Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

"El Círculo de lectores, nos dice Medina, es una corporación cultural y una organización productiva que ejerce un amplio control del mercado, reduce el riesgo empresarial, por la estrategia de ventas y la organización de la distribución, asume el control directo del surtido y limita las posibilidades de elección de los consumidores". Esta modalidad de comercialización del libro está dirigida a los estratos sociales que por razones de su ingreso económico no son clientes de las librerías. El crédito personal y el pago de cuotas mensuales le permiten al lector hacerce a "las grandes obras de la literatura universal" sin salir de su casa, o en su sitio de trabajo. Para eso están las librerías itinerantes o el agente que le informa de las novedades del Círculo. Además de la obra literaria, el Círculo le ofrece un estatus al cliente por el simple hecho de inscribirse como socio. Otra técnica es la del libro de bolsillo, cuya estrategia consiste en facilitar económicamente "el acceso directo y rápido de los grandes valores literarios y las obras inmortales con el ropaje de lo transitorio". Su lema de combate bien puede ser una variación de "cada semana una obra maestra del más alto valor, al más bajo precio". El libro de bolsillo se ha convertido en uno de los mitos progresistas de la sociedad de consumo al querer ofrecer el mundo entero al lector desprevenido. De modesta factura, emplea todo tipo de diseños en las tapas, con agresivas policromías, que son como el guiño de ojo que lanzan las mercancías a sus clientes. Por lo general su encuademación es deficiente lo que lo hace un producto desechable una Vez usado.


Otra característica es la baja calidad del papel que le da una corta vida útil; y la pretensión de hacer caber en su pequeño formato obras que rebasan sus límites, hace que algunas sean práctica y paradójicamente ilegibles gracias al tipo de letra empleado y a los escasos espacios vacíos que fatigan la lectura.

Dispuestos en los supermercados en estanterías giratorias semejan "nuevos árboles del saber" cuyo objetivo es seducir al cliente desprevenido con su principal atributo: su bajo precio. A esta situación, comenta el autor, contribuyen características sociológicas tales como "la desaparición de la estabilidad del libro como institución". En este sentido se habla de la decadencia del libro, cuando no de su desaparición por la presencia de otros medios de comunicación; no obstante publicarse ahora más libros que nunca. Con el objeto de hacer atractiva la adquisición del libro la publicidad tiende a vincular la lectura con el placer, la aventura, la distracción o la recreación. No es propiamente el elogio de la dificultad lo que se hace, ni la actividad creativa que conlleva la recepción de la obra literaria, ni mucho menos la exigencia que hacía Nietzsche del lector de poseer la facultad bovina de "rumiar" un texto para llegar a la almendra de su saber. Otra circunstancia que conspira' contra el libro desde la moderna industria editorial, es la noción del tiempo libre como espacio ideal para la lectura. Tal concepto sitúa el acto de leer por fuera del espacio vital o social. Se realiza, entonces, como mero pasatiempo cuando no como acción para "matar tiempo". Esta circunstancia deja en apariencia el tiempo de la lectura en el terreno de la libre elección cuando desaparecen la constricción y el ritmo de la vida diaria. "La lectura se sitúa en la falsa ruptura de la cotidianidad por la distracción o el esparcimiento que tiende a mantener lo cotidiano en un estado de sometimiento y explotación al canalizarlo hacia las expectativas de una aparente transformación de sus rivalidades, relaciones de clase, de poder y alienaciones".

Si la mercancía tuviese alma, esa de la que a veces habla Marx en broma, sería la más delicada de cuantas pudieran encontrarse en el reino de las almas, ya que debería ver en cada quien al comprador en cuya mano y en cuya casa quisiera amoldarse. Ese efecto parece ser el buscado por el bolsilibro y las colecciones temáticas con sus carátulas llamativas y sus sellos de prestigio, sus comentarios ligeros casi siempre apologéticos con los que los aparatos publicitarios cubren tas desnudas carnes de la mercancía cultural. Así, el fomento del coleccionismo sin criterios de selección, lo que pretende es disfrazar el acceso a los valores culturales con la adquisición de bienes producidos por la industria cultural. Para el caso de las colecciones, la estrategia empleada es resaltar el primer plano el nombre de la colección (Los premios Nobel, grandes pensadores, maestros de la literatura universal) y luego el nombre propio de la obra. Así los clientes de la colección al asumir la empresa de la serie, compran los libros por fuera del interés que les despierta el autor o la obra, porque lo importante es que son parte necesaria del conjunto. Sustituyen el interés real por el interés formal de las obras.

Especial atención reviste en el análisis de los productos de la industria cultural el concepto de CULTURA común a todos ellos. Un primer aserto sobre la caracterización de la moderna cultura de masas es su conformación de "mosaico" a partir de una multitud de elementos dispersos. El conocimiento del hombre no es entonces el resultado de una educación organizada, de un proceso racionalmente aprendido, sino el conjunto heterogéneo de datos y mensajes, de informaciones e imágenes que recibe día a día a través de los diferentes medios de comunicación masiva. Una conformación tal del saber moderno, termina, carente de jerarquías y valores, depreciando todas las cosas nivelándolas por lo bajo. Esta información indiscriminada que se transmite para fomentar la mal llamada "opinión pública" nada tiene que ver con el proyecto cultural de la Ilustración. Bien vista, la industria cultural se encuentra lejos de realizar el sueño de la Revolución burguesa que buscaba democratizar el saber para apartar a los hombres de la superstición y las creencias basadas en el desconocimiento de las causas de los fenómenos. Y qué lejos se encuentran los eslogan publicitarios de la divisa característica de la Ilustración. "¡Ten el coraje para servirte de tu propio entendimiento!".