Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
LA DEMOCRATIZACIÓN DEL PENSAMIENTO
CIENTÍFICO
Desde el famoso Manifiesto de Córdoba de 1918, por todos los
caminos de nuestra América sonaban los ecos de la invitación a
combatir la terca "supervivencia de ese humanismo de
sacristía", como se ha caracterizado el ambiente y
mentalidad de nuestra historia cultural, hasta un período muy
avanzado del presente siglo. Esto no sólo es válido para el mundo
de las letras y de las artes sino también para caracterizar el
retraso en la tarea de difundir y estimular la producción
científica.
Revista de las Indias tardó un tiempo en asumir la
responsabilidad de inducir a un sector de sus colaboradores a
preparar el terreno de diseñar una estrategia para democratizar la
difusión del conocimiento científico, hasta ese momento relegada a
los claustros universitarios que habían empezado a interesarse por
la ciencia (algunos de ellos de gran importancia en centros
capitales como Bogotá, Medellín, ciudad de México y Buenos Aires).
En las páginas de la revista hay una ausencia total sobre temas de
desarrollo, ciencia y tecnología a la manera como la
intelectualidad de los países más desarrollados lo habían hecho, al
promover discusiones sobre el futuro del hombre en una sociedad
tecnificada o en vías de tecnificarse. Pensando en este fenómeno se
le ocurriría a cualquier investigador de la cultura latinoamericana
plantear una pregunta: ¿acaso nuestra intelectualidad se ha negado
a pensar y soñar en el futuro?
Entre 1936 y 1945 sólo aparecen dos artículos que hacen
referencia al problema de la ciencia: se trata de la traducción del
ensayo "La evolución de las ciencias naturales"
de De Monzie Anatole (1936) y el artículo "La
investigación científica en la formación universitaria" de
Pedro Urbano González de la Calle (1945). No sobra recordar que
para 1933 en Colombia se había creado la Academia Colombiana de
Ciencias, que fue reglamentada por el gobierno de Alfonso López
Pumarejo en 1936, siguiendo el modelo de otras que funcionaban en
Latinoamérica.
En 1948, la revista empezó a variar su actitud y aceptó la
colaboración de un especialista en asuntos científicos: Waldomar
Bellon Wiessner (cuyos datos biográficos no fue posible encontrar).
Bajo su autoría empezó a aparecer una sección que llevaba el título
de "Ciencias". Allí se presentaban, con ágil
estilo periodístico, reseñas y noticias sobre los principales
inventos y acontecimientos científicos del mundo europeo y
norteamericano.
La experiencia dejada por la sección
"Ciencias" fue prueba irrefutable de la
viabilidad de difundir en forma periodística una mentalidad que
contribuyera a un mayor acercamiento al interés por la ciencia. Sin
embargo, la dispersión y variedad de dichos temas corroboran la
ausencia de prioridades en el desarrollo científico, más aún cuando
en el plano nacional los hechos se imponían sobre el conocimiento
que se tuviera o no de ellos, con situaciones como la presencia de
la Fundación Rockefeller, la renovación de la enseñanza de las
matemáticas por el profesor Carlo Federici y procesos análogos en
los campos de la física y la química y ante todo la influencia
definitiva de la tecnología estadounidense sobre la europea. Al
respecto de eso expresa Gabriel Poveda Ramos: "Hasta antes
de la segunda guerra mundial la enseñanza y el cultivo de las
ciencias en Colombia habían estado acentuadamente influidos por los
centros culturales y científicos europeos, y muy especialmente por
los franceses [...] Pero después de la segunda guerra mundial
entraron de lleno a nuestras universidades, nuestros técnicos y
científicos las orientaciones estadounidenses marcadas por sus
autores, textos, sus manuales y la influencia de sus grandes
universidades". Ninguno de estos asuntos ocuparon la
atención de Wiessner, a pesar de que en forma indirecta se pudiera
deducir lo que este colaborador de la revista pensaba: ¡el sueño
americano se iba haciendo realidad, sin importar el inventario
crítico del fenómeno!
En 1951 se cerró el ciclo de vida de la revista, que desde 1936
se había dado ala quijotesca tarea de recorrer los caminos de
nuestra América y de intentar mirar a Europa desde un
"americanismo" que aún no se ha puesto de acuerdo
sobre su propio significado. De su existencia se puede decir, como
lo hace J. E. Jaramillo Zuluaga, recordando un comentario de Cobo
Borda sobre la revista Sur para aplicarlo a Eco, que Revista de las
Indias también forma parte del extraviado inconsciente de nuestra
cultura.
|