Reseña biografía: Apologítica Bolívar: el Libertador
Gilette Saurat
Apologética
BolÃvar: el Libertador Gilette Saurat
Traducción de Gonzalo Mallarino
La Oveja Negra, Bogotá, 1987,617 págs.
Otra vez, una vez más, la bibliografía bolivariana se ve
aumentada en un volumen que busca, ante todo, la admiratio y que
abandona el decoro de un mínimo de distancia crítica. Ya bien
pasado el bicentenario del Libertador, y por tanto el cúmulo de
homenajes de rigor, uno no ve bien cuál es el propósito específico
de cansar la oferta biográfica que sobre Bolívar existe con una
obra que -pese a su formidable extensiónno contribuye con nada
nuevo, sorprendente o revelador sobre la vida y trabajos del
creador de estas repúblicas. No se sugiere aquí que sea inútil
escribir sobre nuestro más egregio ciudadano. Al contrario, es
vital replantear el pasado. La comprensión de la vida y obra de
Bolívar, por tanto, como las de todo nuestro panteón, se resienten
por tratamientos como el que infunde la obra de Saurat. El elogio
acrítico, la pretensión de hacer que el héroe destile lo sublime en
cada uno de sus actos, altos y bajos; el querer constituir una
imagen sobrehumana del héroe, son procedimien tos contraproducentes
que nos alejan más de la figura retratada en vez de acercarnos a
ella. Afirmaciones corno "agradecido, como todas las almas
generosas, Simón Bolívar no perderá nunca la ocasión de manifestar
su gratitud a aquellos con quienes se siente reconocido" (pág. 22)
perjudican la imagen del biografiado, y no puede dejar de ser así.
Decir que "su inteligencia, su cultura, pero sobre todo su
elegancia, la distinción de sus modales que le venía del hábito del
mundo y la vida cortesana, señalaban especialmente a Simón Bolívar
para cumplir [ ... ] una misión delicada ... " (pág. 115) es
substraer puntos a la imagen de Bolívar que se quiere evocar.
La concepción biográfica que Saurat despliega en estas páginas,
su codificación narrativa, debe mucho a los procedimientos de
Hollywood Bolívar como el "actor" (pág. 13); el Destino, un "gran
director de escena' [sic] (pág. 14), Y Simón Rodríguez, el mentor
del joven Bolívar, una especie de guionista. Estos procedimientos
pueden ser útiles como estrategia de mercadeo para vender otra
biografía del Libertador (plagada de erratas por demás), pero al
costo enorme de demeritar no sólo su figura y la percepción que de
ella tenemos, sino de falsear del todo el propósito del texto
biográfico: arrojar luz. Ya desde el prólogo, titulado "El
juramento del Monte Sacro", la biógrafa comienza a privilegiar
incansablemente los aspectos que podemos llamar "histriónicos" de
la vida de Bolívar. Es claro que la intención general de la obra no
es analítica o crítica. Al contrario, se trata de ejercer el tono
panegírico de comienzo a fin. Es concebir a los protagonistas de la
historia como se concibe la hagiografía. Esta continua falta de
balance le resta valor al trabajo de Saurat. Haberlo evitado
constituye, por su parte, un aspecto notorio de la biografía de
Bolívar que Liévano Aguirre escribiera, o Gerhard Masur antes que
él, y que son actualmente dos parámetros a los cuales la obra que
reseñamos no se aproxima. Aunque ambos estudios aparecen incluidos
en la biografía final, su inclusión allí no deja entrever los
beneficios de su aporte o los que uno podría suponer.
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Una preocupación central en la obra de Saurat parece haber sido
la de dilucidar el asunto de los orígenes: los orígenes del clan
Bolívar, los orígenes de la "rebeldía" del joven Simón, Los
orígenes de su devoción por las ideas de libertad política,
etcétera. De ahí que el prólogo, precisamente, se ocupe en
magnificar las consecuencias de un acto inaugural (el juramento del
Monte Sacro) que nadie, excepto Simón Rodríguez, pudo escuchar. Ese
hacer depender la carrera política posterior del hombre de acción
de un ocasional juramento de juventud -que no le representaba
ninguna obligación- tiene toda la atracción dramática a la que
biografías como ésta no pueden sustraerse, y que en realidad
necesitan para tender un hilo de interés a lo largo de sus muchas
páginas: ante los posteriores embates de la vida, el héroe (y
especialmente sus biógrafos) siempre pueden apelar a esa promesa
para restituir su dinamismo o pulsión iniciales. Así, el Bolívar de
Saurat se acerca peligrosamente al protagonista de Corazón de
Edmundo de Amicis: salvadas las diferencias de edad y otras, ambos
buenazos se sobreponen a toda adversidad por el compromiso que está
en el origen de sus periplos. En fin, esta concepción de la
biografía asimila un personaje histórico de la complejidad y
trascendencia del Libertador a un héroe de farándula al estilo
televisual: ninguna mujer escapa al seductor Bolívar. El énfasis
textual en sus hazañas de alcoba (virtualmente cada capítulo da
cuenta de una nueva amante) permite suponer que la satisfacción
fácil del lector ha sido la estrategia de caracterización
favorecida por la biógrafa. sin que los datos editoriales permitan
inferirlo (no se informa si la obra ha circulado en francés), uno
puede imaginar, empero, la asimilación de estas exóticas aventuras
por parte de sus lectores en las playas del verano francés.
Que existe una visión exótica de Bolívar y su entorno en la
biografía de Saurat es evidente: durante su embajada en Londres,
"Simón decidió una noche ir a calmar los ardores de su temperamento
tropical en una de esas casas de placer ... " (págs. 129-130). Uno
podría preguntarse qué "ardores" calmarían allí los londinenses. Al
regreso de su exilio de decenios, Miranda "llegó a atribuir [ ... ]
el calor de la acogida [ ... ] más a la tendencia de las gentes
tropicales a inflamarse al paso de un bello desfile" (págs.
136-137).
Ya antes, Miranda había apare ido en el texto como una
"especie de Wilhelm Meister tropical" [sic] (pág. 57). Y son "las
imaginaciones tropicales"(pág. 101) las que magnifican los hechos
de la independencia. Subliminalmente se va constituyendo así el
Bolívar exótico-héroe-de-película para consumo extranjero,
preferentemente en la playa o en la sala de espera de trenes y
aviones. Paralelamente, existe una visión de lo francés
autocongratulatoria. El ayudante de Bolívar, Carlos Soublette,
tenía "la frialdad y la circunspección" que "le venía tal vez de
los orígenes franceses de su padre" (pág. 1419. Al narrar la toma
de Buenos Aires por los ingleses, Saurat se pregunta: "¿No
es una constante de la política inglesa el dejar en libertad a
gentes audaces, sin escrúpulos ... ? " (pág. 96). Las acciones de
"la pérfida Albión" son ampliamente expuestas como nefastas.
Jacques de Liniers, el francés que retoma la ciudad a nombre de
España, será en cambio un "magnánimo y caballeresco Reconquistador"
(pág. 100).
En conclusión, una biografía del Libertador como la reseñada
aquí puede, con todo, tener cierta relevancia en otros medios donde
el nombre de nuestro país se confunde a menudo con el de la
Bolivie. Para los jóvenes liceístas de esas tierras, evidentemente,
dejará algún rédito la lectura de esta obra en que lo exótico de
sus héroes tropicales es incitación a su consumo.
No así para nosotros.
GILBERTO GOMEZ OCAMPO