Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Con todo, esta preponderancia expresa de la subjetividad no constituye un método emotivo o emocional historiográfico: es una de las características esenciales del ensayo que se ocupa con la historia y que suele llamarse de modo general "estudio del carácter" con sus subdivisiones de "retrato, perfil, característica, figura, semblanza". Pero si los resultados de ese ensayo son: "...hacer ver que la Amétrica tropical e india debe poseer y estimular a sus historiadores y artistas, capaces de entender a los grandes hombres que ha producido, y no importar biografías y monumentos de Europa; no encargar esas obras a un Emil Ludwig, a un Iván Mestrovic, a un Muller. Es cuestión de dignidad. Y, ante todo, de auténtica conciencia americanista" (pág. 88) y que Bolívar "tuvo como ninguno la conciencia de la libertad para los pueblos y los hombres de América" (pág. 88), entonces el ensayo contiene demasiado poca sustancia. "Hacer ver que la América tropical es india" debe "estimular a sus historiadores y artistas" es una trivialidad. Para eso no es preciso escribir un libro. Pero para que no se importen "biografías y monumentos de Europa" es necesario que los historiadores de la "Amé rica tropical e india" no rehuyan, precisamente "por cuestión de dignidad" y "de auténtica conciencia americanista", la discusión crítica con los "monumentos de Europa". Pero si Fernando González y Henao Hidrón consideran que Emil Ludwig, Iván Mestrovic, Muller y Stefan Zweig son "monumentos de Europa", entonces sólo cabe suponer que la Europa de la que ellos quieren independizarse es un espejismo. La biografía es un género nacido y perfeccionado en Europa, y sus cumbres no son ni Ludwig ni Zweig, sino Plutarco y Droysen, entre muchos más. Y si Fernando González postuló un tipo de biografía engendrado en la "América tropical e india", no hay otro camino para ello que conocer a fondo los modelos del género que pretende cultivar, poner en tela de juicio sus presupuestos y fundamentar por qué la biografía que debe surgir en esa América debe diferenciarse del modelo y cómo se diferencia de él. El otro resultado, esto es, que ninguno como Bolívar tuvo conciencia de la libertad para América ("los pueblos y los hombres" dice Henao Hidrón tautológicamente : ¿hay pueblos sin hombres?, no es un resultado a lo que cabría llamar un resultado de la meditación emocional o emotiva de Fernando González. Es simplemente una comprobación: sin esa conciencia, Bolívar no hubiera libertado a "nuestra América".


El historiador con método propio no es lo uno y carece de lo otro. Y el "filósofo de la autenticidad", que reconoce tener "ocho por ciento de filósofo" y que siente asco por la "filosofía conceptual", no se molesta, por tanto, en determinar lo que es filosofía: "Entiendo por filósofo el que se rebuja en las cosas de la vida, las resuelve, parece que vaya a tumbar el edificio del universo, y luego se para al pie de los árboles o en los rincones de la casa, como a escuchar, bregando por encontrar una sinergia entre él, el universo mundo y lo desconocido, que está por detrás o por dentro" ( |Cartas a Estanislao, citada en pág. 243). Con menos palabras, el filósofo es el que se sorprende y pregunta. Y la filosofía es sorpresa y pregunta. Pero esta determinación ya popular de la filosofía y del filósofo es sólo el comienzo de la filosofía y, vista en esta generalidad, no es específica de la filosofía sino de toda teoría. ¿Pero basta esta manera de considerar las cosas para formular una teoría, sea de la "autenticidad" o de la "egoencia"? La pregunta que inicia el último capítulo, esto es, la de si Fernando González "fue un filósofo y no tan sólo un escritor o ensayista" es una pregunta hoy vana. Convertida en la pregunta preferida de las discusiones sobre Ortega y Gasset, ésta deja el campo abierto a toda clase de especulaciones. Es decir, que González "no fue un filósofo, porque no creó un sistema y menos una doctrina", como reza la cita de A. Saldarriaga (pág. 24), es tanto como asegurar que la filosofía es sistema y doctrina; ¿pero no es eso, en medida mayor, la teología? La pregunta está mal planteada y peor respondida. "Un sector predominante del pensamiento tradicional, ha creído que la filosofía es amiga de la razón y enemiga de la vida", afirma Henao Hidrón. Aparte de que el vocablo sector con el adjetivo predominante no corresponde a la compleja variedad de la historia del pensamiento filosófico, es necesario preguntar por los ejemplos más representativos de este "sector |predominante". ¿Aristóteles quizá? ¿Hegel o Kant? Tras esta afirmación se percibe la simplificación de la historia de la filosofía con la que Ortega y Gasset pretendió justificar su pretendido "sistema" de la "metafísica de la razón vital". Henao Hidrón no cita en la Bibliografía a Ortega y Gasset ni a nadie en el que se apoya o a quien recurra para la determinación de estos y otros conceptos. Pero la sospecha de que tras estas, frases asoma el simplificador Ortega es certidumbre, si se tiene en cuenta que nadie fuera de él ha cometido semejante esquematización. La pregunta de si Fernando González u Ortega y Gasset fueron filósofos o simplemente ensayistas no es una pregunta por si ellos dejaron un "sistema" o una "doctrina", sino por el rigor, la coherencia, la cualidad y la adecuada fundamentación crítica de su pensamiento. Nada de esto se encuentra en Fernando González.

Pero su antiintelectualismo expreso y su supuesta teoría de la "egoencia", su culto del Yo, requieren una investigación sobre sus fuentes, que el enemigo de leer para, en cambio, meditar no cita, aunque una de ellas fue muy difundida, especialmente en los círculos intelectuales del "sector" cafetero-industrial del país (el greco-vasco-judeo-quimbaya: Antioquia y Caldas): Maurice Bàrres. La derecha manizalita, Silvio Villegas principalmente, era fervorosa admiradora de los autores de la llamada "Action fransaise": Barres, H. Massis, especialmente. Dos fueron los rasgos esenciales en la obra de Barres: su antiintelectualismo y su culto al Yo (expuesto en su trilogía novelesca |El culto del Yo, de 1892). Pero la mención de esta posible fuente o segura coincidencia no tiene interés primariamente histérico-literario, sino político. Antiintelectualismo y culto del Yo -en sus diversas versiones regíonalistas- abonaron el terreno para la aceptación y nostalgia del Duce y del Führer. En este contexto histórico-ideológico ha de interpretarse el libro de Fernando González sobre Juan Vicente Gómez, Mi compadre (1934).

El devoto jurista cierra su desmelenado homenaje a su mentor con una cita de Ernesto Cardenal que "revela la opinión de su compatriota José Coronel Urtecho: González es tan importante en la literatura latinoamericana como Vallejo y Borges, 'aunque más profundo que Borges'" (pág. 248). Enemigo político de su compañero poético, ¿quiere con esto desacreditar Ernesto Cardenal a Coronel Urtecho? El comercio y el provincialismo pueden explicar muchas exageraciones, pero no logran fundamentar insensateces como laque se encuentra en la contrasolapa, es a saber la afirmación de que el semidiletante y ampulosamente desaliñado Fernando González es "uno de los más importantes pensadores de todos los tiempos". El libro devoto de Henao Hidrón demuestra lo contrario.

RAFAEL GUTIÉRREZ GIRARDOT