Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
En 1942, Tulio Enrique Tascón publicó "Cuarenta años de
historia". "La misión de Bolívar en
Londres-1810" tuvo como autor a quien seguía perfilándose
como gran historiador y antropólogo: Guillermo Hernández de Alba;
del mismo autor son las reflexiones "Las artes populares
en Colombia" (1946).
En 1950 aparecieron otros artículos de carácter histórico, como
"El arzobispo Mosquera" de Benjamín Iragorri;
"Significado de las ideas de Bolívar y San Martín en el
mundo moderno" de Indalecio Liévano Aguirre y
"Colombia en la biografía del Libertador" de
Manuel José Forero. Prevalecía en algunos de ellos la idea del
perfil épico y heroico del acontecer histórico y sociológico, pero
también se anunciaban las rupturas que empezaban a formular el
papel protagónico que desde la literatura había consagrado Mariano
Azuela en Los de abajo.
También la preocupación por una sociología profesional empezó a
tener eco en la revista. Uno de esos llamados claves en favor de
esta disciplina se dio cuando apareció el artículo de Luis Eduardo
Nieto Arteta, escrito en 1940, "Salvador Camacho Roldan y
Miguel Samper, precursores de la sociología
americana".
Sin embargo, desde 1937 ya se había publicado un extenso
artículo de sociología, firmado por Carlos Jaramillo Borda, escrito
para varias entregas, con el título de "Los valores y una
teoría para ellos". Por su bibliografía se veía que los
clásicos europeos de la sociología ya habían sido traducidos en
Colombia. Uno de esos autores extranjeros que expresaron su
pensamiento sociológico fue Luis Recaséns Siches, nacido en
Guatemala pero unido a la tradición cultural española por el origen
de sus padres. Vinculado también a la Casa de España en México, sus
artículos y conferencias tuvieron gran difusión en Colombia,
especialmente sus disertaciones sobre "La sociedad y el
derecho en la vida humana". Tal como sucedió con la obra
de este personaje, que casi borraba los límites entre el derecho,
la filosofía y la sociología, aconteció con otros precursores de la
sociología en Colombia que salieron de las escuelas de derecho,
como serían los casos de la obra de Carlos Jaramillo Borda, Benigno
Mantilla Pineda y Rafael Bernal Jiménez.
Si el discurso del derecho llegó a ser tan afín al discurso
sociológico, lo mismo podría decirse del discurso del arte. Prueba
de ello es la aparición en Revista de las Indias de ensayos como
"Sociología del arte" de Francisco Ayala y
"Sociología y estética en la obra de Goya" de
Jaime Sánchez, ambos escritos en 1946. Todos estos valiosos
registros se entrecruzaron para formar también la historia de
Revista de las Indias y constituir una especie de sala de espera
para los futuros sociólogos e historiadores.
Cayetano Betancur es un buen ejemplo de ese puente entre la
sociología y la filosofía, tal como lo comprueba su obra Sociología
de la autenticidad y la simulación, publicada en 1955. Las
reflexiones de este intelectual lo llevaron a plantear el problema
de las influencias en las diferentes ramas del saber en Colombia,
especialmente de aquellas que, como antes se dijo, se encontraban
en "sala de espera". La obra de Betancur se
nutrió del pensamiento de José Ortega y Gasset, y por influencia de
éste llegó al estudio del pensamiento alemán; aunque, según los
críticos, el acercamiento a la filosofía alemana por influencia de
Ortega no llegó a tener en cuenta el "nuevo
humanismo", trayendo como resultados "una
germanofilia aguada e imitadora".
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Contracubierta del núm. 112 y
cubierta del núm. 113 de 1950.
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Sin embargo, hay una constante en la obra de Cayetano Betancur:
su preocupación por el análisis de la cultura colombiana. De sus
muchas colaboraciones para Revista de las Indias, se destacaba un
ensayo que bien puede ilustrar no sólo las inquietudes del
filósofo, sino también un interesante diagnóstico del ambiente
cultural. Se trataba del artículo "Lo negativo en el
estado actual de la cultura colombiana", escrito en 1939.
En él plasmó aspectos polémicos sobre los diversos saberes que aquí
se han venido mencionando.
Haciendo un inventario sobre la filosofía en Colombia, Betancur
dice: "En Colombia no ha existido una escuela filosófica y
lo que aparece es sólo producto de las circunstancias [...]
"Acá no se ha tenido siquiera un positivismo riguroso, una
escuela fundamentada en la gran crítica de Kant; para que después
de una ardua disciplina se pueda generar la discusión y llegar a la
fenomenología de Husserl, al intuitivismo de Bergson".
Sobre el desarrollo colombiano de la psicología hizo la siguiente
reflexión: "...aún se confunde el estudio metafísico del
alma y el experimental de lo psíquico; el método utilizado es el
asociacionismo sin más discusiones y a la vez mezclado con otros
métodos; se utilizan teorías como las de Freud y a la vez se juzga
irreverentemente a sus antecesores".
A los que pretendían hacer análisis sociológicos en esa época
les dijo: "En la sociología apenas se acercan de una
sociología de contenidos y causalista a una sociología formal y
descriptiva: el paso de Durkheim a Max Weber es lento y se ignora
el trabajo de este último [...] Hay sociólogos que hacen historia,
e historiadores que tratan de buscar el devenir de los
acontecimientos y cuando se desarrolla su teoría abstracta se
pierde lo real y su devenir, en lo abstracto de las leyes. [...] El
marxismo se trabaja de manera primitiva, se lee a Marx en el
énfasis de lo económico, no se ha podido ir más allá; es un
marxismo primitivo".
Se refirió igualmente a la situación del derecho en Colombia y
su concepción positivista; en cuanto a la política como elemento
clave de nuestra cultura, dijo: "En política no se
corresponden nuestros partidos, no se distingue entre régimen de
libertad y régimen de democracia, entre gobierno fuerte y gobierno
arbitrario". Según él, el concepto de democracia en
Colombia significaba solamente "el deseo de mantener el
orden jurídico" o sea esa visión estrecha motivada
simplemente por una "aversión a la
arbitrariedad", aspecto éste que tocaba con la debilidad
de nuestra sociedad civil.
Concluía Betancur que en el campo de las artes "se anda
en los mismos caminos expuestos, pues si no se ha comprendido una
realidad y ni siquiera las 'muletillas' teóricas que ayudan a
acercarse a ella, menos se llegará a la producción artística o
estética que es reflejo de estos componentes".
Mucha agua ha corrido bajo el puente desde la fecha en que
Cayetano Betancur escribió este ensayo y aún muchos de estos
problemas están vigentes, aunque hayan sido analizados con otras
categorías en ese constante juego entre la desesperanza y la
utopía.
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