Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
En sus cursos y en sus obras, Heidegger utiliza con frecuencia
la palabra seña. Lo publicado hasta ahora son
"señas" de un camino del pensamiento que es
literalmente insólito: "La obra pensadora en la época del
tránsito -escribió en las
|Contribuciones (núm. 40)- sólo
puede y debe ser una
|marcha en el sentido doble de esta
palabra: un andar y un camino además, con ello un camino que
anda". Las "señas" que da ese
"se hace camino al andar", para decirlo con
Antonio Machado, son incómodas. El problema de ese pensamiento es
el de las figuras de la "voluntad de poder", de
las "visiones del mundo" políticas dominantes. El
fervor con el que se discute el pasado nacionalsocialista de
Heidegger parece distraer de la reflexión y examen de las preguntas
incómodas que Heidegger dejó. Y recuerda una frase de Hugo Ball:
"Pero siempre ocurre lo mismo: si alguien llama la
atención sobre anomalías, entonces encoleriza a la jauría; pero no
contra las anomalías, sino contra sí mismo" (
|Flucht aus
der Zeit, Lucerna, 1946, pág. 278).
Este libro de Danilo Cruz Vélez no exige rectificaciones de
conceptos o precisiones de pensamiento, como ocurre con tanta
frecuencia. Eleva a un nivel filosófico -y, por eso, más rico y
fructífero- una disputa que desde Sartre y Lukács, especialmente,
se había convertido en dogma, esto es, la del
"compromiso" político del intelectual. Su
imposición con el "realismo socialista" la llevó
a un campo en el que ya no se la discutía. Su pretensión extrema y
el creciente deterioro de la interpretación leninistaestalinista de
Marx, del llamado "marxismo vulgar", así como la
esterilidad de los novelistas "comprometidos",
terminó por desacreditar la cuestión. Elevada a un nivel
filosófico, se la rescata y se la puede replantear sin presión
alguna. Aunque Danilo Cruz Vélez es partidario de que ese
"compromiso" postulado es una
"confusión", elabora ya en el capítulo más
sustancial de su ensayo, el dedicado a Platón, el marco en el que
ha de dilucidarse el problema: el de la "vida
activa" y la "vida contemplativa". ¿Son
dos esferas autónomas? ¿Es la relación entre estas dos autonomías
una relación única, es decir, negativa en la praxis, o depende de
determinadas situaciones? Esta pregunta conduce a examinar la obra
de dos autores, entre muchos más, que tuvieron relación con
Heidegger y cuya experiencia política fue común, la del
nacionalsocialismo: Hannah Arendt y Cari Schmitt, la pensadora
judía discípula de Heidegger y de Jaspers y el constitucionalista y
teórico -en el sentido filosófico de la palabra- del Estado más
perspicaz y lúcido de este siglo, cuya ocupación teórica lo sedujo
a justificar jurídica y teológicamente al nacionalsocialismo. Entre
los méritos de este "ensayo", esto es, claridad,
didáctica expositiva, fundamentación de sus tesis con los textos
(virtudes ajenas al numeroso público orientado por los artífices de
las ausencias de esas y otras virtudes intelectuales, como José
Ortega y Gasset y Octavio Paz) y, consecuentemente, honestidad
intelectual, no es el menor el de proponer, a propósito del
"mito del rey filósofo", una discusión en el
plano filosófico, sobre los múltiples problemas que afloran en la
decidida afirmación de la "vida contemplativa"
que hace Danilo Cruz Vélez en este libro.
RAFAEL GUTIÉRREZ GIRARDOT
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