Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
"El Círculo de lectores, nos dice Medina, es una
corporación cultural y una organización productiva que ejerce un
amplio control del mercado, reduce el riesgo empresarial, por la
estrategia de ventas y la organización de la distribución, asume el
control directo del surtido y limita las posibilidades de elección
de los consumidores". Esta modalidad de comercialización
del libro está dirigida a los estratos sociales que por razones de
su ingreso económico no son clientes de las librerías. El crédito
personal y el pago de cuotas mensuales le permiten al lector
hacerce a "las grandes obras de la literatura
universal" sin salir de su casa, o en su sitio de trabajo.
Para eso están las librerías itinerantes o el agente que le informa
de las novedades del Círculo. Además de la obra literaria, el
Círculo le ofrece un estatus al cliente por el simple hecho de
inscribirse como socio. Otra técnica es la del libro de bolsillo,
cuya estrategia consiste en facilitar económicamente "el
acceso directo y rápido de los grandes valores literarios y las
obras inmortales con el ropaje de lo transitorio". Su lema
de combate bien puede ser una variación de "cada semana
una obra maestra del más alto valor, al más bajo precio".
El libro de bolsillo se ha convertido en uno de los mitos
progresistas de la sociedad de consumo al querer ofrecer el mundo
entero al lector desprevenido. De modesta factura, emplea todo tipo
de diseños en las tapas, con agresivas policromías, que son como el
guiño de ojo que lanzan las mercancías a sus clientes. Por lo
general su encuademación es deficiente lo que lo hace un producto
desechable una Vez usado.
Otra característica es la baja calidad del papel que le da una
corta vida útil; y la pretensión de hacer caber en su pequeño
formato obras que rebasan sus límites, hace que algunas sean
práctica y paradójicamente ilegibles gracias al tipo de letra
empleado y a los escasos espacios vacíos que fatigan la
lectura.
Dispuestos en los supermercados en estanterías giratorias
semejan "nuevos árboles del saber" cuyo objetivo
es seducir al cliente desprevenido con su principal atributo: su
bajo precio. A esta situación, comenta el autor, contribuyen
características sociológicas tales como "la desaparición
de la estabilidad del libro como institución". En este
sentido se habla de la decadencia del libro, cuando no de su
desaparición por la presencia de otros medios de comunicación; no
obstante publicarse ahora más libros que nunca. Con el objeto de
hacer atractiva la adquisición del libro la publicidad tiende a
vincular la lectura con el placer, la aventura, la distracción o la
recreación. No es propiamente el elogio de la dificultad lo que se
hace, ni la actividad creativa que conlleva la recepción de la obra
literaria, ni mucho menos la exigencia que hacía Nietzsche del
lector de poseer la facultad bovina de "rumiar"
un texto para llegar a la almendra de su saber. Otra circunstancia
que conspira' contra el libro desde la moderna industria editorial,
es la noción del tiempo libre como espacio ideal para la lectura.
Tal concepto sitúa el acto de leer por fuera del espacio vital o
social. Se realiza, entonces, como mero pasatiempo cuando no como
acción para "matar tiempo". Esta circunstancia
deja en apariencia el tiempo de la lectura en el terreno de la
libre elección cuando desaparecen la constricción y el ritmo de la
vida diaria. "La lectura se sitúa en la falsa ruptura de
la cotidianidad por la distracción o el esparcimiento que tiende a
mantener lo cotidiano en un estado de sometimiento y explotación al
canalizarlo hacia las expectativas de una aparente transformación
de sus rivalidades, relaciones de clase, de poder y
alienaciones".
Si la mercancía tuviese alma, esa de la que a veces habla Marx
en broma, sería la más delicada de cuantas pudieran encontrarse en
el reino de las almas, ya que debería ver en cada quien al
comprador en cuya mano y en cuya casa quisiera amoldarse. Ese
efecto parece ser el buscado por el bolsilibro y las colecciones
temáticas con sus carátulas llamativas y sus sellos de prestigio,
sus comentarios ligeros casi siempre apologéticos con los que los
aparatos publicitarios cubren tas desnudas carnes de la mercancía
cultural. Así, el fomento del coleccionismo sin criterios de
selección, lo que pretende es disfrazar el acceso a los valores
culturales con la adquisición de bienes producidos por la industria
cultural. Para el caso de las colecciones, la estrategia empleada
es resaltar el primer plano el nombre de la colección (Los premios
Nobel, grandes pensadores, maestros de la literatura universal) y
luego el nombre propio de la obra. Así los clientes de la colección
al asumir la empresa de la serie, compran los libros por fuera del
interés que les despierta el autor o la obra, porque lo importante
es que son parte necesaria del conjunto. Sustituyen el interés real
por el interés formal de las obras.
Especial atención reviste en el análisis de los productos de la
industria cultural el concepto de CULTURA común a todos ellos. Un
primer aserto sobre la caracterización de la moderna cultura de
masas es su conformación de "mosaico" a partir de
una multitud de elementos dispersos. El conocimiento del hombre no
es entonces el resultado de una educación organizada, de un proceso
racionalmente aprendido, sino el conjunto heterogéneo de datos y
mensajes, de informaciones e imágenes que recibe día a día a través
de los diferentes medios de comunicación masiva. Una conformación
tal del saber moderno, termina, carente de jerarquías y valores,
depreciando todas las cosas nivelándolas por lo bajo. Esta
información indiscriminada que se transmite para fomentar la mal
llamada "opinión pública" nada tiene que ver con
el proyecto cultural de la Ilustración. Bien vista, la industria
cultural se encuentra lejos de realizar el sueño de la Revolución
burguesa que buscaba democratizar el saber para apartar a los
hombres de la superstición y las creencias basadas en el
desconocimiento de las causas de los fenómenos. Y qué lejos se
encuentran los eslogan publicitarios de la divisa característica de
la Ilustración. "¡Ten el coraje para servirte de tu propio
entendimiento!".
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