras a superar esta anemia crítica, estructura una sólida revisión de la narrativa colombiana: en "Críticas y ficciones" (G. núm. 2,51-61), señala el valor de esas voces propias que se consolidan como nuevas alternativas estéticas en las obras de Rojas Herazo, Germán Espinosa y Moreno Durán.

Y con este último nombre llegamos a otro autor que se inscribe cada vez más con paradigma de las letras colombianas; tal situación se evidencia en la regularidad con que se edita su producción literaria, así como en la aparición de sus ensayos (uno sobre J. A. Silva, R.C.S.) y de fragmentos de sus obras (de Metropoli tanas en la primera Gradiva), en los medios periódicos de divulgación. También es el caso de Alvaro Mutis, quien continúa enriqueciendo nuestro bagaje con nuevas obras (La mansión de Araucaima, La nieve del almirante, Ilona llega con la lluvia), cuando paralelamente se compendia su obra anterior, y sus planteamientos en torno a la literatura se integran a la tradición. Con estos antecedentes, el ser convocado insistentemente por Gradiva se torna redundante: poemas, su prólogo a la obra de L. Zeller y tres notas sobre sus últimos libros, así lo confirman. Claro está que el lector de Gradiva podría preguntar el porqué no extender esta apreciación al poeta y realizador de collages Ludwig Zeller, cuya obra invade la revista; este asunto lo retomaré al seguir más adelante los pasos de Gradiva.

Antes, me interesa continuar en el campo de las letras colombianas y en aquellos aspectos que se mantienen vigentes en su tradición y presentes en ambas publicaciones. Se trata de la revista Mito y del nadaísmo: dos hitos que marcan la historia literaria del país. La actualidad de quienes colaboraron en la revista radica no sólo en que algunos de ellos continúen en su actividad literaria, sino en el hecho, y aquí sigo a Darío Jaramillo A., de que Mito sea el lugar donde se cancela la estética modernista ("Poetas nacidos en los veintes", R.C.S.). y de aquellos colaboradores que en un principio siguieron los lineamientos carrancianos: (Pedro Cote, "La revista Mito", R.C.S.), pasamos a los que, entre otras instancias y personas, la emprendieron contra Carranza: los nadaístas o Fundadores o destructores, iconoclastas o místicos, se persiste en evocar este espacio de escándalo; para la muestra, los textos de Eduardo Escobar y Jotamario en Revista Casa Silva.

Tras el orden en que nos instalamos, está la nostalgia de la libertad creadora que se desencadena desde las últimas décadas del siglo pasado y se concentra en las vanguardias, a las que se adscriben muchas de las tendencias artísticas contemporáneas. Esta oscilación entre el orden y el delirio, la metaforizan en Gradiva las presencias de la mesura y contención del excelente poeta libanés Georges Shehade, lúcidamente colocado al lado de Quessep (G. núm. 2), departiendo con el exceso o la oscuridad de Ludwig Zeller y Rimbaud.

El mito del poeta iluminado o el visionario, o el profeta hechizado, pervive. En Gradiva y Revista Casa Silva, se filtra la atracción que ejercen creadores como Silva y Barba Jacob (cfr. C.S.), o los espíritus simbolistas, surrealistas y vanguardistas que campean en la revista de S. Mutis, tanto en el material literario como en el gráfico (Leonora Carrington, Alberto Blanco, Peter Milton); por ello, sorprende que en esta última se incluyan los Escolios de Nicolás Gómez Dávila, dos de los cuales son suficientes para ilustrar dicha incoherencia: "El 'arte moderno' parece aun vivo porque no ha sido reemplazado, no porque no haya muerto"/ "Marxismo y psicoanálisis han sido los dos cepos de la inteligencia moderna" (G., núm. 1).

Dentro del mapa en que se mueve Gradiva,quien visita a Francia (Mallarmé, Verlaine, Rimbaud), a Cuba (textos de Eliseo Diego y Cintio Vitier), a México (donde convergen L. Carrington, Remedios Varo y llega Artaud) y a Colombia (escritos y entrevistas de/ a nuetros autores), hay un desvío esencial hacia Canadá, donde vive el chileno Ludwig Zeller. La obra de este artista es el paradigma de esa corriente que aún fluye por las vertientes de la libre asociación y el sueño, y a la vez, de la estética que predomina en Gradiva. En esta medida, su constante presencia es el eje de la estructuración orgánica de una revista donde quedan pocos cabos sueltos, así como la aparición de una figura desconocida en Colombia.

y las respuestas finales a las propuestas planteadas: el estímulo a la reaparición, en Gradiva, de textos de la belleza y calidad de aquellos escritos por Julio Olaciregui, Ricardo Cano G. y Eduardo García Aguilar. y en Revista Casa Silva: incluir en esta edición de lujo muestras que informen sobre el material valioso que alberga la Casa de Poesía, ya no directamente relacionado con las tertulias, como son las hermosas fotografías de poetas colombianos que conforman su galería. Por otra parte, sería interesante abordar el material que resulta de los talleres e idear un índice onomástico que dé cuenta de los autores cuyas obras y grabaciones integran su biblioteca y fonoteca.

ALICIA FAJARDO M.