Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña narrativa: Los trucos del trueque Ilona llega con la lluvia

Los trucos del trueque

Ilona llega con la lluvia

Alvaro Mutis

Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1987.

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En la breve nota dirigida a los lectores, el narrador de Ilona llega con la lluvia se detiene en tres constantes de la personalidad de Maqroll el Gaviero. La más importante es la voz, el arma primordial que opaca al cuerpo. Luego, la moral que le dictamina su condición de "outsider", de marginal por derecho propio. Y finalmente la clase de episodios que constituyen la materia de su vida y su lenguaje. Por eso insiste en caracterizarlos con palabras como dramatismo, tensión y vena lírica.

Así como Alvaro Mutis puede saltar de una forma a otra (crónica y relato, en verso y prosa) sin moverse de la poesía, también al Gaviero le es permisible habitar un presente continuo, con la perfecta anuencia del pasado y el futuro. Pero la actualidad de las historias del Gaviero está sellada por la elegía. Y toda narración elegíaca es sabrosísima como el pan caliente, siempre y cuando sepa sobornar el interés del auditorio con el ofrecimiento de hacer llevadero un misterio que jamás será resuelto. ¿Con qué rellenaremos ese pan crocante salido del horno? En el caso de Maqroll con una voz con pinta de mortadela existencial: nuestra imaginación.

El libro de Mutis tiene, entre muchas virtudes, la maestría de combinar la sencillez argumental con una prosa densa que se sostiene en la insistencia de unas cuantas imágenes. Como una espiral, el narrador de Ilona llega con la lluvia va de un lado a otro del tiempo y el espacio sin perder de vista el hilo que nos entregó en la primera página y que estamos ovillando con simpatía y esmero. Leyéndolo descubrí por qué nunca me aburren las peripecias del Gaviero, un perdedor nato, un "loosser" consuetudinario. Y es que comparte la misma jarana con el Coyote -de la serie de Bugs Bunny-, el eterno perseguidor del Correcaminos (¡Beep beep!). De antemano sabemos que jamás le dará caza, pero somos incapaces de resistir el deleite que nos causan sus desventuras.

Algo similar sucede con la narrativa de Mutis, y en especial con el segundo volumen de la trilogía que iniciara La nieve del Almirante. Cada capítulo actualiza la secuela de los descalabros ya previstos. Debido a este recurso, Iloana llega con la lluvia favorece una lectura que sería la traslación metafórica del oficio de los personajes. Todos ellos están envuelto en negocios -generalmente turbios- de transporte o intercambio de mercancías. Digámoslo de una vez: el Gaviero tiene como único bien de uso y de cambio sus palabras. Y los mismo les sucede a los demás protagonistas de esta historia. Son mercaderes que soportan una carga invisible de la que deben desprenderse: el verbo, cuyo peso es controlado por la angustia.

El relato se abre con una muerte (la de Wito) y se cierra con el ( otro) suicidio/ homicidio de Larissa-Ilona, Cabe destacar que de todos los personajes, el Gaviero es el único que no posee más que lenguaje. De Larissa se podría decir que era la "dueña" del Lepanto: "Ella es ese barco. forma parte de esos despojos tirados en la costanera; hasta tal punto que uno; no consigue saber dónde terminan éstos y dónde comienza ella"(pág. 101).

¿Cómo se mantiene la narración? Mediante la suspensión de voces (vacíos o precauciones de cada memoria) y el entrecruzamiento de vidas. Cornelius, por ejemplo, había sido compañero de colegio de Susana, la esposa de Wito; Abdul Bashur también tenía una historia amorosa con Ilona; y ésta y Larissa compartían, según el Gaviero, cierta fisonomía.

La poética del libro podría ser elegida entre muchos pasajes que se refieren al comercio. Elijo el siguiente porque expone mejor los diferentes substratos orales (narraciones) y espacios (mar / tierra / burdel). El Gaviero, varado en Panamá, se dedica a recorrer vestíbulos y bares de los grandes hoteles del sector bancario  y, en la noche, por algunos de los clubes nocturnos en donde gente de todas las condiciones, oficios y razas, busca distraer el hastío que los invade en esas paradas obligatorias que imponen los viajes de negocios; en el aire cargado y más bien sórdido de los casinos (. . .) por tales sitios y por algunos otros menos confesables, busqué en vano esa oportunidad de emprender algo que me permitiera salir del pantano en el que me hundía lenta pero irremediablemente (págs. 37-38).

Y en seguida salta la metáfora que nos interesa:

Igual cosa hacía cerca de las grandes tiendas, en donde entraban los viajeros, atraídos por una mercancía que resulta. luego, en buena parte, hecha de saldos de marcas prestigiosas o de atrevidas falsificaciones de las mismas (pág. 38).

Creo que esto aclara el sentido de la verdad o falsedad de las historias que son el trueque salvador entre los personajes. No importa averiguar si Laurent Drouet-D'Erlon y Giovan Battista Zagni son simples emanaciones de la histeria, el apetito sexual o la insaciabilidad de Larissa. Tampoco si el propio narrador se confunde (¿sí o no?) cuando identifica al portero de la "Pensión de lujo Astor" como si trabajara en otro lugar. Esto sucede al final, en el escenario de la explosión del Lepanto. Sigamos por curiosidad esta huella:

En la recepción dormitaba un viejo de barba asiria y entrecana, con facciones de cochero judío de la Viena de FranzJoseph (. . .) que usaba una pierna ortopédica (pág. 34).

.. fui al mostrador para enfrentar al auriga danubiano (pág. 38).

.. fui a refugiarme en un par de vodkas que harían más fácil el diálogo con el cojo cancerbero (pág. 39).

El Hotel Miramar era un poco más reducido que la Pensión de lujo Astor (. . .) la dueña resultó ser también alguien mucho más tratable y digno de confianza que el siniestro cojo con barbas de cochero (pág. 41).

Sin embargo, como a un ave de mal agüero que ronda el lugar donde acaba de ocurrir la tragedia, percibe el narrador "el inconfundible golpeteo de una pierna ortopédica en el pavimento"(pág. 107). Y añade: "Era el portero del Hotel Savoy que se perdía en las sombras de la calle de enfrente" (pág. 107).

Otra forma de comercio son los sonidos de la naturaleza. Cuando no llueve (muy pocas veces) se escucha el canto de los grillos. Es el indudable acompañamiento acústico del trópico ("los grillos iniciaban su orquestada gritería ... "- pág. 33), pero además se convierten en otros mensajeros de noticias secretas que celebrarían el drama que se avecina: "Cuando me desperté, caía la tarde y los grillos empezaban a ensayar sus indescifrables señales vespertinas" (pág. 58), Más adelante el Gaviero se entera de que hay algo (más) raro en Larissa porque "el gerente de un consorcio de bancos escandinavos con sucursal en Panamá" (pág. 87), que acaba de tener una cita con ella, se lo advierte. y lanza un consejo de analista que está en el cauce de nuestra lectura: hablarle a Larissa. Y el Gaviero concluye: "Se despidió como hipnotizado. La noche  del trópico se lo tragó de inmediato entre la algarabía de los grillos ... "(pág. 87).

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El destino también trágico de los espacios donde circulan las historias tiene que ver con los designios ocultos en los que cree el Gaviero. También el relato se abre y se cierraempleando un recurso paralelo (esta vez con eslora): el "Hansa-Stern" y el "Fairy of Trieste", El primero se pierde, digamos, con su dueño, pues ha sido embargado junto con la "casita que tenía en Willemstad'' (pág. 18), como confiesa Wito momentos antes de suicidarse. El segundo viene con los mejores auspicios de Abdul Bashur: "En una semana tocaría Cristóbal. Nos esperaba a bordo del flamante "Fairy of Trieste " En su bodega traía botellas del mejor Tokay. Esa parte del mensaje iba dirigida a Ilona ... " (pág. 106). Ahora sospechamos que el Gaviero tendrá que poner a Abdul al tanto de lo ocurrido. Y esa nueva historia -que no oiremos pero que ya hemos leído será contada en el barco o en otro lugar. Lo cual nos sitúa en una oposición decisiva para el Gaviero:

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.. .la eterna y desvaída materia de esas vidas sin nombre y sin rostro que resume para mí eso que las gentes de mar llaman "estar en tierra firme" y que acaba provocándome un fastidio abrumador (pág. 31).

Habría que preguntarse si es por eso que en tierra sólo es factible un negocio como el de "Villa Rosa", de completo tránsito (prostitutas que fingen de azafatas de aerolíneas) y que concebiría ese ámbito como parte de una fantasía sexual sin asidero (esta vez en el imaginario aire). De ahí que el mar (el rostro más común de todo lenguaje) se postule como la única y exacta raíz de estos personajes. El caso de Larissa es más que ilustrativo.

Finalmente podríamos enlazar las dos formas de marginalidad que copan el relato. Por un lado, como ya hemos visto, está la calidad de los negocios en que todos andan metidos, el Gaviero a la cabeza en el claroscuro de las finanzas. Con Bashur ("amigo y cómplice en operaciones que tocaban terrenos vedados por el código penal... ': pág. 24); con el portero del Astor ("Se trataba de cruzar los límites legales para ganar algunos dólares que me permitirían sobrevivir mediocremente ... ': pág. 39). Y con Ilona la creación de "Villa Rosa". Lo mismo podemos decir sobre la clase de relatos que cada personaje tiene para repartir. La marginalidad arraiga precisamente en los extremos ("fondo del abismo / milagro salvador ': pág. 42) que sustentan la provocación, el atractivo de cualquier peligro que es preámbulo de muerte. Aunque el Gaviero no sea partidario del pesimismo ("Siempre he pensado que a estos períodos de catastrófica secuencia de infortunios no hay que darles un sentido trascendente de fatalidad metafísica", pág. 27) en cambio acepta la intervención en su vida de una entidad consagrada a hundirlo o elevarlo. Se trata de algo difícil de discernir, localizado en alguna parte del cuerpo. Su metáfora son los fantasmas de Larissa, que hacen el amor pero sobre todo hablan e imploran ceremoniosamente. O cuando el Gaviero deja la pensión Astor y cancela sus relaciones comerciales con el portero:

Liquidé cuentas con él y salí de allí un cuarto de hora después con cuarenta dólares en el bolsillo y ese peso muerto en la boca del estómago, aciago anuncio de desastres ... (pág. 41).

A la luz de nuestra lectura es fácil entender cómo estas expresiones -peso muerto / boca del estómagosugerirían el desprendimiento de una forma de entraña de lenguaje. Algo físico y a la vez inmaterial. He ahí el dilema que nos ayudaría a entender por qué Larissa cometió un crimen (dual) signado por el absurdo. Descartada la relación homosexual ("No -contestó-, no he estado con ella en la cama. Si es lo que quieres precisar. Eso no tendría mucha importancia ", pág. 101) habría otras posibilidades. Una esotérica: Larissa 'necesitaba' a Ilona para compensar la diferencia numérica con Laurent y Zagni, y lograr una unión compartida sin los inconvenientes que el mundo de los vivos les acarreaba a los amantes de alta mar. y otra verbal: encallado el Lepanto, la escapatoria se situaba en un más allá, referido sobre todo al lenguaje y a la sujeción de un cuerpo. Es por eso que Larissa apenas si puede comunicarse con el Gaviero: " ... frases entrecortadas y sin ilación [ ... ] habló con voz sorda ... " (pág. 104). Hundirse en el silencio equivalía a la abolición de los recuerdos, esto es, a integrarlos en un "presente" fuera del tiempo.

Sigámosle los pasos a este intento. El Gaviero ha encontrado por azar a Ilona en el vestíbulo de un hotel. La lluvia lo ha obligado a refugiarse allí, en ese espacio (de tránsito) donde ella está "manipulando una de las máquinas que producía toda suerte de sonidos y campanilleos anunciadores de un acierto en las figuras "(pág. 45). Y de inmediato ella le pregunta: "dime, allá adentro, ya sabes a lo que me refiero, allá, en el fondo, donde guardas lo tuyo, ¿cómo está todo?" (pág. 45). Y responde Maqroll: "Eso, ahí, sigue muy bien. todo en orden. Lo malo es lo otro. Lo de afuera" (pág. 45).

Más adelante, cuando ambos reflexionan acerca del tipo de negocio que era "Villa Rosa", Ilona comenta que "el fastidio viene de otra parte, de otra zona de nuestro ser" (pág. 76). Y el Gaviero trata de aclarar la cuestión mediante la siguiente argucia cultural



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En nuestro mundo católico-occidental se suelen oponer como  polos antitéticos la prostitución y el matrimonio. En la práctica, visto uno de ellos tan cerca como es nuestro caso ahora. la antítesis se disuelve y transforma en una especie de paralelismo aberrante (pág. 76).

Larissa llega a "Villa Rosa" y está a punto de narrar su travesía amorosa en el mar. El Gaviero e Ilona se sobrecogen:

... nos intrigó la ronca firmeza de su voz que denotaba una secreta e intensa energía, una energía nacida en un lugar más recóndito, intocado e inconcebible, que esa presenciafisica a punto de extinguirse (pág. 88).

Antes de acudir al encuentro (final) con Larissa, la decisión de Ilona parecería inspirada por un súbito conocimiento de-lo-que-está-ocurriendo-o-va-a-ocurrir. Se lo explica a Maqroll:

Nos vamos de aquí y lo hago sin ningún remordimiento. No voy a hundirme con Larissa. Además, ella hace ya mucho tiempo  que está en la otra orilla. No se trata de si tiene o no salvación. Eso no depende de mí ni de nadie que pertenezca todavía al mundo de los vivos. Ella quién sabe desde cuándo presidió ya su propio funeral (pág. 105).

Ese todavía es sintomático -igual que la otra orilla, ¿de qué mar?pues vale tanto para Larissa como para Ilona. No es necesario un exceso de agudeza para advertir que esta definición de muerte aparenta ser la conclusión de un lenguaje que se pretende ubicar con exactitud en el recóndito punto ante el cual se rinden los cuerpos. El fondo (la parte del buque que va debajo del agua) es otro lenguaje en pos de sí:

Porque la muerte lo que suprime  no es a los seres cercanos y que son nuestra vida misma. Lo que la muerte se lleva para siempre  es su recuerdo, la imagen que se va borrando, diluyendo, hasta perderse y es entonces cuando empezamos nosotros a morir también (pág. 108).

Apenas deja la voz de ser recuerdo, es decir, en el momento en que pierde su valor entre los oyentes, asoma el fin. Y una vez más acude Maqroll el Gaviero a la faena del mejor truco que conoce: el trueque de voces auspiciado por la poesía, que llega a tiempo cuando menos se la espera, con las palabras de siempre.

EDGAR O'HARA