Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

La Exposición de Arte Contemporáneo del Hemisferio Occidental, realizada en Bogotá a finales de 1945 con participación de obras de José Clemente Orozco y Diego Rivera (México), de G. Bellows (Estados Unidos) y de Ignacio Gómez Jaramillo (Colombia) le sirvió a Engel para comparar el estado de nuestra plástica con la del resto del continente. A partir de esta exposición sus trabajos van mostrando mayor comprensión del fenómeno artístico nacional. En 1946, su actitud hacia el arte abstracto se había modificado, y llegó a decir que la obra de Edgar Negret era "interesante". Este comentario ingenuo se vio confrontado, en 1947, con otro, escrito por Jorge Gaitán Duran para la misma revista, también sobre Negret, en el que se presentaba en forma solidaria la obra de este artista, como la manifestación generacional de la "realidad trágica de nuestro siglo". Igualmente, el artículo destacaba un comentario .sobre la obra de Eduardo Ramírez Villamizar, descrita por Gaitán Duran como "un arte concebido dentro de ciertas líneas, quizá algo abstracto, pero que no frenan su impulso lírico, fuerte aluvión trágico, tensión sanguínea y agonista". Estos comentarios muestran un interés apasionado por las motivaciones de los jóvenes artistas que para el momento lanzaban nuevas propuestas estilísticas. La presencia de Jorge Gaitán Duran en Revista de las Indias y el pulso de sus comentarios mostraban otros rumbos a la crítica artística, salidas de la visión de un proyecto cultural más ambicioso que inspiró la fundación de Mito.

Propaganda que se publicaba en las contracubiertas de la revista.

Un tipo de proyecto como ese, desgraciadamente, estaba ausente de la obra crítica de Walter Engel. Con el transcurrir del tiempo esta carencia se convertiría en gran limitante para su labor.

Al finalizar el decenio del cuarenta, la actividad artística en la capital empezaba a mostrar gran auge. Una inusitada expectativa en el mundo artístico es descrita por Engel para el año de 1948; se trataba de la Gran Exposición Interamericana de Pintura, que habría de celebrarse en el Palacio de Comunicaciones con motivo de la realización de la Conferencia Panamericana. Los graves sucesos del 9 de abril, que marcarían el comienzo de un sangriento proceso para Colombia, ocasionaron pérdidas irreparables para el arte, al ser incendiada la sede donde se iba a efectuar la exposición mencionada. El propio Walter Engel redactó una nota para Revista de las Indias titulada "Nuestra protesta", en la que informaba sobre las pérdidas y las obras salvadas.

Paradójicamente, después de estos sucesos la producción artística colombiana cobró gran impulso, como si se tratara de exorcizar el recuerdo del famoso "bogotazo", o como si el destino nacional tuviese que crear un interregno de sangre para anunciar el advenimiento de otra nueva época. Al multiplicarse el número de exposiciones, se abrieron las condiciones para un mercado de obras de arte (elementos apenas descritos por el personaje en mención); parecería que una nueva etapa se iniciaba en las relaciones sociales y económicas del país. Un año antes de estos sucesos se había inaugurado la Galena de Arte de la Avenida Jiménez. Este acontecimiento fue recibido en los medios artísticos con gran expectativa, pues, tal como lo señaló oportunamente Engel, "serviría de estímulo económico a los artistas".

En 1948 el centro de la atención de nuestro personaje fue el llamado Salón de los 26, realizado en el Museo Nacional. La figura central de los 26 fue, según Engel, Alejandro Obregón. Al nombrar de nuevo a esta figura de la plástica nacional, el crítico reconoció haberse equivocado en el pasado, cuando lo había presentado como un artista "preocupado antes que todo en valores y efectos [...] meramente estéticos", es decir, de un formalismo sin contenido. Al corregir su apreciación, reconoce que, además de preocupación estética, las realizaciones de Obregón son de "honda expresión humana". De la lista de los 26 menciona también al ya consagrado Luis Alberto Acuña; a Enrique Grau, quien para ese momento, según el critico, "abre el camino a la verdadera pintura" (antes había dicho que el valor de Grau estaba en su disposición para la ilustración y el dibujo); a Wiedemann, a quien califica como el artista "sometido a un proceso constante de renovación artística"; a Ignacio Gómez Jaramillo, para quien la nota de presentación es la de ser el gran maestro en el "equilibrio" entre todos los componentes del grupo; a Hernando Tejada, quien es destacado porque su obra está encaminada hacia una visión más amplia, "presente en el conjunto de su obra"; a Lucy Tejada, de quien dice que es portadora de una "gran sensibilidad" en la composición de su obra; a Edgar Negret, a cuya escultura reconoce un "ritmo casi pictórico en el uso del vacío".

En este artículo escrito con motivo de la exposición de los 26, mostraba un acercamiento más emocional y maduro a la comprensión de las expresiones que comportaban "rupturas", de muchas de las obras de los citados artistas; los trabajos de pintores como el caldense Alipio Jaramillo son mencionados por Engel, porque a través de ellos tienen la oportunidad de comentar las obras de artistas que "practicaban" un febril nacionalismo y que tenían como mentores a figuras como la del mexicano Siqueiros; con ello quería aportar al debate sobre estas tendencias y avanzar en su papel de crítico, que poco a poco se había ido alejando de las simples crónicas que escribió al principio.

Leyendo a Walter Engel no se deja de pensar que su labor de difusión del arte representó el comienzo de una actitud intelectual, no exenta de los riesgos que la crítica conlleva al intentar desterrar la mediocridad y valorar la verdadera creación, cuando se parte de un débil y borroso referente que contraste la gestión crítica con la producción realizada en el medio artístico concreto, sobre todo sí se tiene en cuenta que a la revista que lo patrocinó le faltó visión para utilizar la potencialidad que ofrecía la red de colaboradores y la presencia de otros críticos en los países donde circulaba.