Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña historia: La correspondencia de dos hace historia Santos y López de Mesa. Sesenta años de historia nacional

La correspondencia de dos hace historia

Santos y López de Mesa. Sesenta años de historia nacional

Javier Gutiérrez Villegas

Universidad de Antioquia, Medellín, 1984, 346 págs.

En su obra Javier Gutiérrez intenta recrear más de medio siglo de historia colombiana, tomando como eje conductor la relación amistosa entre Eduardo Santos y Luis López de Mesa. Esta es abordada a través de la nutrida correspondencia entre los dos personajes, gran parte de la cual fue donada a la Academia Antioqueña de Historia en la década del setenta. Gutiérrez no se limita a esta única y novedosa fuente; por el contrario, teje una red apoyándose en otras fuentes primarias y secundarias, red que permite al texto tener agilidad y coherencia en la narración, a tal punto que muchas veces no se sabe si habla Santos, López de Mesa, algún otro actor de la

época o el mismo Villegas. En este sentido no existen párrafos forzados sino un continuo fluir que sitúa el contexto en que se ubican la correspondencia y los hechos políticos más determinantes durante casi seis decenios: 1909-1967.

La amistad de Santos y López de Mesa transcurre teniendo como telón de fondo una compleja gama de procesos políticos, económicos y sociales. Pertenecientes ambos a la generación del Centenario, miembros del partido liberal, el uno abogado y el otro médico, trabaron amistad a finales de la dictadura de Rafael Reyes y recorrieron caminos paralelos en el campo de la política y la administración pública, presenciando el arduo proceso de modernización que ha sacudido al país en el presente siglo. Fueron testigos del declinar de la hegemonía conservadora y del surgir de la república liberal; vivieron el período de la violencia que azotó al país en el 50, y participaron del proceso de "reconciliación partidista" que inició el Frente Nacional, el cual dejó, sin embargo, un amargo sabor en ellos, cierto pesimismo frente a la enloquecida "politiquería" de la elite.

Sorprende a veces la visión tan idealizada que Gutiérrez delineó de estas dos figuras, el tipo de correspondencia que eligió para dar estructura al libro, los comentarios que hace y las conclusiones que va desprendiendo en el desarrollo de la temática. En realidad, Santos y López de Mesa aparecen como dos personajes sin mácula, por encima del bien y del mal, defendiendo siempre intereses y metas sociales. Esto nos hace recordar a Rodolfo de Roux cuando afirma que los "héroes de bronce", que los textos de historia nacional presentan a los niños, son héroes con los que es difícil identifcarse en la medida en que son inabordables, inimitables, dado su grado de perfección 1.

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Este empeño por mostrar una imagen ideal es mas explícito a raíz de las acusaciones de indiferencia hechas a Carlos Lleras Restrepo, Luis López de Mesa y Eduardo Santos -cuando aquellos ocupaban cargos públicos bajo la presidencia de éste-, indiferencia respecto a la defensa del canal de Panamá en la época de la segunda guerra mundial y las negociaciones pertinentes a la adquisición a favor de Colombia del 51 % de las acciones de Avianca. Gutiérrez Villegas se esmera en mostrar la inocencia de éstos, no sólo transcribiendo sus cartas de defensa, sino reforzándolas para que el lector quede convencido de ello. Refiriéndose a la reacción de Santos frente al problema, Villegas afirma: "Y sabedor de la probidad, del buen juicio y del sentido patriótico de las gestiones de sus ministros López de Mesa y Lleras Restrepo, recibió los acerbos ataques con desdén" (pág. 269).

Desde otro ángulo, existe un elemento que da cierta artificialidad al texto. La vida de estos dos hombres y su desempeño en la vida política, así como la de personajes cercanos a ellos, no parece tener clara relación con la historia nacional -tal como pretende el libro-; más bien parece la historia cerrada y artificial de una elite que obra y se mueve en una especie de subesfera en donde el país nacional se percibe de manera difusa.

No en vano historiadores como Cristopher Abel, Aline Helg, Germán Colmenares, destacan la gran distancia que siempre existió entre el pueblo y sus clases dirigentes, y como estos últimos se mueven en torno a intereses particulares y no de carácter nacional. Las referencias a problemas económicos y sociales son escasas. Todos los conflictos parecen estar envueltos en el velo de la política bipartidista. Las alusiones al pueblo muestran desprecio; o está preso de ignorancia o de taras genéticas que constituyen un obstáculo al proceso de modernización, interpretaciones que eluden el problema de considerarlo como actor político. En síntesis, la sociedad en su conjunto aparece en el trasfondo más como escenario pasivo en el que se mueven los protagonistas, que como contexto explicativo de su actuar.

El aporte del texto de Villegas al campo de la historia de las ideas tiene validez y mérito en cuanto al tema, al manejo documental y a la cuidadosa redacción, pero presenta, no obstante, deficiencias respecto al análisis mismo de la correspondencia, el cual es importante para identificar las formas de pensar, las visiones del mundo, avanzando mas allá de las descripciones que se quedan en el sentido común. En otras palabras, Gutiérrez no dice más allá de lo que dicen los personajes sometidos a estudio. Es por esto, quizá, por lo que las imágenes resultan impecables, porque no se alejan de la mirada que sobre sí mismos y sobre los acontecimientos tienen los personajes que se pretende historiar. Y, en este aspecto, las otras fuentes de las que "echa mano" sólo confirman las acepciones simples que sobre los procesos sociales y políticos parecieran tener en ocasiones estos dos representantes de la clase política del país.

Aunque la utilización del género epistolar para fines de análisis histórico significa, sin lugar a dudas, un intento novedoso en la historiografía nacional, es preciso avanzar en el terreno interpretativo, con el objeto de dar calidad al tratamiento de este tipo de documentación. En este sentido, el trabajo de Gutiérrez Villegas señala un camino que habrá que abordar con mayores herramientas conceptuales, pero cuyas perspectivas se vislumbran como prometedoras para el análisis histórico yen particular para la historia de las ideas.

MARTHA CECILIA HERRERA C.

1
Rodolfo, de Roux, "Acerca de la historia que se enseña a los niños", en Revista Educación y Cultura, núm. 10, Bogotá, 1987.