Reseña historia: La correspondencia de dos hace historia
Santos y López de Mesa. Sesenta años de historia nacional
La correspondencia de dos hace historia
Santos y López de Mesa. Sesenta años de historia nacional
Javier Gutiérrez Villegas
Universidad de Antioquia, Medellín, 1984, 346 págs.
En su obra Javier Gutiérrez intenta recrear más de medio siglo
de historia colombiana, tomando como eje conductor la relación
amistosa entre Eduardo Santos y Luis López de Mesa. Esta es
abordada a través de la nutrida correspondencia entre los dos
personajes, gran parte de la cual fue donada a la Academia
Antioqueña de Historia en la década del setenta. Gutiérrez no se
limita a esta única y novedosa fuente; por el contrario, teje una
red apoyándose en otras fuentes primarias y secundarias, red que
permite al texto tener agilidad y coherencia en la narración, a tal
punto que muchas veces no se sabe si habla Santos, López de Mesa,
algún otro actor de la
época o el mismo Villegas. En este sentido no existen párrafos
forzados sino un continuo fluir que sitúa el contexto en que se
ubican la correspondencia y los hechos políticos más determinantes
durante casi seis decenios: 1909-1967.
La amistad de Santos y López de Mesa transcurre teniendo como
telón de fondo una compleja gama de procesos políticos, económicos
y sociales. Pertenecientes ambos a la generación del Centenario,
miembros del partido liberal, el uno abogado y el otro médico,
trabaron amistad a finales de la dictadura de Rafael Reyes y
recorrieron caminos paralelos en el campo de la política y la
administración pública, presenciando el arduo proceso de
modernización que ha sacudido al país en el presente siglo. Fueron
testigos del declinar de la hegemonía conservadora y del surgir de
la república liberal; vivieron el período de la violencia que azotó
al país en el 50, y participaron del proceso de "reconciliación
partidista" que inició el Frente Nacional, el cual dejó, sin
embargo, un amargo sabor en ellos, cierto pesimismo frente a la
enloquecida "politiquería" de la elite.
Sorprende a veces la visión tan idealizada que Gutiérrez delineó
de estas dos figuras, el tipo de correspondencia que eligió para
dar estructura al libro, los comentarios que hace y las
conclusiones que va desprendiendo en el desarrollo de la temática.
En realidad, Santos y López de Mesa aparecen como dos personajes
sin mácula, por encima del bien y del mal, defendiendo siempre
intereses y metas sociales. Esto nos hace recordar a Rodolfo de
Roux cuando afirma que los "héroes de bronce", que los textos de
historia nacional presentan a los niños, son héroes con los que es
difícil identifcarse en la medida en que son inabordables,
inimitables, dado su grado de perfección 1.
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Este empeño por mostrar una imagen ideal es mas explícito a raíz
de las acusaciones de indiferencia hechas a Carlos Lleras Restrepo,
Luis López de Mesa y Eduardo Santos -cuando aquellos ocupaban
cargos públicos bajo la presidencia de éste-, indiferencia respecto
a la defensa del canal de Panamá en la época de la segunda guerra
mundial y las negociaciones pertinentes a la adquisición a favor de
Colombia del 51 % de las acciones de Avianca. Gutiérrez Villegas se
esmera en mostrar la inocencia de éstos, no sólo transcribiendo sus
cartas de defensa, sino reforzándolas para que el lector quede
convencido de ello. Refiriéndose a la reacción de Santos frente al
problema, Villegas afirma: "Y sabedor de la probidad, del buen
juicio y del sentido patriótico de las gestiones de sus ministros
López de Mesa y Lleras Restrepo, recibió los acerbos ataques con
desdén" (pág. 269).
Desde otro ángulo, existe un elemento que da cierta
artificialidad al texto. La vida de estos dos hombres y su
desempeño en la vida política, así como la de personajes cercanos a
ellos, no parece tener clara relación con la historia nacional -tal
como pretende el libro-; más bien parece la historia cerrada y
artificial de una elite que obra y se mueve en una especie de
subesfera en donde el país nacional se percibe de manera
difusa.
No en vano historiadores como Cristopher Abel, Aline Helg,
Germán Colmenares, destacan la gran distancia que siempre existió
entre el pueblo y sus clases dirigentes, y como estos últimos se
mueven en torno a intereses particulares y no de carácter nacional.
Las referencias a problemas económicos y sociales son escasas.
Todos los conflictos parecen estar envueltos en el velo de la
política bipartidista. Las alusiones al pueblo muestran desprecio;
o está preso de ignorancia o de taras genéticas que constituyen un
obstáculo al proceso de modernización, interpretaciones que eluden
el problema de considerarlo como actor político. En síntesis, la
sociedad en su conjunto aparece en el trasfondo más como escenario
pasivo en el que se mueven los protagonistas, que como contexto
explicativo de su actuar.
El aporte del texto de Villegas al campo de la historia de las
ideas tiene validez y mérito en cuanto al tema, al manejo
documental y a la cuidadosa redacción, pero presenta, no obstante,
deficiencias respecto al análisis mismo de la correspondencia, el
cual es importante para identificar las formas de pensar, las
visiones del mundo, avanzando mas allá de las descripciones que se
quedan en el sentido común. En otras palabras, Gutiérrez no dice
más allá de lo que dicen los personajes sometidos a estudio. Es por
esto, quizá, por lo que las imágenes resultan impecables, porque no
se alejan de la mirada que sobre sí mismos y sobre los
acontecimientos tienen los personajes que se pretende historiar. Y,
en este aspecto, las otras fuentes de las que "echa mano" sólo
confirman las acepciones simples que sobre los procesos sociales y
políticos parecieran tener en ocasiones estos dos representantes de
la clase política del país.
Aunque la utilización del género epistolar para fines de
análisis histórico significa, sin lugar a dudas, un intento
novedoso en la historiografía nacional, es preciso avanzar en el
terreno interpretativo, con el objeto de dar calidad al tratamiento
de este tipo de documentación. En este sentido, el trabajo de
Gutiérrez Villegas señala un camino que habrá que abordar con
mayores herramientas conceptuales, pero cuyas perspectivas se
vislumbran como prometedoras para el análisis histórico yen
particular para la historia de las ideas.
MARTHA CECILIA HERRERA C.
1
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Rodolfo, de Roux, "Acerca de la historia que se enseña a
los niños", en Revista Educación y Cultura, núm. 10, Bogotá,
1987.
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