Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

El presidente Virgilio Barco, en mensaje escrito enviado al seminario, ofreció estimular el desarrollo de las organizaciones populares, proveerlas de normas jurídicas y mecanismos de participación institucional. La jefa de Planeación enfatizó en la generación de empleo mediante la construcción de obras públicas, que demandan abundante mano de obra, y en el apoyo a la microempresa; se pronunció en contra del reajuste del salario mínimo por encima de la productividad del trabajo y advirtió que tales aumentos, al igual que las cargas prestacionales que recaen sobre las empresas, reducen el empleo y conspiran contra su estabilidad. Según Ernesto Samper, el Estado ha venido subestimando al sector informal; no se trata, dice, de caer en el asistencialismo ni en lo que llama pretensión de incorporar los informales al sector moderno. Puesto que la informalidad es también el marginamiento de los ciudadanos de los centros de decisión del poder, agrega Samper, la solución radica en fortalecer las organizaciones populares, de modo que se conviertan en escenario de la competencia democrática. Criterio similar sostiene el Instituto de Estudios Liberales, propugnando superar la ambivalencia, el promeserismo y la manipulación de las organizaciones populares por el Estado y los partidos políticos. En otro sentido, Jaime Ramírez observa que constituye una decisión política la posición del Estado ante el sector informal, la que, a su juicio, debe concentrarse en la ayuda a aquellas microempresas que él llama "desarrollables", asegurándoles acceso al mercado, asistencia técnica, impulso a la agremiación e incorporación a la legalidad, básicamente entendida como participación en la seguridad social, adopción del salario mínimo y exenciones tributarias.


El contrapunto crítico corresponde a Fernando Mires, de la universidad germanofederal de Oldenburg, al poner en cuestión la validez misma del concepto 'sector informal', observando cuan poco rigor científico hay al agrupar bajo tal denominación una serie muy heterogénea de relaciones sociales o económicas cuyo único rasgo en común es la supervivencia. E insistiendo en que los llamados informales no tienen- más "misión histórica" para cumplir que aquella decidida por ellos mismos. Al referirse al conocido libro de De Soto sobre el desarrollo de la economía informal en el Perú, el crítico anota agudamente que no menciona en absoluto las relaciones económicas internacionales, como lo omiten también tantos otros analistas, al pretender establecer el verdadero origen del problema. Y al examinar la tesis de De Soto según la cual la solución estriba en una mayor descentralización y disminución de la intervención y regulación estatales para superar el arcaico mercantilismo del Estado peruano, y darle curso así a una economía de Ubre mercado, el mismo Mires evalúa tal conclusión como un verdadero parto de los montes. Por último, resulta esclarecedora la comparación entre la llamada informalidad de países semejantes a Colombia y la de países altamente industrializados. Asunto que fue tratado en el caso de la República Federal de Alemania, por el director de la Fundación Friedrich Naumann. De acuerdo con su sistemática descripción, la causa del susodicho trabajo informal en Alemania occidental residiría en el propósito de abaratar costos, para lo cual se eludiría constantemente la normatividad legal con trabajos clandestinos y jornadas incompletas. O, en otros casos, con empleo de trabajos calificados demandados por avances tecnológicos, o de trabajos corrientes hechos en casa pero cuyo coste reducido se acomoda más, en ambos casos, a las formas redivivas del trabajo a domicilio. Es decir, que en las naciones industrializadas el trabajo informal -si así puede llamarse- estaría determinado, no por la insuficiencia o subdesarrollo de la economía, como sucede en países como el nuestro, sino más bien por la búsqueda de una más intensiva explotación de la mano de obra por una base industrial de muy alto nivel.

El libro suministra, en suma, un sugestivo material de reflexión que bien puede contribuir a canalizar la atención y las energías de investigadores sociales y de políticos hacía nuevos focos de análisis y acciones.

PEDRO YUDES