Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Tampoco falta en esta sección él canto cordial del terruño
(
|Himno a Soatá, págs. 60-61) que trueca en gloria la pena
del tiempo ido:
Oh soatenses, corred presurosos
al recinto de la Catedral,
que sus claras campanas
anuncian
alboradas de júbilo y paz.
¿Estamos ante otra promesa de resurrección? Por supuesto. Del
mismo modo que el paisaje patriótico (por más adoptivo que éste
sea, como en los sonetos a México -págs. 47-49-), concluirá con
Ímpetu mesiánico: "para forjar al hombre de la raza
futura" (
|Futuro, pág. 49). En estos escenarios se
libra otra batalla con el lenguaje, allí donde gana siempre el
|corazoncito y queda mal parada la poesía. De ninguna manera,
entonces, nos debe sorprender que en un poema como
|Galerón
(págs. 70-71), que tiene la atmósfera y la ansiedad de
|La
vorágine, irrumpa otra vez el anhelo de huida, de transgresión
del límite:
Cauchero, me voy contigo,
no importa dónde me lleves,
que ni siquiera pregunto
si te quiero o tú me quieres.
Incluso el mestizaje poético es tan decimonónico como el racial
que recuerda un final de poema ("o blanco aventurero o
indio emperador") que su autor, José Santos Chocano,
imaginaba de ópera y que en verdad no pasaba de zarzuela:
|Sangre india y española
es la que en las venas llevo,
por eso es llama mi carne
y abismo mi pensamiento.
[Mi corazón viaja solo, pág. 68]
Definitivamente no son éstas las mañanitas que cantaba el rey
David, sino los atardeceres de una retórica que obscurecen el lado
interesante de esta poesía, un lado afín a la artesanía del Siglo
de Oro y, por ende, a una seguridad en la dicción:
Soñé viajar contigo, qué
quimera
soñar con lo imposible y lo lejano,
y querer retener entre la mano
el vuelo de una nube pasajera.
Soñé con tu calor como si fuera
mi voz el surco y tu ternura el
grano
que fecundara mi dolor humano
y de nuevo la fe me devolviera.
Pero el sueño fue sueño, vana
espuma,
filo de estrella con sabor a bruma
y espejismo en la sed de mi destino.
|Ahora es soledad, vacío inerte,
un viaje por el mapa de la muerte
y un adiós desde el llanto del
camino.
[Quimera, pág. 84]
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