Reseña crítica literaria: El club de los corazones
despistados
El club de los corazones despistados
El nadaísmo colombíano
Armando Romero
Tercer Mundo/ Pluma, Bogotá, 1988
El nadaísmo cuenta ya con una bibliografía crítica más o menos
suculenta. y es la referencia obligada de cualquier estudio de
poesía colombiana a partir de los años sesenta l. Es el movimiento juvenil que abre las puertas a
un vitalismo ligado a los sucesos de aquellos días: en la historia
colombiana, un alto en la violencia política; en el contexto
latinoamericano, la preparación para la toma definitiva del poder
en Cuba por parte de los revolucionarios de Sierra Maestra; en el
ámbito internacional, cierto ablandamiento de la "guerra fría"
entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Estamos en 1958.
Diez años después vendrán el Mayo Francás, la Primavera de Praga,
la Plaza Tlatelolco. ¿Los Beatles ya habían regresado de las
Montañas de la Meditación?
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A treinta años del Primer Manifiesto Nadaísta, Armando Romero
edita un libro que es homenaje y recuento particular de algunos
hechos. Por algo será que el subtítulo es otra alternativa: "O la
búsqueda de una vanguardia poética". El autor no sólo traza su
crónica del nadaísmo, sino también quiere dejar sentado que se
trató de un movimiento van guardista. Ocupa un tercio del volumen
su indagación y el resto es una antología de doce poetas que abre
Gonzalo Arango y cierra el propio Armando Romero. Esta inclusión le
resta, como es de suponer, objetividad a determinados presupuestos
teóricos. El conjunto es de amena lectura. Ambas partes armonizan y
crean la necesidad de mutua confrontación; así uno puede (o debe,
mejor) situar los poemas en su salsa y ser menos severo con
algunos. Pero el autor sabe que su mirada es unilateral y se
apresura en el Prefacio a zanjar el inconveniente:
Sin embargo. esa participación activa no me impidió
entonces, ni ahora, establecer cierta distancia con el grupo
para desde
allí revisar y tratar de comprender, sin el apasionamiento
partidista, sus motivaciones y logros. De esta
objetividad crític apodrán dar juicio los mismos miembros del
grupo nadaista puesto que para algunos de ellos, los más,
fue durante algún tiempo una muestra clara de mi
desapasionamiento por el grupo o un producto
irreparable de mi timidez escénica. [pág. 10]
¿Auto de fe del crítico? Apasionamiento versus
desapasionamiento. Estrellato versus bambolinas. Esto pudo haberse
reducido al mero problema gramatical del uso de la primera o
tercera persona. Pero el lector sospecha que, pese a la confesión
de timidez, A.R. no supo o no pudo resistir la tentación de
incluirse en la antología. Sinceramente me parece un auto gol
metodológico y comentaré varios puntos del estudio preliminar que
pasarían ipso facto al entrecomillado.
De las vanguardias
Toda vanguardia artística ha tenido, por lo menos, un trío de
ramas que se pudrieron o robustecieron con los años. Al hablar de
vanguardia me refiero principalmente a los movimientos europeos de
las décadas del diez y del veinte de nuestro siglo. La primera gran
guerra polariza y luego disuelve los elementos en oposición: por un
lado la cultura burguesa, incapaz de detener la contienda; por
otro, la vanguardia como actitud moral y estética.
Las repercusiones de esos movimientos a este lado del planeta
demoraban un poco más de quince días (¡aquellos viajes a
vapor ya merced de los primeros submarinos!), porque evidentemente
las características sociales y políticas de nuestros países eran
otras. Ahora bien, después de la segunda guerra mundial se hace más
dificil -si no imposible- seguir hablando de vanguardias. McLuhan
explicaría el asunto en dos porrazos. Pero Hans Magnus Enzensberger
pinta la situación con fina pluma 2.
Aduce que, debido a los medios de información, el concepto de
"novedad" se torna obsoleto. Y la vanguardia vivía precisamente de
la sorpresa y era mejor si podía estirarla como un chicle el máximo
de tiempo posible. Octavio Paz opina incluso que asistimos al fin
de la noción de arte moderno 3.
En nuestro ámbito hispanoamericano el cosmopolitismo
vanguardista de esa hora guardaba no pocas semejanzas con la avidez
culturalista del modernismo. Esto huele a herejía, pero ni modo.
Son familias que se detestan -qué duda cabe- pero llevan la misma
sangre en las venas. Sin embargo, a diferencia del modernismo, la
vanguardia no buscaba asimilarse a la "cultura". Más bien su deseo
era destruirla conceptualmente o inutilizarla en la práctica. Y por
eso -aquí retomo lo del tronco y sus brazoshabría tres
características en toda vanguardia: a) los malabares, las
calaveradas, el alboroto; b) la escritura, el retórico vacilón con
sus problemas ídem; y c) la "historia negra" de las broncas y
expulsiones, los trapitos sucios, las prendas íntimas al sol para
que las viera el Buen Burgués (en este sentido, las vanguardias
agredían a la Cultura Oficial pero gozaban perversamente haciendo
público su propio exhibicionismo).
Duración de las vanguardias
Otro punto concerniente a las vanguardias es el de su duración.
Se dice por decir que el ultraísmo acabó cuando el joven Georgie
tomó sus bártulos y petacas y regresó a Buenos Aires (y lo picó el
fervor). O que el dadaísmo fue succionado por el surrealismo. Pero,
¿cuándo concluyó éste? ¿Acaso con la muerte de
Breton, a mediados de los sesenta? Quizá lo que importe más sea
(como siempre ocurre en literatura) la perdurabilidad de un estilo,
como dice la vieja y sabia preceptiva. Es el sello de una época: la
máquina, el pedaleo, la combustión futurista; el libre fluir del
inconsciente verbal, la escritura automática surrealista; el culto
a la imagen ultraísta. Sueños todos del ismo propio, ni más ni
menos. Alberto Hidalgo pensó que la vaina era fácil y se le ocurrió
el "simplismo", el cual desapareció con el poeta y su obra 4.
Otras veces la suerte de un ismo está cosida a la preponderancia
de escrituras opuestas. Cambian las coyunturas -como se suele decir
en política- y el humilde botón se transforma en abrigo. En España
es el caso del postismo de Carlos Edmundo de Ory (vivito y coleando
aún), cuya receta (humor, ingenio, absurdo, algo así como un
Herrera y Reissig con más locura) se explica como oposición a la
poesía de corte realista del decenio del 50 y un poco más.
¿Cuál es la retórica del nadaísmo? Pregunta complejísima
y sibilina. Si seguimos al pie de la letra la idea del fracaso como
forma de triunfo (A.R. la repite varias veces pero sin detenerse a
explicarnos los rasgos estilísticos), diremos que la fórmula
nadaísta termina reduciéndose a escribir como a uno le dé la gana.
Claro que cualquier tipo de escritura es tarde o temprano
codificada, por más anárquica que parezca. Y es que en el caso del
nadaísmo hay un problema previo: ¿cuándo cesan sus
pulsaciones? Armando Romero señala 1972 como la fecha de su receso
(pág. 9), pero sin aclarar por qué. Y en la Conclusión nos informa
que: el año pasado un contingente de la policía suspendió por
subversivo un recital de poesía que Jota Mario, Elmo Valencia, X504
y Eduardo Escobar iban a dictar en la Universidad Nacional de
Colombia, y los poetas fueron presos preventivamente [pág. 87]
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Dos cosas, al margen de lo de "dictar un recital" (¿así
se dice en Colombia?) y de "fueron presos preventivamente" (es
decir, ¿fueron apresados y estuvieron en la comisaría por un
lapso no muy prolongado?). Primera: ¿cuál es el año pasado?
Si el Prefacio está fechado en marzo de 1985, ¿los hechos
ocurrieron el 84, como habría que intuir? Segunda: ¿no era
que X-504 se había convertido en Jaime Jaramillo Escobar hace ya
tiempo? Estas observaciones maniáticas encuentran su motivo en la
exposición de A.R., sobre todo cuando se inclina a hablar del
nadaísmo en uno de los lenguajes del nadaísmo: el escándalo. Creo
que A.R. hace una tormenta de un vaso de agua. Y es que la rama del
escándalo resiste tal vez un par de podadas y luego pasa al
anecdotario, lo mismo que las cachetadas y alaridos al interior del
grupo 5. Queda -si es que algo ha de
quedar- la escritura, que brilla con luz propia o es confinada al
archivo. La mayor parte de los poemas que acompañan la crónica de
Armando Romero adolecen de la marca de época y es por eso que sólo
en una recreación de este tipo, vale decir, gracias al contexto en
que se encuentran, vuelven a subir los bonos de su sentido
poético.
Una experiencia en voz alta
El nadaísmo ha sido, en efecto, el movimiento de mayor
importancia en Hispanoamérica en la segunda mitad del siglo.
Evitemos el término vanguardia. ¿Tiene acaso un legado
extracolombiano el nadaísmo? 6 Armando
Romero menciona revistas como El Corno Emplumado, de México, entre
otras (O Cruzeiro no es una revista de literatura, para empezar),
pero esta circulación de nadaísmo como producto tiene que ver
específicamente con las "actividades de difusión y propaganda"
(pág. 57). Los alcances de una vanguardia literaria se medirían por
la aceptación de una retórica, y esto es algo que jamás intenta (ni
tiene por qué) demostrar A.R. y se debe a que el nadaísmo, repito,
fue el más importante movimiento vitalista-literario (añado) porque
fue el único, aunque no precisamente el último 7. El grupo que nació en Medellín tenía más lazos
con las pandillas de rocanroleros de los años cincuenta (Marlon
Brando al frente de las motos con su negra casaca) que con la Beat
Generation 8. Esta les cayó de
carambola o -para ponernos místicos, como el último Gonzalo Arango
les fue dada por añadidura.
El nadaísmo, pues, en cuanto a escritura poética se refiere,
resulta ser una fuente paisa, un sancocho campesino en donde entra
de todo y hay de todo para todos los gustos, sí señor.
¿Alguien ha reparado en la parquedad de la denominación (el
ismo es nada) y en la superabundancia de producción de este grupo
que, según A.R., tiene su "literatura y filosofía particulares"
(pág. 9)? Esa producción es casi la traslación inmediata de una
oralidad juvenil que explota en un momento determinado y se gesta
la reacción en cadena.
Con la distancia que otorgan los años, la mejor aproximación
(con evaluación más) al nadaísmo habría sido la de un exmiembro con
baterías cargadas de nostalgia y sobre todo de humor, mucho humor.
Pienso en los poemas de Jaime Jaramillo Escobar que aluden a su
compinche Jotamario: respeto en tono de burla, y viceversa 9. Y éstos son los poetas que han sobrevivido
en sus obras a los vendavales de tinta del nadaísmo. Quiero decir
que sus poemas maceraron en el nadaísmo, pero ya no requieren de
éste para justificarse (como sería el caso del resto de poetas
-salvo Eduardo Escobar, en cierta medida- que conforman la
antología). El problema le compete a la mirada crítica. Armando
Romero se toma muy en serio su tarea 10. Esa fe en la poesía, digamos, resulta
perfectamente recomendable; pero en este caso específico adquiere
otro cariz. Insiste en que no debió meterse en la antología
(¿qué diría Pinocho de la declaración de timidez?). En este
sentido, la seriedad de A. R. pierde clientes. ¿Y cómo
esbozar una sonrisa cuando uno aparece entre los ingredientes del
pastel que se critica?
Distinciones
Veamos algunos flancos abiertos en el estudio de A.R. que tal
vez la ironía hubiera protegido.
Casi al comenzar su exposición le lanza una pulla a la retórica
crítica colombiana. Hablando de Eduardo Castillo, dice: "... dejó
una obra de delicado sabor y luz tenue, para decirlo a la manera de
la crítica colombiana" (pág. 14). Muy bien, entendemos que la
óptica tradicional es impresionista. Pero, ¿qué ocurre
cuando mucho después, refiriéndose a Gonzalo Arango, declara:"...
ahora que él se pasea por las avenidas del cielo, los
poetas nadaistas desoxidan sus máquinas y sus cortaplumas ...
" (pág. 87)? ¿Fue adrede el uso de la metáfora? No lo
sabemos. En todo caso, me quedo con la escritura impresionista.
Si bien A.R. intenta tomar distancia frente a la manera de
expresarse de esa crítica, no sucede lo mismo con algunos conceptos
que el autor emplea y repite absolutamente desprejuiciado:
... esa cara de país católico y conservador por
excelencia. [pág. 11]
Colombia es conservadora, clerical y atrasada. Siempre lo
ha sido, por lo demás. [pág. 19]
. . . un pueblo estupidizado, analfabeto e ignorante como
el colombiano. [pág. 24]
Mito parte en dos a Colombia, deja atrás un mundo de
fanáticos casposos y académicos artríticos . . . [pág. 25]
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El que estas afirmaciones queden en el aire, como
sobreentendidas por todos, es lo de menos. El problema surge cuando
uno se pregunta por qué se vuelve tan necesaria la polarización a
estas alturas, cuando tánta agua ha corrido. ¿Es que sólo a
través de la polarización es posible definir al nadaísmo? Creo que
aquí se mezclan dos niveles, el de la escritura poética (que
debería prevalecer) y el del careo cultural (que debería ser el
telón de fondo, con sus nubecillas católicas como peldaños para el
ascenso de Gonzalo Arango a las autopistas del firmamento,
¿no?). De hecho hay una postura que quiere distinguirse de
la forma en que se ha escrito la Historia: "Declarado el estado de
sitio y perturbado el orden público, como suelen decir los libros
de historia colombiana ... "(pág. 30). Pero hay momentos en los que
el autor no le hace probar la misma medicina a la historia hecha o
escrita o inventada por los nadaístas. Cuando relata que la
catedral de Cali "permanece custodiada durante meses por el
ejército" (pág. 41) para impedir más actos sacrílegos de los
mataperros y traviesos muchachotes (los adjetivos y el sustantivo
son ahora míos, no de A.R.), la escena me resulta un tanto
exagerada. La cita que viene de inmediato (de El Espectador, 13 de
julio de 1959) habla nada más de la muerte del obispo de Cali. Péro
a mí, como lector desconfiado, me habría gustado saber cuántos
soldados resguardaron la catedral y si estaban armados y habían
levantado barricadas. ¿Cuántos meses duró la vigilancia y
por qué cesó?
El otro dato tiene que ver directamente con el fundador del
nadaísmo. Escribe Romero que por extrañas conexiones
que
todavía no se han dilucidado muy bien, [Gonzalo Arango ]
es invitado a bautizar el buque escuela de la Armada
Nacional, el Gloria, con un discurso poético. [pág. 66].
¿Y por qué "no se han dilucidado" las causas? ¿En
qué consiste el misterio? ¿Por qué no lo averiguó el propio
A.R.?
Estos han sido, pues, flancos de orden expositivo.
Una probable definición
Si el nadaísmo fue la vanguardia que no tuvo Colombia, como
intenta probar A.R., ¿cómo así el fracaso, "su arma de
batalla" (pág. 37), lo conduce finalmente a la consagración?
Esto se desprende de la oposición empleada para definir al
nadaísmo, pero no aclara en ningún momento los mecanismos (aparte
de las maniobras publicitarias) que transforman una marginalidad
militante en casi oficialidad respetada. Son las palabras finales
del estudio de Armando Romero: "ganan premios de literatura, son
estudiados en los colegios, se emborrachan en los bares
intelectuales de Bogotá (y en los nointelectuales también)" (pág.
87). Esta toma de locales -colegios, bares, hasta premios-,
¿era el Diploma Poético que anhelaba el nadaísmo? Por la
crónica de A.R. parecería que sí, pues en varios momentos menciona
"etapas" (págs. 55 y 82) como amparándose en un criterio
evolutivo.
Romero explica que es la "primera vez que un movimiento de tipo
intelectual va hacia la capital ya formado" (pág. 39, subrayado
mío). Sin embargo, páginas adelante, cambia el perfil: "los
nadaístas tenían que aprenderlo todo casi por primera vez" (pág.
71). ¿Aprenderlo todo antes del asalto a la capital?
Los mejores momentos de esta visión personal son los que se dan
la mano con la descripción política de entonces. Acá Romero tiene
observaciones precisas: " . . . es en este interregno entre
militares y civiles, en 1958, año denominado como el de la segunda
tregua de la violencia, cuando surge el nadaísmo (pág. 32). El
cambio de una economía tradicional, agraria, a una industrializada
(¿la modernidad, entonces?) crea las condiciones, "el caldo
de cultivo para un movimiento como el nadaísta" (pág. 30).
Exactamente. Pero, ¿cómo definirlo? Se trataría de un grupo
con las tres características de toda vanguardia: 1) alharaca, 2)
puñetazos, 3) escritura (en ese orden, para el caso). ¿Las
condiciones? Estos datos habrían quedado mejor engarzados con la
literatura si el autor hubiera establecido ciertas analogías con la
historia de las vanguardias europeas. Así veríamos cómo la punta de
lanza de la "Colombia actual" (pág. 30) provocaba, en el plano
literario, una reacción contra la imagen demagógica o populachera
que exponía o le era útil a la Cultura Oficial. Del Medellín
conservador surge la respuesta. De padres cojos, hijos bailarines.
Medellín es también la tierra del billete y de la pujanza
empresarial. ¿Cuál sería el nexo? Principalmente la
publicidad en dos sentidos: como medio de información (decisivo en
la historia colombiana; y si no, piénsese en las transmisiones de
abril de 1948), pero sobre todo como forma independiente de
manipulación 11. Lo que a Romero parece no sorprenderle es la
incorporación del nadaísmo a la oficialidad. Incluso la celebra,
como ya vimos. He aquí el gran matiz semántico y práctico: la
asimilación (tarde o temprano toda escritura vanguardista es
asumida como fórmula y vitoreada) frente a los afanes de figuración
para sentarse un día en el trono, a la diestra -por qué no- de
Guillermo Valencia. Hablo-no-tan-merafóricamente-que-digamos. Y
esto en razón de la ausencia de un decálogo retórico nadaísta, o
cosa que se le pareciera. En cambio el orgullo de Valencia
resultaría más tangible: estaba metido de pies y cabeza en el
modernismo. Y ahora creo que la comparación con los pandilleros de
Marlon Brando viene de nuevo a pelo (o montada en moto). Armando
Romero, siguiéndole los pasos o las etapas al nadaísmo, insinuará
las adaptaciones constantes al signo de los tiempos:
Los nadaístas corrían el peligro de ponerse viejos en plena
juventud, de tal manera que se fueron a los bares a seguir fumando
marihuana pero ahora con la música de los Beatles, la poesía de Bob
Dylan y toda la onda de fiesta de flores con LSD y peyote. [pág.
65].
Atinadísima descripción y clave para entender que la
preocupación era más vital que literaria. Porque, valgan verdades,
los nadaístas no se abocaron a la postulación de una manera
expresiva. Y es que a cualquier pandilla de barrio le ocurre lo
mismo, pues tiene sus anécdotas, su cuarto de hora épico y sus
expulsiones. ¿Y la escritura? No hablo de hacerlo o no (los
nadaístas escribieron profusamente, pero también los editorialistas
de un diario o los cronistas deportivos o de la sección de
policiales lo hacen), sino de plantearse la escritura como un fin
estético. Si a los palomillas de las esquinas de comienzos de los
sesenta les hubieran dado papel y lápiz tendríamos probablemente
más letras como las de Enrique Guzmán (" Adiós mundo cruel ...
") y César Costa ("Todos dicen que ella es mala ...
"). Con esto quiero indicar que una cosa es ventilar un
ambiente y otra, muy distinta, establecer una poética. Ahí está el
talón de aquiles de los nadaístas. A pesar de tantas páginas, hubo
poca reflexión de peso (aunque sí mucho sabor picante y humor, que
en algo lustraba ese terror de la juventud a la muerte, a la
locura, primos hermanos de James Dean). En este asunto vuelve A.R.
a pisar el palito, con una ambigüedad tremenda:
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Pero si algo caracterizó al nadaismo por estos años fue el
trabajo constante, a pesar del cacareado ocio purificador, y
la autocrítica despiadada y constructiva, a pesar de la
publicitada facilidad de su quehacer poético.
[pág. 77, subrayado mío]
¿Autocritica despiadada? ¿Respecto a qué y con qué
argumentos? ¿De qué tipo de estructura verbal podía hacer
gala? "Su estilo -insiste A.R.- trata de ser directo, sin los
recargamientos consabidos de los maniáticos poetas y prosistas
colombianos, pero lo aplasta un continuo y pesado filosofar
interno" (pág. 71). Si por filosofar entiende A.R. el
cotorreo, estamos de acuerdo. Pero sí que campeaba otro
recargamiento. Hay que tener agallas para soplarse ahora un texto
como Extraña visión (págs. 237-244) de Elmo Valencia. No hablo de
cualidades ni defectos; opino sencillamente que el contexto ha
variado y tanto el lector como el auditorio tienen afectos ajenos a
la parafernalia del 60. Lo mismo sucedería con Los sinónimos de la
angustia (págs. 247258), de A. Escobar. Ambos poemas pertenecen al
ímpetu vitalista de la época y requerirían un espectáculo cercano
al happening y a lo sagrado (volveremos a este sentido).
Siguiendo el razonamiento, diría que los nadaístas no podían ser
vanguardistas por más que se lo propusieran. Fueron, eso sí, los
que cogieron la escoba y barrieron la sala de baile y convocaron a
una pachanga distinta. Pero no llegaron a construir otra morada, la
nueva lengua poética.
Una metáfora útil
La esfera de lo sagrado nos remite a la noción de desplazamiento
que A.R. emplea en su estudio. Los nadaístas tomaron la capital y
los cafés, "tradición que nos viene de Europa" (pág. 38).
Pronto se desplazarán a "los bares y a los prostíbulos"
(pág. 38). Este último espacio interesa sobremanera, porque en la
crónica de A.R. permanece como un talismán en claroscuro:
... donde se aprendía, en boca de locos, eruditos, borrachos,
prostitutas y poetas de todo estilo, una manera ácida de ver la
vida. [pág. 39, subrayado mío]
... su arte fue emergiendo de dentro del escándalo, las
borracheras, los prostíbulos, las cárceles. . . [pág. 70, subrayado
mío].
Lo que no especifica es en qué sentido se convirtieron los
prostíbulos en ¿talleres de poesía?, ¿tertulias? La
metáfora del prostíbulo la utilizaba (no sé si él la inventaría)
William Faulkner para señalarlo como el lugar ad hoc para un
narrador. Durante el día se observa una perfecta calma y temprano
en la tarde empieza la jarana y el movimiento y ahí se pueden
pescar las mejores historias. Quizás cuando A.R. habla de
prostíbulos lo haga por oposición a los recintos sacros por
excelencia:
. . . las primeras piedras de escándalo contra la sociedad
colombiana, dirigidas a uno de sus puntos más vulnerables e
intocables: la religión católica. [pág. 39]
Pero el prostíbulo no es más que la otra cara de una sociedad
tradicional. Es su doble en negativo. Así, la prostituta encarna
los valores de signo inverso que la dama de alcurnia reprime
12. Hablamos de extremos, pero en las
fronteras simbólicas tales extremos poseen una significación real.
Ahora bien: acogerse a uno de ellos -el oculto, el prohibido- no es
garantía de darle vuelta a la tortilla o de estar reventando los
códigos (y menos los literarios).
En el desplazamiento de los nadaístas (propuesto por A.R.) vemos
que hay un largo rodeo a manera de expiación cristiana: 1) de la
provincia a la capital; 2) de los bares de la capital a sus
prostíbulos y cárceles (se anticiparon a la salsa de Fruko:
"El preso"); y 3) el camino opuesto: del desprecio y
pavor a la coronación. Acerca de las ansias de figuración por vía
del escándalo, ya todo lo dice A.R. cuando enjuicia el
"Manifiesto capital: las promesas de Prometeo" (El
Espectador, 10 de marzo de 1963):
"Directamente, sin tapujos, [Gonzalo Arango] desmonta ante
los ojos de los lectores la maquinaria publicitaria que había
levantado ... " (pág. 62). Esta rasgadura de vestimentas sería
la evidencia de que "una dirección eminentemente literaria no
formaba parte de los presupuestos del nadaísmo" (pág. 55). El
bofetón al burgués tendría entonces mucho de súplica y exigencia de
aceptación. El análisis del escándalo nadaísta serviría para
desmenuzar todas las contradicciones de las que camaleónicamente se
nutrió. A los muchachos les faltaba un Sargento Pimienta que
pusiera orden. Por lo visto, Gonzalo Arango era puro bobo, es
decir, todo corazón con sus correligionarios, pero ahí no más
terminaba el contrato de la orquesta. Un agitador espectacular pero
no la cabeza fría sobre el papel que habría necesitado el grupo.
Pero, ¿la necesitaría en realidad?
Coda
Hay que leer El nadaismo colombiano como un testimonio personal.
De hecho, la selección de poemas es producto de un análogo interés.
Pero es suficiente para detectar lo que de una escritura (con pocas
reglas) ha quedado. Y así ya cumple un cometido con creces. Si los
nadaístas escribían como les viniera la inspiración, lo cierto es
que en su conjunto esta poesía ofrece un tramado de alusiones y
referencias que constituyen la compota de su época 13. Hace falta, pues, una lectura a partir de los
poemas y no sólo del anecdotario.
El libro de Armando Romero da el primer paso.
EDGAR O'HARA
1
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Destacan los artículos de J.O. Cobo Borda ("El nadaismo
1958-1963", cf. Eco, núm. triple 224-226, Bogotá, junio-agosto de
1980) y Darío Jaramillo Agudelo ("La poesia nadaista", cf. Revista
Iberoamericana, núms. 128-129, University of Pittsburgh,
julio-diciembre de 1984). Y también los que aluden
retrospectivamente al movimiento, de María Mercedes Carranza
("Poesla postnadilsta", cf. Revista Iberoamericana, ibid y Samuel
Jaramillo ("Cinco tendencias en la poesía post-nadaista en
Colombia", cf. Eco, ibid.).
|
2
|
Cf. Detalles. que no es la famosa canción de Roberto Carlos
sino el titulo de la edición en castellano de algunos ensayos de
Enzensberger publicados por Editorial Anagrama de Barcelona
|
3
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Para poner un ejemplo de otro contexto, digamos que Andy Warhol
nunca podría ser considerado un vanguardista. En todo caso era un
mañoso, un sapo, un pícaro, un astuto socio de la televisión y el
amante dilecto de la publicidad. (Que conste que digo esto sin
emitir una opinión estética sobre sus productos).
|
4
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Para más datos sobre las innumerables teorías poéticas de
Alberto Hidalgo, cf. Luis Monguió, La poesta postmodemista peruana,
México, Fondo de Cultura Económica, 1954. Cabe añadir, a manera de
recuerdo, que Hidalgo editó en Buenos Aires, con Borges y Huidobro,
una Antologia de la poesfa hispanoamericana (1926).
|
5
|
¿Importa demasiado determinar si Antonin Artaud fue
expulsado del surrealismo o si salió de ahí por sus propios medios
de locomoción? Los llamados "surrealistas negros" son otros
surrealistas, nada más.
|
6
|
¿Nadaístas norteamericanos? (pág. 77). Ya me parece un
exceso que se hable de "vanguardias europeas o americanas de los
últimos años" (pág. 71).
|
7
|
El último manotazo grupal aparecería diez años después en el
Perú, pero sus integrantes -que también venían de la provincia a la
capital y glorificaron el rock- poco caso le hicieron a la cantante
gringa de moda (Carole King) cuando entonaba casi para ellos esa
bella canción: "But it's too late, baby, now it's too late. ..
|
8
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Armando Romero se empecina en escribir beatnicks (págs. J 5, 53
y 77) en lugar de beatniks, vaya uno a saber por qué.
|
9
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Uno en Sombrero de ahogado (Jotamario en Cali) y el otro en
Selecta (La visita de cortesía).
|
10
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O las tareas que emprende, pues basta revisar sus dedicatorias
y agradecimientos en el núm. 128-129 de la Revista Iberoamericana
-dedicado a la literatura colombiana- y en Las palabras están en
situación
|
11
|
Varios de los nadaístas terminaron trabajando en agencias
publicitarias. Claro: se habían doctorado en eso sin matricularse
en curso alguno. Como quien dice: Hijos de la Madre Calle.
|
12
|
Sobre el particular hay un soberbio cuento de Rosario Ferré,
Cuando las mujeres quieren a los hombres, basado en un dato
específico de la sociedad portorriqueña. Cf. Papeles de Pandora,
México, Joaquín Mortiz (tercera reimpresión), 1987, (págs.
26-44).
|
13
|
Valencia hablaba de camellos, efectivamente. Y A.R. disfruta
como un chico en la arena haciendo una y otra vez guiños al
respecto (págs. 13 y 16). Pero, ¿no será que los camellos de
Valencia son más resistentes que muchas de las palabritas del
sortilegio nadaista? Este es el estudio que aún reclama el
movimiento
|