Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña biografía: Apologítica Bolívar: el Libertador Gilette Saurat

Apologética

Bolívar: el Libertador Gilette Saurat

Traducción de Gonzalo Mallarino

La Oveja Negra, Bogotá, 1987,617 págs.

Otra vez, una vez más, la bibliografía bolivariana se ve aumentada en un volumen que busca, ante todo, la admiratio y que abandona el decoro de un mínimo de distancia crítica. Ya bien pasado el bicentenario del Libertador, y por tanto el cúmulo de homenajes de rigor, uno no ve bien cuál es el propósito específico de cansar la oferta biográfica que sobre Bolívar existe con una obra que -pese a su formidable extensiónno contribuye con nada nuevo, sorprendente o revelador sobre la vida y trabajos del creador de estas repúblicas. No se sugiere aquí que sea inútil escribir sobre nuestro más egregio ciudadano. Al contrario, es vital replantear el pasado. La comprensión de la vida y obra de Bolívar, por tanto, como las de todo nuestro panteón, se resienten por tratamientos como el que infunde la obra de Saurat. El elogio acrítico, la pretensión de hacer que el héroe destile lo sublime en cada uno de sus actos, altos y bajos; el querer constituir una imagen sobrehumana del héroe, son procedimien tos contraproducentes que nos alejan más de la figura retratada en vez de acercarnos a ella. Afirmaciones corno "agradecido, como todas las almas generosas, Simón Bolívar no perderá nunca la ocasión de manifestar su gratitud a aquellos con quienes se siente reconocido" (pág. 22) perjudican la imagen del biografiado, y no puede dejar de ser así. Decir que "su inteligencia, su cultura, pero sobre todo su elegancia, la distinción de sus modales que le venía del hábito del mundo y la vida cortesana, señalaban especialmente a Simón Bolívar para cumplir [ ... ] una misión delicada ... " (pág. 115) es substraer puntos a la imagen de Bolívar que se quiere evocar.

La concepción biográfica que Saurat despliega en estas páginas, su codificación narrativa, debe mucho a los procedimientos de Hollywood Bolívar como el "actor" (pág. 13); el Destino, un "gran director de escena' [sic] (pág. 14), Y Simón Rodríguez, el mentor del joven Bolívar, una especie de guionista. Estos procedimientos pueden ser útiles como estrategia de mercadeo para vender otra biografía del Libertador (plagada de erratas por demás), pero al costo enorme de demeritar no sólo su figura y la percepción que de ella tenemos, sino de falsear del todo el propósito del texto biográfico: arrojar luz. Ya desde el prólogo, titulado "El juramento del Monte Sacro", la biógrafa comienza a privilegiar incansablemente los aspectos que podemos llamar "histriónicos" de la vida de Bolívar. Es claro que la intención general de la obra no es analítica o crítica. Al contrario, se trata de ejercer el tono panegírico de comienzo a fin. Es concebir a los protagonistas de la historia como se concibe la hagiografía. Esta continua falta de balance le resta valor al trabajo de Saurat. Haberlo evitado constituye, por su parte, un aspecto notorio de la biografía de Bolívar que Liévano Aguirre escribiera, o Gerhard Masur antes que él, y que son actualmente dos parámetros a los cuales la obra que reseñamos no se aproxima. Aunque ambos estudios aparecen incluidos en la biografía final, su inclusión allí no deja entrever los beneficios de su aporte o los que uno podría suponer.

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Una preocupación central en la obra de Saurat parece haber sido la de dilucidar el asunto de los orígenes: los orígenes del clan Bolívar, los orígenes de la "rebeldía" del joven Simón, Los orígenes de su devoción por las ideas de libertad política, etcétera. De ahí que el prólogo, precisamente, se ocupe en magnificar las consecuencias de un acto inaugural (el juramento del Monte Sacro) que nadie, excepto Simón Rodríguez, pudo escuchar. Ese hacer depender la carrera política posterior del hombre de acción de un ocasional juramento de juventud -que no le representaba ninguna obligación- tiene toda la atracción dramática a la que biografías como ésta no pueden sustraerse, y que en realidad necesitan para tender un hilo de interés a lo largo de sus muchas páginas: ante los posteriores embates de la vida, el héroe (y especialmente sus biógrafos) siempre pueden apelar a esa promesa para restituir su dinamismo o pulsión iniciales. Así, el Bolívar de Saurat se acerca peligrosamente al protagonista de Corazón de Edmundo de Amicis: salvadas las diferencias de edad y otras, ambos buenazos se sobreponen a toda adversidad por el compromiso que está en el origen de sus periplos. En fin, esta concepción de la biografía asimila un personaje histórico de la complejidad y trascendencia del Libertador a un héroe de farándula al estilo televisual: ninguna mujer escapa al seductor Bolívar. El énfasis textual en sus hazañas de alcoba (virtualmente cada capítulo da cuenta de una nueva amante) permite suponer que la satisfacción fácil del lector ha sido la estrategia de caracterización favorecida por la biógrafa. sin que los datos editoriales permitan inferirlo (no se informa si la obra ha circulado en francés), uno puede imaginar, empero, la asimilación de estas exóticas aventuras por parte de sus lectores en las playas del verano francés.

Que existe una visión exótica de Bolívar y su entorno en la biografía de Saurat es evidente: durante su embajada en Londres, "Simón decidió una noche ir a calmar los ardores de su temperamento tropical en una de esas casas de placer ... " (págs. 129-130). Uno podría preguntarse qué "ardores" calmarían allí los londinenses. Al regreso de su exilio de decenios, Miranda "llegó a atribuir [ ... ] el calor de la acogida [ ... ] más a la tendencia de las gentes tropicales a inflamarse al paso de un bello desfile" (págs. 136-137). 

Ya antes, Miranda había apare ido en el texto como una "especie de Wilhelm Meister tropical" [sic] (pág. 57). Y son "las imaginaciones tropicales"(pág. 101) las que magnifican los hechos de la independencia. Subliminalmente se va constituyendo así el Bolívar exótico-héroe-de-película para consumo extranjero, preferentemente en la playa o en la sala de espera de trenes y aviones. Paralelamente, existe una visión de lo francés autocongratulatoria. El ayudante de Bolívar, Carlos Soublette, tenía "la frialdad y la circunspección" que "le venía tal vez de los orígenes franceses de su padre" (pág. 1419. Al narrar la toma de Buenos Aires por los ingleses, Saurat se pregunta: "¿No es una constante de la política inglesa el dejar en libertad a gentes audaces, sin escrúpulos ... ? " (pág. 96). Las acciones de "la pérfida Albión" son ampliamente expuestas como nefastas. Jacques de Liniers, el francés que retoma la ciudad a nombre de España, será en cambio un "magnánimo y caballeresco Reconquistador" (pág. 100).

En conclusión, una biografía del Libertador como la reseñada aquí puede, con todo, tener cierta relevancia en otros medios donde el nombre de nuestro país se confunde a menudo con el de la Bolivie. Para los jóvenes liceístas de esas tierras, evidentemente, dejará algún rédito la lectura de esta obra en que lo exótico de sus héroes tropicales es incitación a su consumo.

No así para nosotros.

GILBERTO GOMEZ OCAMPO