Reseña narrativa: Los trucos del trueque Ilona llega con la
lluvia
Los trucos del trueque
Ilona llega con la lluvia
Alvaro Mutis
Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1987.
En la breve nota dirigida a los lectores, el narrador de Ilona
llega con la lluvia se detiene en tres constantes de la
personalidad de Maqroll el Gaviero. La más importante es la voz, el
arma primordial que opaca al cuerpo. Luego, la moral que le
dictamina su condición de "outsider", de marginal por
derecho propio. Y finalmente la clase de episodios que constituyen
la materia de su vida y su lenguaje. Por eso insiste en
caracterizarlos con palabras como dramatismo, tensión y vena
lírica.
Así como Alvaro Mutis puede saltar de una forma a otra (crónica
y relato, en verso y prosa) sin moverse de la poesía, también al
Gaviero le es permisible habitar un presente continuo, con la
perfecta anuencia del pasado y el futuro. Pero la actualidad de las
historias del Gaviero está sellada por la elegía. Y toda narración
elegíaca es sabrosísima como el pan caliente, siempre y cuando sepa
sobornar el interés del auditorio con el ofrecimiento de hacer
llevadero un misterio que jamás será resuelto. ¿Con qué
rellenaremos ese pan crocante salido del horno? En el caso de
Maqroll con una voz con pinta de mortadela existencial: nuestra
imaginación.
El libro de Mutis tiene, entre muchas virtudes, la maestría de
combinar la sencillez argumental con una prosa densa que se
sostiene en la insistencia de unas cuantas imágenes. Como una
espiral, el narrador de Ilona llega con la lluvia va de un lado a
otro del tiempo y el espacio sin perder de vista el hilo que nos
entregó en la primera página y que estamos ovillando con simpatía y
esmero. Leyéndolo descubrí por qué nunca me aburren las peripecias
del Gaviero, un perdedor nato, un "loosser"
consuetudinario. Y es que comparte la misma jarana con el Coyote
-de la serie de Bugs Bunny-, el eterno perseguidor del Correcaminos
(¡Beep beep!). De antemano sabemos que jamás le dará caza,
pero somos incapaces de resistir el deleite que nos causan sus
desventuras.
Algo similar sucede con la narrativa de Mutis, y en especial con
el segundo volumen de la trilogía que iniciara La nieve del
Almirante. Cada capítulo actualiza la secuela de los descalabros ya
previstos. Debido a este recurso, Iloana llega con la lluvia
favorece una lectura que sería la traslación metafórica del oficio
de los personajes. Todos ellos están envuelto en negocios
-generalmente turbios- de transporte o intercambio de mercancías.
Digámoslo de una vez: el Gaviero tiene como único bien de uso y de
cambio sus palabras. Y los mismo les sucede a los demás
protagonistas de esta historia. Son mercaderes que soportan una
carga invisible de la que deben desprenderse: el verbo, cuyo peso
es controlado por la angustia.
El relato se abre con una muerte (la de Wito) y se cierra con el
( otro) suicidio/ homicidio de Larissa-Ilona, Cabe destacar que de
todos los personajes, el Gaviero es el único que no posee más que
lenguaje. De Larissa se podría decir que era la "dueña"
del Lepanto: "Ella es ese barco. forma parte de esos despojos
tirados en la costanera; hasta tal punto que uno; no consigue saber
dónde terminan éstos y dónde comienza ella"(pág. 101).
¿Cómo se mantiene la narración? Mediante la suspensión de
voces (vacíos o precauciones de cada memoria) y el entrecruzamiento
de vidas. Cornelius, por ejemplo, había sido compañero de colegio
de Susana, la esposa de Wito; Abdul Bashur también tenía una
historia amorosa con Ilona; y ésta y Larissa compartían, según el
Gaviero, cierta fisonomía.
La poética del libro podría ser elegida entre muchos pasajes que
se refieren al comercio. Elijo el siguiente porque expone mejor los
diferentes substratos orales (narraciones) y espacios (mar / tierra
/ burdel). El Gaviero, varado en Panamá, se dedica a recorrer
vestíbulos y bares de los grandes hoteles del sector bancario
y, en la noche, por algunos de los clubes nocturnos en
donde gente de todas las condiciones, oficios y razas,
busca distraer el hastío que los invade en esas paradas
obligatorias que imponen los viajes de negocios; en el aire cargado
y más bien sórdido de los casinos (. . .) por tales sitios y por
algunos otros menos confesables, busqué en vano esa oportunidad de
emprender algo que me permitiera salir del pantano en el que me
hundía lenta pero irremediablemente (págs. 37-38).
Y en seguida salta la metáfora que nos interesa:
Igual cosa hacía cerca de las grandes tiendas, en donde entraban
los viajeros, atraídos por una mercancía que resulta. luego, en
buena parte, hecha de saldos de marcas prestigiosas o de atrevidas
falsificaciones de las mismas (pág. 38).
Creo que esto aclara el sentido de la verdad o falsedad de las
historias que son el trueque salvador entre los personajes. No
importa averiguar si Laurent Drouet-D'Erlon y Giovan Battista Zagni
son simples emanaciones de la histeria, el apetito sexual o la
insaciabilidad de Larissa. Tampoco si el propio narrador se
confunde (¿sí o no?) cuando identifica al portero de la
"Pensión de lujo Astor" como si trabajara en otro lugar.
Esto sucede al final, en el escenario de la explosión del Lepanto.
Sigamos por curiosidad esta huella:
En la recepción dormitaba un viejo de barba asiria y entrecana,
con facciones de cochero judío de la Viena de FranzJoseph (. . .)
que usaba una pierna ortopédica (pág. 34).
.. fui al mostrador para enfrentar al auriga danubiano (pág.
38).
.. fui a refugiarme en un par de vodkas que harían más fácil el
diálogo con el cojo cancerbero (pág. 39).
El Hotel Miramar era un poco más reducido que la Pensión de lujo
Astor (. . .) la dueña resultó ser también alguien mucho más
tratable y digno de confianza que el siniestro cojo con barbas de
cochero (pág. 41).
Sin embargo, como a un ave de mal agüero que ronda el lugar
donde acaba de ocurrir la tragedia, percibe el narrador "el
inconfundible golpeteo de una pierna ortopédica en el
pavimento"(pág. 107). Y añade: "Era el portero del Hotel
Savoy que se perdía en las sombras de la calle de enfrente"
(pág. 107).
Otra forma de comercio son los sonidos de la naturaleza. Cuando
no llueve (muy pocas veces) se escucha el canto de los grillos. Es
el indudable acompañamiento acústico del trópico ("los grillos
iniciaban su orquestada gritería ... "- pág. 33), pero además
se convierten en otros mensajeros de noticias secretas que
celebrarían el drama que se avecina: "Cuando me desperté, caía
la tarde y los grillos empezaban a ensayar sus indescifrables
señales vespertinas" (pág. 58), Más adelante el Gaviero se
entera de que hay algo (más) raro en Larissa porque "el
gerente de un consorcio de bancos escandinavos con sucursal en
Panamá" (pág. 87), que acaba de tener una cita con ella, se lo
advierte. y lanza un consejo de analista que está en el cauce de
nuestra lectura: hablarle a Larissa. Y el Gaviero concluye:
"Se despidió como hipnotizado. La noche del trópico se
lo tragó de inmediato entre la algarabía de los grillos ...
"(pág. 87).
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El destino también trágico de los espacios donde circulan las
historias tiene que ver con los designios ocultos en los que cree
el Gaviero. También el relato se abre y se cierraempleando un
recurso paralelo (esta vez con eslora): el "Hansa-Stern"
y el "Fairy of Trieste", El primero se pierde, digamos,
con su dueño, pues ha sido embargado junto con la "casita que
tenía en Willemstad'' (pág. 18), como confiesa Wito momentos antes
de suicidarse. El segundo viene con los mejores auspicios de Abdul
Bashur: "En una semana tocaría Cristóbal. Nos esperaba a bordo
del flamante "Fairy of Trieste " En su bodega traía
botellas del mejor Tokay. Esa parte del mensaje iba dirigida a
Ilona ... " (pág. 106). Ahora sospechamos que el Gaviero
tendrá que poner a Abdul al tanto de lo ocurrido. Y esa nueva
historia -que no oiremos pero que ya hemos leído será contada en el
barco o en otro lugar. Lo cual nos sitúa en una oposición decisiva
para el Gaviero:
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.. .la eterna y desvaída materia de esas vidas sin nombre y
sin rostro que resume para mí eso que las gentes de mar llaman
"estar en tierra firme" y que acaba provocándome un
fastidio abrumador (pág. 31).
Habría que preguntarse si es por eso que en tierra sólo es
factible un negocio como el de "Villa Rosa", de completo
tránsito (prostitutas que fingen de azafatas de aerolíneas) y que
concebiría ese ámbito como parte de una fantasía sexual sin asidero
(esta vez en el imaginario aire). De ahí que el mar (el rostro más
común de todo lenguaje) se postule como la única y exacta raíz de
estos personajes. El caso de Larissa es más que ilustrativo.
Finalmente podríamos enlazar las dos formas de marginalidad que
copan el relato. Por un lado, como ya hemos visto, está la calidad
de los negocios en que todos andan metidos, el Gaviero a la cabeza
en el claroscuro de las finanzas. Con Bashur ("amigo y
cómplice en operaciones que tocaban terrenos vedados por el código
penal... ': pág. 24); con el portero del Astor ("Se trataba de
cruzar los límites legales para ganar algunos dólares que me
permitirían sobrevivir mediocremente ... ': pág. 39). Y con Ilona
la creación de "Villa Rosa". Lo mismo podemos decir sobre
la clase de relatos que cada personaje tiene para repartir. La
marginalidad arraiga precisamente en los extremos ("fondo del
abismo / milagro salvador ': pág. 42) que sustentan la provocación,
el atractivo de cualquier peligro que es preámbulo de muerte.
Aunque el Gaviero no sea partidario del pesimismo ("Siempre he
pensado que a estos períodos de catastrófica secuencia de
infortunios no hay que darles un sentido trascendente de fatalidad
metafísica", pág. 27) en cambio acepta la intervención en su
vida de una entidad consagrada a hundirlo o elevarlo. Se trata de
algo difícil de discernir, localizado en alguna parte del cuerpo.
Su metáfora son los fantasmas de Larissa, que hacen el amor pero
sobre todo hablan e imploran ceremoniosamente. O cuando el Gaviero
deja la pensión Astor y cancela sus relaciones comerciales con el
portero:
Liquidé cuentas con él y salí de allí un cuarto de hora después
con cuarenta dólares en el bolsillo y ese peso muerto en la boca
del estómago, aciago anuncio de desastres ... (pág. 41).
A la luz de nuestra lectura es fácil entender cómo estas
expresiones -peso muerto / boca del estómagosugerirían el
desprendimiento de una forma de entraña de lenguaje. Algo físico y
a la vez inmaterial. He ahí el dilema que nos ayudaría a entender
por qué Larissa cometió un crimen (dual) signado por el absurdo.
Descartada la relación homosexual ("No -contestó-, no he
estado con ella en la cama. Si es lo que quieres precisar. Eso no
tendría mucha importancia ", pág. 101) habría otras
posibilidades. Una esotérica: Larissa 'necesitaba' a Ilona para
compensar la diferencia numérica con Laurent y Zagni, y lograr una
unión compartida sin los inconvenientes que el mundo de los vivos
les acarreaba a los amantes de alta mar. y otra verbal: encallado
el Lepanto, la escapatoria se situaba en un más allá, referido
sobre todo al lenguaje y a la sujeción de un cuerpo. Es por eso que
Larissa apenas si puede comunicarse con el Gaviero: " ...
frases entrecortadas y sin ilación [ ... ] habló con voz sorda ...
" (pág. 104). Hundirse en el silencio equivalía a la abolición
de los recuerdos, esto es, a integrarlos en un "presente"
fuera del tiempo.
Sigámosle los pasos a este intento. El Gaviero ha encontrado por
azar a Ilona en el vestíbulo de un hotel. La lluvia lo ha obligado
a refugiarse allí, en ese espacio (de tránsito) donde ella está
"manipulando una de las máquinas que producía toda suerte de
sonidos y campanilleos anunciadores de un acierto en las figuras
"(pág. 45). Y de inmediato ella le pregunta: "dime, allá
adentro, ya sabes a lo que me refiero, allá, en el fondo, donde
guardas lo tuyo, ¿cómo está todo?" (pág. 45). Y
responde Maqroll: "Eso, ahí, sigue muy bien. todo en orden. Lo
malo es lo otro. Lo de afuera" (pág. 45).
Más adelante, cuando ambos reflexionan acerca del tipo de
negocio que era "Villa Rosa", Ilona comenta que "el
fastidio viene de otra parte, de otra zona de nuestro ser"
(pág. 76). Y el Gaviero trata de aclarar la cuestión mediante la
siguiente argucia cultural
En nuestro mundo católico-occidental se suelen oponer como
polos antitéticos la prostitución y el matrimonio. En la práctica,
visto uno de ellos tan cerca como es nuestro caso ahora. la
antítesis se disuelve y transforma en una especie de paralelismo
aberrante (pág. 76).
Larissa llega a "Villa Rosa" y está a punto de narrar
su travesía amorosa en el mar. El Gaviero e Ilona se
sobrecogen:
... nos intrigó la ronca firmeza de su voz que denotaba una
secreta e intensa energía, una energía nacida en un lugar más
recóndito, intocado e inconcebible, que esa presenciafisica a punto
de extinguirse (pág. 88).
Antes de acudir al encuentro (final) con Larissa, la decisión de
Ilona parecería inspirada por un súbito conocimiento
de-lo-que-está-ocurriendo-o-va-a-ocurrir. Se lo explica a
Maqroll:
Nos vamos de aquí y lo hago sin ningún remordimiento. No
voy a hundirme con Larissa. Además, ella hace ya mucho
tiempo que está en la otra orilla. No se trata de si tiene o
no salvación. Eso no depende de mí ni de nadie que pertenezca
todavía al mundo de los vivos. Ella quién sabe desde cuándo
presidió ya su propio funeral (pág. 105).
Ese todavía es sintomático -igual que la otra orilla, ¿de
qué mar?pues vale tanto para Larissa como para Ilona. No es
necesario un exceso de agudeza para advertir que esta definición de
muerte aparenta ser la conclusión de un lenguaje que se pretende
ubicar con exactitud en el recóndito punto ante el cual se rinden
los cuerpos. El fondo (la parte del buque que va debajo del agua)
es otro lenguaje en pos de sí:
Porque la muerte lo que suprime no es a los seres cercanos
y que son nuestra vida misma. Lo que la muerte se lleva para
siempre es su recuerdo, la imagen que se va borrando,
diluyendo, hasta perderse y es entonces cuando empezamos nosotros a
morir también (pág. 108).
Apenas deja la voz de ser recuerdo, es decir, en el momento en
que pierde su valor entre los oyentes, asoma el fin. Y una vez más
acude Maqroll el Gaviero a la faena del mejor truco que conoce: el
trueque de voces auspiciado por la poesía, que llega a tiempo
cuando menos se la espera, con las palabras de siempre.
EDGAR O'HARA