Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Habría ciertas tendencias comunes en la periferia: tendencia hegemónica de los partidos, hipertrofia del aparato estatal (no es aventurado conjeturar que esa hipertrofia también es propia de países altamente desarrollados) y existencia de una burocracia ociosa.

La tesis es que los esquemas válidos para el estudio de los estados del centro del capitalismo no son válidos en la periferia. Sin embargo, me pregunto, ¿desde cuándo somos periféricos? No encuentro ninguna razón para suponer, por ejemplo, que la Constitución nuestra de 1821 correspondiera a un país periférico.

Continuando con la exposición sucinta del tema, el derecho constitucional comparado debe partir de un principio único, la realidad del Estado capitalista como relación invariable de dominación, a lo que nos preguntamos, no sin cierta desazón, ¿para qué tanto desarrollo posterior, si se peca desde la base?

El análisis recurre a continuación a un estudio de las grandes clasificaciones de los sistemas de derecho, pasando por el estado socialista, y por la gran familia del common-law, a la que se dedica un amplio e iluminador espacio.


La constitución aparece como fruto de un trámite político que convierte en norma un principio esencial del Estado Capitalista (pág. 59) y que evoluciona de acuerdo con los cambios en las relaciones de producción.
La segunda parte inicia el estudio del Estado Liberal antifeudal, con el advenimiento del "individuo", un ser teóricamente libre que acude a los mercados como comprador y vendedor. En el enfoque histórico, no solamente muy completo sino novedoso, se concluye, entre otras muchas cosas, que la gran revolución europea es la culminación o el grado más alto del absolutismo; luego examina los sistemas de control de la constitucionalidad del derecho y el papel cumplido en todo el proceso por la Iglesia católica (basta agregar que la conclusión es rutinaria), para desembocar dentro de la dialéctica hegeliana en la crisis del Estado Liberal con la llegada del Estado Planificador que llevará indefectiblemente, aunque el autor no lo diga expresamente, pero Marx sí lo dijo, al triunfo final del socialismo, así sea por la "praxis" de las armas, sí la lógica no funciona en su plenitud.

Hay un extenso e interesante acápite acerca de los derechos humanos, aunque no se ve muy bien que su salvaguarda pertenezca más a un estado intervencionista que a un estado liberal, o que su bandera pueda ser esgrimida por un estado capitalista menos que por un estado marxista.

Antes de terminar, una advertencia. No es que queramos defender el sistema capitalista, puesto que no tiene defensa posible, salvo la de que no fue intencionalmente creado por mentes sistemáticas como una panacea para la humanidad.

La obra de Cáceres da la impresión de querer destruir las generalizaciones aceptadas dentro de la ciencia política, obviamente sin proponer nada a cambio, labor corrosiva de comején, como también quizá lo es este comentario, que tampoco es original ní novedoso. Y es que toda la discusión es trasnochada y ya casi intrascendente. No obstante, hay que volver a ella, por un hecho cuando menos sorprendente, sí no grotesco: con motivo de la celebración de los cien años de la actual Constitución colombiana, este libro se hizo acreedor a un importante premio. El libro es útil, no lo niego, en la medida que contiene una buena cantidad de información, bien ordenada y expuesta. Pero es natural que en un medio intelectual a menudo indigente como el nuestro premiemos, si no las ideas, que acaso constituyan plusvalía y explotación, por lo menos el volumen, el trabajo incorporado, al obrero-autor. Me parece apenas paradójico que la actual crisis de los sistemas comunistas vea a un tiempo que su más recalcitrante ortodoxia sea premiada entre nosotros, como en este caso. En otras palabras, el Estado premia, por ignorancia sin duda, a los enemigos del Estado pasando por alto también, unos y otros, que ya ni siquiera son enemigos.

LUIS H. ARISTIZÁBAL