Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Pero estos logros se ven amenazados por ese "cataclismo" con que se cierra un poema de significativo título: |Nos estamos quedando sin palabras (págs. 88-90), al que paradójicamente le sobran versos.

Y ahora pasemos a la sección "Poesía mística". SÍ Laura Victoria se ha dedicado al estudio de las profecías bíblicas, esto no tiene por qué ser tomado como una inclinación a la mística y menos como poesía de tal "naturaleza". Esa confusión significaría que un egiptólogo debe mostrarse sólo de perfil (como las representaciones de los artistas del Nilo antiguo) y andar trepado en un camello.

El texto central de la segunda parte de |Crepúsculo se titula |La encarnación (págs. 105-1 15). No me atrevo a llamarlo poema y me apuro en decir que |no va más allá de ser una clase de catecismo compuesta en verso. Una cosa es la mística ( |que nunca jamás ha sido definida con palabras, excepto con una que no es más que un acuerdo con el |sonido del silencio - aquella canción de Paul Simón de la época de |El graduado - , es decir, |inefable) y otra cosa es la poesía. Para juntarlas hay que conseguir, en primera instancia, un tipo especial de poeta: aquel que, a su vez, es místico. Y en segunda instancia hay que tenerle una desconfianza de la patada al lenguaje, o considerarlo insuficiente. Cuando la |persona poética exclama:

|Potente voz en mi silencio mora
y los sentidos en su ardor calcina;
voz que abismada de ansiedad
domina
sin palabra, sin tiempo y sin
aurora.

[Voz eterna, pág. 116]

queda confirmada nuestra sospecha: esa "voz eterna" es la de la tradición en que se inscribe el libro de Laura Victoria, que no es la tradición de santa Teresa ni mucho menos de Miguel de Molinos (a quien la Inquisición le hizo saborear el aceite de ricino de |illo tempore) sino la del gran Rubén y de José Asunción (y la de Efrén Rebolledo).

Por otro lado, y retomando nuestra reflexión sobre la moral o la ética, cabe indicar que la |persona poética que cree en esas "verdades permanentes" (pág. 109), que hemos de asociar a la doctrina cristiana, nos desconcierta por completo cuando saca de la manga un consejo del ojo por ojo y ese otro del que se duerme como tortolita y aparece después en la olla de los tallarines:

Corazón, sé valeroso,
nunca muestres tu tristeza
y si quieren destrozarte
paga en la misma moneda.

|Cuando pretendan dejarte
coge tú la delantera,
si te traicionan, traiciona,
si te quieren, recompensa.

[Coplas, //, pág. 92]

Estas estrofas, claro, se hallan en la primera sección del libro, la que, según Gustavo Páez Escobar, pertenecería a los "legajos de sus versos quemantes de otras épocas" (pág. 15). ¿En dónde quedaría la coherencia entre doctrina religiosa y puesta en práctica? ¿En dónde ese propósito de enmienda que, según el misal, empieza cuando el sacerdote imparte la bendición en el confesionario?

La devoción a la poesía tiene su precio, por más que uno sienta que la |inspiración sale del fondo de nuestras convicciones. Y el valor de toda poesía será el de las palabras, que nunca están a la venta, por más soplo divino que les caiga.

EDGAR O'HARA