Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Lo sugestivo en la poética de J. M. Roca es que jamás omite el
subsidio (de ahí lo
|nocturno en el libro) que hace posible
los poemas: la siempre extraña conjunción de una sustancia
lingüística con un tiempo indefinido que no se deja someter por
nada, y menos por consigna de nadie. Esa es la función que cumplen
-soberanamente, según mi entender- los ciegos y el agua en este
libro:
|Alguien, lector de lluvias,
Se asoma a la ventana
Y descifra los tenues ideogramas
del agua.
[Sonata de la lluvia, V, pág. 33]
|Escribo en el agua el nombre
de amigos diluidos,
Y un tambor, un embrujado
tambor
Da voz a mi silencio, a mi
ceguera.
[Casa de la música, pág. 56]
Sólo un poeta que sabe por experiencia que los dones de la palabra
son obra del viento, es capaz de inquietarnos con una descripción
terrible y bella y, por eso mismo, humana:
|Y en la silenciosa biblioteca
Los pasos de la noche traen
rumores de leyenda,
Rumores que llegan hasta orillas
del libro.
De regreso del asombro
Aún vibran palabras en sus
dedos memoriosos.
[Biblioteca de ciegos, pág. 15}
De ahí entonces que la voz poética comparta la siguiente oración
a santa Cecilia:
|Si la música es la luz de los
ciegos,
Pon un poco de ritmo a mis
palabras,
Que donde haya ruido suene un
violín, una ocarina...
[Letanía del musicante, pág. 57]
El corolario de esta humilde sabiduría puede advertirse en la
precisión con que hace su ingreso el pragmatismo del poema que
sería el álter ego de aquel otro que da título al libro. Me refiero
a
|Retrato de Johannes, el nocturno, cuya prédica no
pertenece al reino de la oscuridad sino a la práctica diaria del
lenguaje, a la ceremonia de amor y odio. En las palabras de este
poema no hay atisbos de duda. Y sin embargo es la incertidumbre
-otra vez la máscara de la noche- la que lo anima a expresar su
milagrosa existencia. El poema recuerda -por su tono-
|Una carta
rumbo a Gales, el más divulgado de J. M. Roca: "Me
pregunta usted dulce señora/ Qué veo en estos días a este lado del
mar./ Me habitan las caites de este país/ Para usted desconocido,/
Estas calles donde pasear es hacer un/ Largo viaje por la
llaga...". Pero el actual poema es más amargo todavía:
|Me hice enemigo de un país sin
amigos
Y en los bordes de la acera vi la
flor de la miseria.
Alguien me preguntaba por qué
el sabor
De metal que hay en mis cantos.
Yo respondía con el sabor a
herrumbre
Que nos deja un país de oscuras
rejas.
[Retrato de Johannes, el nocturno, págs. 50-57]
Esa existencia -diurna esta vez- será la de la poesía, llamarada
que vuelve a quienes aprendieron en ella, en ese cuerpo, a creer en
los milagros.
EDGAR O'HARA
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