Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Comerciantes y banqueros: el origen de la industria antioqueña

Comerciantes y banqueros: el origen de la industria antioqueña *

MANUEL RESTREPO YUSTI

Profesor asociado, departamento de sociología, Universidad de Antioquia Fotografías: Luis Fernando Malina L.

Boletin Cultural y Bibliográfico1

LA ELITE EMPRESARIAL que dirigió la industrialización de Antioquia en el siglo XIX surgió en el período comprendido entre 1820 y 1880. El capital invertido en el montaje de las "industrias pioneras" tuvo como antecedente el comercio y la economía minera.

El comercio antioqueño actuó en el siglo XIX de manera significativa en dos direcciones: fue el elemento central del desarrollo económico e igualmente conformó todo el mundo simbólico que guiaba una mentalidad; tratándose de una manera de ser colectiva, muchos fueron los atenuantes que afectaron la práctica económica que de ella se derivó. El espíritu especulativo giraba como rueda suelta en medio de las guerras civiles, los ciclos y las crisis económicas propiciadas por los mandatos de un mercado internacional y de la búsqueda de un modelo exportador. La usura y la aventura eran compañeras inseparables de una concepción que guiaba los negocios con un criterio coyuntural y de corto plazo, y de búsqueda de ganancia fácil y rápida l. Frente a este signo inexorable de este período está también la fortaleza de un principio de identidad muy arraigado en la práctica económica y sellada sobre fuertes y sólidas bases de parentesco que se hicieron extensas a través de lazos de amistad y compadrazgo 2.

Por tanto, al rastrear la historia de la industrialización en Antioquia, y en especial de la fase de despegue de la industria textil, es necesario contrastar la convergencia de dos mentalidades: una heredada del ejercicio de la práctica económica del siglo pasado, y otra, que puso empeño en realizar lo que para principios de este siglo eran "vagas y deleznables ilusiones". Sin embargo, ambas están cruzadas por variables comunes, que convierten la familia en unidad de análisis de gran valor, tal como se puede comprobar en este perfil histórico de los comerciantes y banqueros que habrían de convertirse en los innovadores de una nueva manera de conducir la economía paisa a partir del siglo XX.

El 10 de febrero de 1902, en el Club del Comercio de Medellín, se constituyó la Compañía Antioqueña de Tejidos. Formaron parte de ella: Eduardo Vásquez J., Pedro Nel Ospina, Camilo C. Restrepo Callejas y Carlos Restrepo C.; quienes representaban a la casa comercial de Hijos de Fernando Restrepo; Manuel J. Alvarez, en representación de la casa comercial Alvarez y Compañía; y Antonio Gutiérrez, en representación del Banco Popular de Medellín 3. Veamos de cerca la historia de dos de estas familias pioneras de la industria: la familia de Fernando Restrepo Soto, cuyos vínculos económicos y de parentesco ligan su descendencia con la de Luciano Restrepo Escoar, otro pionero del comercio y la banca antioqueñas.

Numerosos relatos dan cuenta de la amistad entre Fernando Restrepo y Luciano Restrepo. Entre sus familias se conformó un fenómeno de identidad y linaje que se acrecentó a un ritmo marcado por la constancia de un proyecto de vida, de reconocimiento y de búsqueda de horizontes comunes, materializados en una forma peculiar de acumular capital, de prestarse mutuo respeto y ayuda sellados mediante la unión matrimonial de sus hijos.

FERNANDO RESTREPO SOTO: Típico representante de su época

Fernando Restrepo Soto había nacido en Yarumal el 5 de junio de 1819 y se reconocía como descendiente directo de don Alonso López de Restrepo, a quien el rey de España había dado el título de alférez real y concedido la posesión de una vasta extensión de tierra mediante cédula real, cuya forma protocolaria es aún nombrada por la tradición oral: "Después de tener esta escritura, los sellos reales y de gritar tres veces viva el Rey de España y tirar cagajón al aire entró en posesión de la propiedad el señor Alonso López de Restrepo 4.

Don Fernando se casó con doña Concepción Callejas Echeverri. A través de los lazos matrimoniales, doña Concepción representó la posibilidad de ensanchar los caminos y horizontes de don Fernando; siendo sobrina de don Gabriel Echeverri, fueron muchas las oportunidades que este parentesco les ofreció en el mundo de los negocios, como lo pueden comprobar muchos datos biográficos de la familia 5.

Dos hechos motivaron la posibilidad de escoger un proyecto económico acorde con el espíritu de la época. La vecindad de Yarumal a la zona minera de Anorí permitió que se dibujara en este personaje el proyecto de comerciar con el oro. Influyeron también en él las repetidas conversaciones hogareñas sobre los apasionantes viajes a Jamaica de Gabriel Echeverri, Juan Santamaría y Juan Uribe Mondragón. La isla caribeña se había convertido a partir de 1820 en centro de compra de oro y de depósito de las famosas mercancías inglesas, como consecuencia de las restricciones comerciales que siguieron a la caída del poder español.

La actividad comercial, complementada por la incursión en el negocio del tabaco, le permitieron un proceso de acumulación de capital. Gracias a este hecho, a mediados de 1850 decide seguir la ruta de los comerciantes paisas hacia Jamaica acompañado de su gran amigo Luciano Restrepo. Ricas son las descripciones de estos viajes. El periplo empezaba en Medellín, de donde se salía a lomo de mula hasta el sitio de Islitas. Allí tomaban un primitivo champán conducido por hábiles bogas hasta Puerto Nare. El trayecto continuaba por el Magdalena en barco de vapor hasta encontrar la salida al mar Caribe, donde tomaban un buque que los conducía a Jamaica. Este exótico viaje estaba precedido por un ritual de preparación, cuyo primer acto era dejar el testamento debidamente amparado ante notario, ya que la travesía implicaba muchos riesgos. Unos pocos vestidos componían el equipaje, y con él iba la preciosa mercancía en pequeñas bolsas amarradas con cuerdas, pues se trataba de oro en polvo. En Jamaica cambiaban el oro por legítima y finísima mercancía. El viaje generalmente duraba seis meses, en los que no había comunicación con la familia.

Jamaica perdió rápidamente importancia como centro comercial; hacia 1860 el centro de atención se fue desplazando hacia los países europeos y en menor grado hacia los Estados Unidos. Las condiciones de comercio variaron no sólo por los problemas del transporte y por los requisitos de crédito, sino también por la competencia que hizo rebajar las ganancias. Se agregaba a ésto el hecho de que las casas comerciales extranjeras exigían la llegada del oro primero, antes de enviar la mercancía, y los créditos se otorgaban por un plazo de dieciocho meses 6.

La caída del comercio jamaiquino estimuló la creación de las casas comerciales con sede en Medellín, en las que trabajaron la mayoría de los hijos de las dos familias: la Casa Comercial de Fernando Restrepo y la Casa Comercial Restrepo y Cía. Estas empresas tuvieron su inspiración en las casas inglesas que funcionaron desde el siglo XVIII y para el siglo XIX combinaron sus funciones comerciales con actividades financieras de cambio de moneda y crédito, aunque su actividad más importante fue el negocio de compra y venta de oro.

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Luciano Restrepo según un retrato a lápiz hecho en Paris (ca. 1880). Autor anónimo (Colección panticular )

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Josefa Díaz-Granados, esposa de Luciano Restrepo, según un retrato a lápiz hecho en París (ca. 1880). Autor anónimo (Colección particular).

El proceso de acumulación de la fortuna de Fernando Restrepo atraviesa por otras etapas y problemas que en cierta medida representan la inestabilidad del siglo XIX, ocasionada en el plano nacional por las guerras civiles yen el plano internacional por las frecuentes crisis económicas que antecedieron a la búsqueda de un modelo agroexportador más estable.

La palabra quiebra era como un conjuro que repentinamente rompía la magia soñada de las arcas llenas de caudales. Don Fernando atravesó esa situación, especialmente en los negocios de tabaco. A partir de 1850 este cultivo fue de gran éxito, y algunos comerciantes, como Gabriel Echeverri y la Casa Antioqueña de Montoya Sáenz, se dedicaron exitosamente a su exportación en Ambalema. Fernando Restrepo quiere seguir los pasos de su pariente político y se dedica primero a su comercialización. Pero un día le avisan que un cargamento suyo de tabaco que tenía como destino a un puerto alemán se había perdido. Esto implicaba volver a empezar. Siguiendo los pasos de Gabriel Echeverri, decide sembrar tabaco en su finca vecina al paraje del río Arma, pero esta empresa fracasa, pues el tabaco de esta región nunca pudo competir en calidad con el de la región de Ambalema 7.

Estos intentos de recuperación económica mediante la comercialización y el cultivo del tabaco se vieron cancelados por la baja en los precios internacionaes, debido a la aparición de los grandes cultivos de la hoja en las Indias Occidentales durante el decenio de 1870.

Los negocios del tabaco y el oro no fueron el único centro de sus actividades económicas. Participó también en el controvertido proceso de expansión de la frontera, cuyo resultado fue el montaje de grandes haciendas en la región del río Cauca, cerca del río Arma, y cuyos límites llegaban a la quebrada El Oro, en Aguadas. En este paraje estaba la famosa hacienda El Oro. También tenía propiedades en Valparaíso, Yolombó y Dadeiba 8. Para ir a esas fincas eran necesarios quince días de viaje. Durante dicho recorrido se hacían igualmente numerosos negocios, entre los cuales la compra y venta de recuas de mulas y cabezas de ganado eran muy comunes. El negocio de las mulas fue, sin duda, otro de los factores de acumulación de capital en Antioquia.

Nuestro personaje sabía aprovechar dichos viajes para establecer contactos con los llamados marchantes, quienes, además de proveerse de mercancías en la casa comercial que llevaba su nombre, le sirvieron de guías en asuntos económicos hasta convertirlo en experto sobre la vida y destino de dicha región. Cuentan sus descendientes que en uno de sus viajes compró las carboneras de Amagá, que entraron a engrosar el patrimonio familiar.

Como puede verse, este personaje decimonónico mantiene una característica que es común a los comerciantes antioqueños: la diversificación en la inversión. Más que una racionalización empresarial propia de una mentalidad capitalista avanzada, esta característica representaba una acción intuitiva que se tomaba como medida para salvarse de las quiebras, tan frecuentes en la época 9.

Su reputación de hombre humanitario se extendió por toda la región del río Arma. Dicha actitud encerraba las motivaciones que le dieron vida a un plan, como lo habían hecho otros personajes que tuvieron papel protagonístico en el proceso de colonización antioqueña; para la época dicha acción significaba reemplazar al Estado en la financiación de las precarias vías de comunicación. Mediante su realización, nuestro personaje repite la experiencia de la construcción del famoso camino de Caramanta que otros colonizadores, antes mencionados, habían acometido. Proveía de dinero a los campesinos de la región para abrir caminos y construir puentes, y de esta manera estimulaba la formación de pequeños asentamientos poblacionales. Podría decirse que el plan vial que gestaron los colonizadores del suroeste antioqueño resume sus intereses de comerciantes, terratenientes y ganaderos y es a la vez, sin lugar a dudas, uno de los medios para solucionar el problema del mercado interno, que por su precariedad se constituía en obstáculo a la expansión económica en el siglo XIX.

El destino de la familia Restrepo Callejas estuvo íntimamente ligado a la familia de Luciano Restrepo Escobar, como veremos a continuación:

LUCIANO RES TREPO ESCOBAR: virtudes castellanas e ideología liberal

Don Luciano nació en Envigado el 12 de enero de 1812, del matrimonio formado por Javier Restrepo, sobrino del doctor J osé Félix de Restrepo, y doña Teresa Escobar 10.

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Fernando Restrepo. Fotografia iluminada, anónima (Colección particular).

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Concepción Callejas E. Fotografía iluminada, anónima (Colección particular).

Pasó su infancia en Amagá, dedicado a la finca de sus padres, La Clara. Fue discípulo, en su mocedad, de Víctor Gómez, representante de la primera escuela lancasteriana que hubo en Medellín, de quien aprendió las primeras letras. Estudió lengua latina con José Ignacio Escobar. Se matriculó en 1827 en el curso de filosofía que regentaba Timoteo Duarte, intelectual de la época, con quien estudió además aritmética, gramática y lógica. Representaba don Luciano al hombre de inquietudes intelectuales del siglo XIX.

Fue boticario durante un corto período de su vida. Esta profesión la desempeñó hasta 1831, fecha en la que fue llamado a pelear en la revolución del 31, acaudillada por el gobernador de Antioquia, Salvador Córdoba, contra el presidente Rafael Urdaneta, a quien le tocó asumir la represión por los hechos habidos con motivo de la conspiración contra Bolívar en 1828, y en la cual se vieron comprometidos algunos antioqueños. La guerra coloca a don Luciano camino a la costa, como oficial del ejército, con el grado de teniente.

Su hermano Luis, militar de la Independencia, quien había seguido la vocación y el espíritu de la época al convertirse en comerciante, le aconseja retirarse del servicio militar y dedicarse a buscar fortuna. Con un escaso caudal instala un pequeño almacén en Medellín, en donde empieza a tener reputación de intelectual y hábil comerciante de mercancías de Jamaica. No abandona sus actividades intelectuales y toma lecciones de derecho con Joaquín Emilio Górnez. Al poco tiempo decide ampliar sus conocimientos de boticario y aprender a curar. "En ambas ramas aprendió lo bastante [ ... ] para aliviar numerosas dolencias y para la defensa de sus cuantiosos intereses en los litigios que la astucia o la mala fe le han promovido" 11.

Una característica prevalece en la vida de don Luciano, y es su apego a las virtudes castellanas, atribuida a la herencia de su antepasado don Alonso López de Restrepo, y que curiosa y contradictoriamente se mezclaron con el ideal de la ideología liberal que se abre paso en ese siglo. Viajó a Europa con el ánimo de reconocerse en el señorío y abolengo de sus antepasados, sin que por esto perdiera la curiosidad por las grandes transformaciones ideológicas, tecnológicas y científicas que se imponían en la Europa de entonces. Regresa a su país en 1848, yen Santa Marta decide contraer matrimonio con doña María Josefa Díaz Granados, miembro de una familia costeña de prestigioso linaje. Ve don Luciano en doña Josefa el ideal de la mujer de la época: virtuosa y noble, sin importarle que su dote haya sido reducida a una suma insignificante, debido a los reveses de la fortuna a que se vieron enfrentados los miembros de la familia Díaz Granados por su participación en la revolución de la independencia.

Tenía amplia experiencia comercial ganada durante sus años mozos, cuando trabajaba como ayudante de la sociedad de comercio de Gómez Restrepo y Compañía. Había aprendido el moderno sistema de contabilidad en Kingston (Jamaica) 12. Unida a estas características personales estaba su fortuna, con la que montó una empresa a la que dedicó todo su empeño: la casa comercial Restrepo y Compañía.

En 1854 Luciano Restrepo y su hermano José Manuel constituyeron una compañía cuyo objeto era "hacer comercio de toda clase de mercancía nacional y extranjera". Con capital de 84.750 pesos, aportado por los socios con rubros provenientes de acciones en la mina El Zancudo, dinero en efectivo, bienes raíces, mercancías, semovientes y deudas, la nueva compañía empieza a funcionar. El origen de dichas cantidades nos demuestra reiteradamente la diversificación en las inversiones de capital de la elite comercial antioqueña 13. Esta casa comercial se haría famosa por sus mercancías traídas de Jamaica, la emisión de billetes y el comercio aurífero.

UNIDOS EN LA BANCA

Si los viajes comerciales unieron a Fernando y Luciano Restrepo, los negocios financieros acrecentaron esa unidad de intereses. En 1859 la legislación del estado soberano de Antioquia aprobaría la primera ley en materia bancaria, que autorizaba la formación de compañías para el establecimiento de bancos de emisión, giro, depósito y descuento. La guerra civil de 1860-1862 impidió llevar a cabo este proyecto. Habría de pasar más de un decenio antes que Antioquia contara con el primer establecimiento bancario. Sin embargo, se han encontrado registros de hipotecas y escrituras que respaldaban los préstamos que para ese momento hizo la compañía Restrepo Escobar a una tasa de interés del 8%, entre cuyos beneficiados estaba la ferretería de Amagá 14.

Las actividades de préstamo sobre hipoteca y más adelante la emisión de billetes fueron renglones importantes en el crecimiento de la fortuna de algunas familias pertenecientes a la elite de Antioquia, entre ellas las dos familias mencionadas.

Al finalizar el año 1871 se produjo un hecho de gran trascendencia para la economía regional: la creación del Banco de Antioquia. En las tertulias familiares de entonces se comentaba sobre el beneficio o el peligro de la compra de acciones. El destino y manejo del mundo de los negocios que se ponía al orden del día, daba lugar a muchos interrogantes y sobre todo a cuestionar los hábitos económicos de la elite comercial. Había nacido la asociación de capitales a través de las sociedades anónimas; los Restrepo Callejas y Restrepo Díaz Granados no fueron la excepción.

Para 1872 en la sociedad Restrepo y Compañía se operó una transformación: entraron a formar parte de ella Julio y Luis Restrepo. El primero regresó de Estados Unidos, donde había estudiado banca en el Eastman National Business College, de Poughkeepsie, Nueva York 15. Este hecho ayudaría a en rutar a la familia de Luciano Restrepo en el mundo de la banca.

A partir de 1873 la sociedad de Restrepo y Cía. comenzó a emitir billetes, que gozaban de gran aceptación por estar respaldados con la firma de Luciano Restrepo 16. Tanto la familia Restrepo Callejas como los Restrepo Díaz Granados serían accionistas del Banco de Antioquia, creado en 1871; hecho éste que no es meramente episódico, sino que remite al gran cuidado que tuvieron los accionistas de elegir a lajunta que guiara los destinos del negocio; los accionistas "más fuertes" buscaron la forma de imponer una j unta directiva del banco 17.

Varios fueron los bancos en los cuales estas dos familias colocaron sus acciones, e igualmente en varios de ellos formaron parte de sus juntas directivas.

El Banco de Antioquia se liquidaría en 1892; en cambio, la casa comercial de Restrepo y Cía. sobreviviría a todas las crisis bancarias hasta 1915. Por su parte, la entidad comercial a cuya cabeza estaba don Fernando Restrepo empleó gran parte de su fortuna en el sistema bancario. Además de sus acciones en el Banco de Antioquia, colocaron también su capital en el Banco de Medellín (1871-1902), del cual fueron sus mayores accionistas, y en el Banco del Comercio (1898-1902).

La participación de estos grandes comerciantes importadores de mercancías nacionales y extranjeras en el sistema bancario los convirtió en personajes de renombre nacional, ya que la función de descentralizar y monopolizar grandes cantidades de dinero les asignó un gran poder que fue aprovechado para controlar, desde la institución bancaria, el circulante y los préstamos, ante la escasez de numerario que se gestó a partir de las reformas introducidas por Núñez en el sistema monetario.

Los negocios bancarios desbordaron las actividades del pequeño usurero, para dar paso a otras formas de especulación controlada desde la sociedad anónima. La historia de la banca antioqueña es rica en detalles sobre el funcionamiento de los bancos y tiene como centro las transacciones especulativas que se evidenciaron con las frecuentes crisis que sufrió dicho sistema, motivadas por la inestabilidad en el sistema cambiario, del cual dependían las transacciones comerciales con el exterior 18.

Además del surgimiento del sistema bancario, el crecimiento de la ciudad de Medellín ofrece otras oportunidades para estos empresarios 19. A partir de 1880 la ciudad registra en su desarrollo urbanístico el espíritu utilitarista de estos personajes decimonónicos. Don Fernando y don Luciano,junto con don Coriolano Amador, millonario de la época, emprendieron parte del proceso de urbanización del sector de Guayaquil. Mediante un préstamo al señor Amador, se dan a la tarea de urbanizar parte de este sector cubierto de lagunas y ciénagas. El proyecto de construcción implicó la aparición de centros de abastecimiento, pequeños almacenes, viviendas, hoteles y pesebreras que le daban sentido a otro próspero negocio: la venta de ganado, en la plaza de ferias aledaña al sector de Guayaquil.

Su espíritu emprendedor hizo que impulsaran un sistema de construcción en serie que no había sido utilizado antes, yen ese sentido fueron precursores de la urbanización en Medellín como ·también lo fue otro comerciante antioqueño: Manuel J. Alvarez. Las dos familias también forman parte de la historia de la urbanización del Poblado; allí construyeron sus cómodas y solariegas casas de campo y se convirtieron en propagandistas de ese bello paraje de Medellín, adelantándose a un mercado de tierras que se desarrollaría a partir del decenio de 1920 con la construcción de viviendas para la elite empresarial y comercial residente en Medellín.

UNA AMISTAD POR ENCIMA DE LOS COLORES POLITICOS

Si encontramos profundas coincidencias en el mundo de los negocios de las familias en cuestión, las relaciones en el mundo de la política no dejan de ser peculiares. Pertenecía al partido conservador don Fernando y era liberal radical don Luciano. Ambos personajes vieron transcurrir en los años de su juventud una serie de episodios que marcarían el origen de sus definiciones políticas. Los conflictos entre los seguidores de las ideas de Bolívar y quienes las combatían dieron lugar a las primeras experiencias bélicas de las cuales estos personajes fueron testigos. Pero fue durante el período de 1850-1885 cuando el poder de la elite antioqueña tuvo momentos de fuertes disputas partidistas de muy corta duración, en los cuales los mencionados personajes hubieron de afrontar situaciones incómodas para sus intereses económicos y para el proyecto de orden social que pretendían construir.

Nadie podría negar que la dinámica bipartidista desempeñó papel importante en el proceso de acumulación originaria, al ser utilizada como medio en el camino de la competencia y la acumulación de riqueza; la guerra, las vías constitucionales, la expropiación y el destierro se camuflaron con el ropaje partidista. Sin embargo, cuando la narración histórica se enfrenta a casos como el de los protagonistas mencionados, se puede constatar que hubo ocasiones en las que las diferencias políticas no pudieron ensombrecer una solidaridad de clase y de amistad 20.

LA INSURRECCION CONSERVADORA DE 1851

Para los conservadores antioqueños, el gobierno del presidente José Hilario López (1849-1853) perseguía la propiedad, no respetaba los derechos ciudadanos, ejercía violencia contra el derecho de conciencia y atacaba a la Iglesia con la supresión del diezmo y la abolición del fuero eclesiástico; además de eso, había dividido políticamente el territorio paisa en tres provincias (Medellín, Antioquia, Córdoba).

Fernando Restrepo formó parte de una de las llamadas Juntas Revolucionarias que combatieron contra dichas medidas, mientras que su amigo Luciano guardaba cierta neutralidad en la contienda, amparado en una militancia liberal más intelectual que doctrinaria. La implantación del empréstito o impuesto del comparto, aplicado por el gobierno a los rebeldes conservadores, ocasionó la posibilidad de que se acudiera a préstamos a interés para cubrir esta obligación; éstos eran proporcionados por comerciantes liberales fieles al gobierno central. Don Luciano se convierte en salvador de muchos conservadores por medio de dichos préstamos, obteniendo de ellos un interés que le proporcionó el incremento de la fortuna.

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Carlos Restrepo Callejas (ca. 1890). Fol. iluminada. anónima (Colección particular )

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Camilo C. Restrepo Callejas retratado por Melitón Rodríguez en 1933. Colección del Palacio de la Cultura de Antioquia Rafael Uribe Uribe.

La revolución del 51 evidenció la debilidad de Antioquia en cuanto a vías de comunicación, y la vulnerabilidad de su economía frente a la guerra. También fue la ocasión para percibir que la lógica de los negocios había logrado conformar una economía basada en la sumatoria del "esfuerzo personal", del "código de honor", de la solidaridad de familia y sobre todo de la figura del "comerciante", que era necesario superar mediante acuerdos basados en intereses objetivos para el desarrollo de una clase y no meramente personales. Las crónicas y registros de la guerra corroboran las consecuencias de lo anterior: el general sonsoneño Braulio Henao, que había salido en ayuda de los insurgentes, al encontrar las facciones conservadoras solicitó indulto al gobierno liberal, alegando que se le había presentado "una revolución unificada y condiciones óptimas de rebelión que en la práctica no existían". Esto ocasionó en parte la derrota en el sur del general Eusebio Borrero, líder militar de los conservadores. Personajes como el comerciante Félix de Villa se negaron a participar en la rebelión, aduciendo que eran enemigos de las vías de hecho. Noticias de otras secciones del territorio envuelto en la contienda, como Amalfi, dibujaban un panorama desconsolador: "Ya dizque no hay un solo conservador y todos se dicen liberales"; "los conservadores más acaudalados del cantón de Amalfi han huido".

Después de la victoria, el liberalismo gobernó brevemente en Antioquia hasta el derrocamiento del presidente José María Melo, en 1854. A partir de ese episodio se restableció allí la hegemonía conservadora. Muchas amarguras y ruinas dejó este conflicto, pero también es cierto que proporcionó por igual una prosperidad económica a don Luciano, a punto tal que en 1854, mientras muchos conservadores estaban en la ruina, él había fundado con su hermano la casa comercial ya mencionada, la cual suministraba préstamos que favorecieron a un círculo de conservadores afectados por la guerra, pero de todas maneras muy cercanos al aprecio de don Luciano.

LA GUERRA CIVIL DE 1859-1862 Y LA CONSTITUCION DE 1863

La gran amenaza que ocasionó esta guerra fue el peligro del desmonte del régimen federalista que había impulsado durante su presidencia uno de los ideólogos del partido conservador de Antioquia, el doctor Mariano Ospina Rodríguez. Este proceso había contado con el apoyo de los integrantes de ambos partidos en Antioquia, entre los que se contaban, como entusiastas defensores, don Fernando y don Luciano. Por ironías del acontecer político, la presidencia del doctor Ospina se vio amenazada con la guerra acaudillada por el general Tomás Cipriano de Mosquera. Ospina logró finalizar su cuatrienio en plena contienda, en 1861, cuando la victoria estaba a favor del general caucano; el presidente fue apresado y condenado a muerte pero logró librarse de ésta gracias a la intervención de numerosas personalidades de ambas agrupaciones políticas. Entre tanto, en Antioquia se organizaron las banderas conservadoras para hacer frente a los ejércitos liberales. Estos últimos lograron la victoria con la capitulación de los rebeldes antioqueños, el4 de octubre de 1862.

Luciano Restrepo volvió a figurar en este corto período de hegemonía liberal, al ser nombrado por el propio Mosquera designado y representante a la convención de Rionegro que promulgaría la Constitución de 1863, a la que asistió acompañado de personajes liberales como Camilo Antonio Echeverry, José María Rojas Garrido y Pascual Bravo. Como gobernador fue nombrado Antonio Mendoza, señor que se preciaba de ser un gran liberal y, por lo demás, muy estimado por la elite paisa. La corta estancia de este personaje en otro período liberal representó un claro ejemplo episódico de lo que significaba realmente el juego partidista en Antioquia: su debilidad para enfrentar a los conservadores y al clero con la medida que impulsaban los liberales, y en especial el cobro del comparto de guerra, lo obligaron a renunciar. En su reemplazo se nombró al liberal Pascual Bravo, que moriría en combate con las fuerzas rebeldes de Pedro Justo Berrío, en 1864.

La oposición al gobierno liberal fue agitada por clérigos de comunidades religiosas que se declararon afectados por la medida de desamortización de bienes de manos muertas promulgada en 1861. Un grupo de prestantes miembros de la elite paisa encabezaron en Antioquia la revuelta conservadora:

Pedro Justo Berrío, Abraham Moreno, Recaredo Villa y Julián Vásquez Calle, entre otros. La victoria conservadora se obtuvo el4 de enero de 1864. Después de esta guerra entraría a dirigir los destinos de Antioquia el conservador Pedro Justo Berrío, iniciando una nueva hegemonía de su partido, que duraría catorce años, y que fue puesto en cuestión desde la guerra civil de 1876.

Tras el triunfo del partido conservador, la figura política de don Fernando brilló por su acercamiento al régimen de Berrio. Correspondía para entonces ofrecerle su amistad y protección a don Luciano, quien durante el período posterior a este conflicto siguió otorgando préstamos y haciendo negocios desde su casa comercial, convertida casi en "banco". Parte del dinero para  financiar la compañia que había de fundar la Ferrería de Amagá, por parte de los señores Carlos de Greiff y Pascasio Uribe, se obtuvo de las arcas de don Luciano, precisamente en tiempos en que el circulante era muy escaso y abundaban las ruinas económicas.

*
Agradecemos la colaboración de Ana Beatriz Carvajal, Pepa y Carmen Restrepo y Esteban Alvarez Restrepo
1
Sobre estos aspectos, véase José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial, 1830-1910, Siglo XXI, 1984.
2
Véase la exposición de esta tesis en Roger Brew, El desarrollo económíco de Antioquia desde la independencia hasta 1920, Bogotá, Banco de la República, 1977.
3
Véase Archivo Histórico de Antioquia, Escritura de constitución de la Cía. Antioqueña de Tejidos, 1902.
4
La mayoría de los datos aquí anotados fueron recolectados a través de entrevistas con doña Pepa Restrepo de Alvarez.
5
Gabriel Echeverri, Juan Santa maría y Juan Uribe Mondragón representaron el grupo más fuerte de colonización en el suroeste antioqueño, además de ser grandes comerciantes.
6
Véase A.H.O. Copiadores 1800-1885, Faes, Medellín.
7
Sobre los antioqueños y el cultivo del tabaco, véase Salvador Camacho Roldán, Memorias, Bogotá, 1923.
8
Esto se puede constatar en el testamento de doña Concepción; dicho documento se encuentra consignado en el Archivo Histórico de Antioquia, Suco A.H.A., Notaria 2a., 16 de junio de 1898, núm. 1334,r.1276
9
Véanse las tesis de Ann Twinam, Memorias del simposio, Los estudios regionales en Colombia. Faes, Medellin, 1982.
10
La mayoria de los datos sobre esta familia fueron suministrados por doña Pepa Restrepo de Alvarez y por don Jesús        Restrepo, parientes de dicho personaje.
11
Véase Joaquín Ospina, Diccionario biográfico y bibliográfico de Colombia. t. III, Bogotá, 1938.
12
Para esta época muchas compañías inglesas utilizaban agentes residentes en países extranjeros. El auge del comercio en Jamaica trajo como consecuencia la difusión de modernos sistemas de contabilidad.
13
El capital estaba repartido así: derecho en la mina El Zancudo: $ 3.000; dinero efectivo: $ 1.000; bienes raíces: $ 14.000 (representados en las haciendas El Piñón y La Clara); mercancías: $ 10.000; semovientes: $ 3.000; deudas o créditos: $ 4.000. (A.H.A., sección notarial, núm. 573, f. 1874).
14
Véase El Heraldo, enero de 1880.
15
Este dato fue tomado de la fotografía de grado conservada por su descendiente doña Pepa Restrepo de Alvarez.
16
Igualmente emitieron billetes otras casas: Botero Arango e Hijos y Vicente B. Villa. En carta oficial se decía al respecto de estas casas: "De Medellín se me ha informado por el gobierno, que los billetes en referencia gozan de entero crédito y son cambiados a su presentación en los respectivos establecimientos" (Boletín Oficial, núm. 39, Medellín, 21 de agosto de 1885).
17
Los datos sobre el sistema bancario antioqueño fueron tomados de las tesis de grado de María Mercedes Botero Restrepo, Los bancos de Antioquia, /872-/886, Universidad de Antioquia, Medellín, 1984, y Heriberto Zapata Cuencar, Antioquia: Historia de sus bancos, Medellín, copia mimeografiada inédita, Medellín, Faes.
18
 Al respecto, véanse las crónicas de Lizandro Ochoa, Cosas viejas de la Villa de la Candelaria. Medellín, Colección de autores antioqueños, 1986.
19
Véase Libardo Ospina, Una empresa, una victoria. Monografía histórica de las empresas y servicios públicos de Medellin,
20
 Para la elaboración de este recuento sobre conflictos acaecidos en Antioquia entre 1850- 185 se consultaron las siguientes fuentes: Luis Javier Ortiz Mesa, El federalismo en Antioquia, 1850-1885. Aspectos públicos, Universidad Nacional de Colombia, seccional Medellin, Medellín, 1987; Roberto María Tisnés y Heriberto Zapata Cuencar, El ferrocarril de Antioquia. Historia de una empresa heroica, Medellín, Imprenta Departamental de Antioquia, 1980. La relación de luchas políticas con la vida de Fernando y Luciano Restrepo fue elaborada con base en entrevistas con don Luis Restrepo, descendiente de don Luciano, y doña Pepita Restrepo de Alvarez, descendiente de don Fernando y don Luciano. Una corta visita al Archivo Histórico de Rionegro me sirvió para extraer algunas de las conclusiones presentadas. Véase H.H.R. vol. 1851, Revolución del general Eusebio Borrero, y H.H.R., t, 1953.