Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

De cualquier modo, ya sea una novela o un libro de cuentos, lo que más define a |¡Líbranos de todo mal! es la mezcla de fanatismo, religión y política. Como se sabe -o debería saberse-, en sociedades como la hispanoamericana, en donde la religión vértebra la totalidad de la vida, la esfera sagrada y la esfera pública tienden a confundirse. O dicho de otra forma: la actividad política (cuyo ejercicio, para ser eficaz, debe concebirse como un deber civil y no, como suele hacerse, en términos de cruzada ortodoxa) es pensada como la prolongación, por otros medios, de los fueros exclusivos de la piedad y la mística. Esa noción deísta del Estado no sólo se advierte en la iconografía política -Belisario Betancur o Misael Pastrana Borrero pintados como santos- | 2 , en la facilidad con que ideas y convicciones son llevadas al fanatismo o en el hecho, más bien folclórico, de estar el país consagrado -incluso institucionalmente- al Sangrado Corazón de Jesús, sino sobre todo en los mesianismos de toda clase que surgen en vísperas de crisis.

En esa línea, los héroes de |¡Líbranos de todo mal! son fanáticos de muy diversa índole. Políticos, como en "¡Cuidado! Hay leones en la Avenida 19"; religiosos, como en "Esperar al rey", castrenses, como en "Comerciales para caviar" o, incluso, fanáticos risibles, como es el caso de "El vengador errante contra el enemigo público número uno". En todos ellos, sin embargo, por más que sus móviles sean distintos, existe una idea cuyo imprimatur es metafísico: la de que el mundo se ha degradado y hay, por tanto, que restituirlo a su unidad primigenia. Por razones que no viene al caso analizar, el fanático se siente predestinado para esa misión; igualmente, por razones que tampoco son del caso en una reseña, localiza el origen del Mal (con mayúsculas) en alguien o en algo: un político, un objeto, una institución.

A veces, sus acciones contra la Encarnación del Mal son humorísticas (por ejemplo, en "El vengador errante...", un bibliotecario, a raíz de una pena de amor, se ensaña contra el televisor como causa de la estupidez humana y la falta de lectura entre los jóvenes. Por consiguiente, decide destruir al "enemigo público número uno" en toda la ciudad, "lo mismo en grandes mansiones como en ranchos de invasión. Justo y equitativo" (pág. 91). En otras ocasiones, sin embargo, esa realidad asume dimensiones siniestras, como cuando el Mal es político y se identifica con personas que deben ser asesinadas. (El título, que es una versión irónica de la última frase del Padre Nuestro -en el original no lleva exclamaciones-, alude no sin humor a esa doble condición del fanatismo).

Los evidentes excesos del fanático le sirven a este libro para ironizar sobre diversas actividades y vicios de nuestra sociedad -la adicción al televisor, la fe ingenua en las propagandas (que aquí se presenta como una desviación negativa del sentido religioso de la fe), la tozudez, la banalidad-, pero, con demasiada frecuencia ese propósito deriva en un énfasis ajeno a la ironía.


Por una parte, Fanny Buitrago no ha podido eludir los peligros de lo que puede llamarse "costumbrismo contemporáneo" o, más exactamente, "costumbrismo ciudadano". Como lo sugería la ubicación geográfica de los cuentos hecha al comienzo de la reseña, una desaforada vocación de realismo atraviesa las páginas de |¡Líbranos de todo mal! El lector que conozca la Avenida 19 y el Centro de Bogotá podrá constatar que, efectivamente, existen el restaurante La Fragata, los Estudios Gravi y las pizzerías que allí se mencionan | 3 . Esa familiaridad hace incurrir con frecuencia a Fanny Buitrago en los detalles pintorescos e incluso turísticos: "Viajaron casi dos horas, silenciosos, entre la barahúnda de los pasajeros que tomaban cerveza, kumis, aguardiente en cada estación, los tristes ladridos del perro en su guacal y el lloriqueo intermitente de un niño iracundo. En cada pueblo subían y descendían los campesinos cargando palomas y arrendajos enjaulados, gallinas amarradas, bultos con naranjas o habichuelas. Tuvieron por un rato un corderito que dormía beatíficamente, a pesar del niño iracundo. Nubes de mujeres zarrapastrosas se acercaban a vender miel perfumada, moras de estación, uvas negras empañadas por los insecticidas, manojos de flores que se marchitaban y corrompían visiblemente" (pág. 38) o también "El desorden resultaba ofensivo. Taxis, busetas y automóviles particulares copaban la doble vía, estorbándose unos a otros. Transeúntes y vendedores cruzaban por todos lados sin respetar las señales de tránsito. Había un estrellón -dos busetas y un campero-bloqueando el semáforo de la 26. Gritos, palabrotas, sonar de cláxones y motores, mezclándose en un caos auditivo. Al lado, entre cubetas y baldes plásticos, lirios acuáticos, gladiolos rojo sanguaza, dalias y siemprevivas, tres mujeres enlutadas discutían precios. La dueña de |María María saludó a don Remberto efusivamente, la boca llena de arroz y un hueso de puerco entre las manos. Tenía las uñas sucias. Almorzaba sin moverse del banco, el portacomidas entre las piernas" (pág. 76).

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Ver al respecto las páginas 64 y 65 de La comunidad elige. Bogotá, Procomún, 1988.

 

 

| 3
A propósito, en apoyo de lo dicho anteriormente: En ¡Líbranos de todo mal! los lugares de referencia claves son siempre las iglesias -de San Diego, las Aguas, las Mercedes, etc.