Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Para la ilustración de la cubierta del núm. 2 de 1983 se utilizó un fotomontaje de John Heartfield del semanario Arbicker Ilustriere Zeitung de 1932.

Contra estas "recepciones" nacionales del psicoanálisis es contra las que ha pretendido luchar Argumentos. Y también contra las que, supuestamente, pasan por ser más académicas y menos vulgares: las de Alvaro Villar Gaviria y la del doctor h.c. Estanislao Zuleta. Estos dos últimos han rentado prósperamente de la relación "marxismo-psicoanálisis" que, en sus casos, es reducida al marxismo de Wenceslao Roces, libretraductor de El capital, y al Freud de las Obras completas en la versión gaucha de 1942. El número 1 de Argumentos (la. ed., 1981; 2a. ed., ampliada, 1986), al menos cumple la tarea mínima, sin explicitarla, de contrarrestar estos contrabandos intelectuales. Tratando un tema parcial de la bibliografía psicoanalítica contemporánea, "la teoría de la libido y su relación con la personalidad autoritaria fascista", amplía su horizonte temático para homenajear al escritor alemán Heinrich Mann (1871-1950), cuyo libro El súbdito (1914, la. ed. por entregas) sirve a Jaramillo Vélez para hacer, como él dice, "un análisis de la novela de H. Mann con base en el cual se resume la teoría freudiana de la ontogenia del carácter, ejemplificada en el caso del carácter autoritario" (pág. 7 de la 2a. ed., que citaremos en adelante). O como lo explica literariamente el mismo Heinrich Mann en sus Memorias de 1945: "Me documenté sobre la novela del burgués alemán bajo Guillermo II desde el año de 1906. Terminé el manuscrito en 1914, dos meses antes del estallido de la guerra... El fascismo también: si se considera la figura del "súbdito" desde la posteridad. Cuando lo concebí me faltaba el concepto de fascismo que se veía llegar, pero no la intuición" (cit. en Argumentos 1, pág. 87). Esta figura del súbdito, del pequeño burgués fascistoide, es exhibida socialmente a través del ánimo de notoriedad, reconocimiento discriminador y un arribismo solapado ejercido, además, con brutalidad física; e individualmente se manifiesta -como lo categoriza el psicoanálisis- en una inseguridad continua ligada al temor por la pérdida del afecto paterno y al temor a la castración, al castigo.

 


Cubierta y contracubierta del número 4-5 de 1983 traducción directa del alemán de Rubén Jaramillo.

Jaramillo Vélez recurre, para confirmar sus hipótesis, a una amplía bibliografía -primaria y secundaria- de la Teoría crítica, es decir, la que surgió del ya famoso Círculo de Francfort - Horkheimer, T. Adorno, Marcuse- y polemiza tácitamente con las teorías del superyó del psicoanálisis ortodoxo, revisionista y desocializado del Fromm maduro y de la escuela funcionalista estadounidense (Horney, Thompson). La caracterología de este 'ciudadano bueno1 lo lleva a convertir "su frustración y su odio en reserva de agresión contra los otros: los proletarios, los débiles, las mujeres, los enfermos, los judíos" (pág. 42). Es inherente a la sociedad burguesa el ejercicio continuo de la violencia por parte de sus clases dominantes, y el 'súbdito' no apareció únicamente en la Alemania de 1933 a 1945. Este mediocre filisteo se encuentra latente en cualquier sociedad liberal -aun en la nuestra- y espera anhelosamente que se cumpla su sueño político de un Führer, "un gran político", "un hombre íntegro con un poder ilimitado", el dictador. El primer número de Argumentos apenas vislumbra la importancia de estudiar este oscuro problema. De ahí la vigencia de las últimas frases del ensayo de Heinrich Mann "Geist und Tat" ("Espíritu y acción"), donde supone la responsabilidad vigilante de los intelectuales frente a esa catástrofe posible: "El hombre del puño y la autoridad deben ser el enemigo. Un intelectual que se acerca a la casta de los señores traiciona el espíritu. Pues el espíritu no es nada conservador y no otorga ningún privilegio. El disuelve, él es nivelador, y por sobre las ruinas de cien fortalezas impulsa a las últimas realizaciones de la verdad y la justicia, a su cumplimiento, así sea éste el de la muerte" (Argumentos 1, pág. 59).