Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

En una dirección inversa, Fanny Buitrago intenta contrarrestar la univocidad cotidiana (cuyo rasgo más sobresaliente es la violencia) con situaciones de tipo fantástico o, más precisamente, milagroso. Un ejemplo: en el primer cuento, "¡Cuidado! Hay leones en la Avenida 19", una adivina rumana se instala con su espectáculo en el "patio colonial aledaño a la iglesia de las Aguas, Tercera arriba" (pág. 17). Esta "extraordinaria mentalista (...) doblaba cucharas; enloquecía relojes, barómetros, fotocopiadoras; hipnotizaba animales; retorcía el oro; interpretaba el violín y el piano a distancia. Clavos, tachuelas, remaches y adornos metálicos se desprendían ante el fuego de sus pupilas estrábicas" (pág. 16). Además, traía en su equipo a "quince bailarines que trabajaban desnudos, sin decorados, con sonido y luz pintados íntegramente en dorado. Dos caballos ajedrecistas, imitadores de Anatoli Karpov, Bobby Fisher, Osear Castro. Nueve gallinas sabias, expertas en programación de computadoras, cálculo diferencial, complicados juegos de salón. Hasta un ballet ejecutado por delfines" (pág. 16).

Aunque estas situaciones se ubican en un contexto irónico -al final se descubre que Larissa Calinescu, la médium, no es rumana, sino una gringuita de Miami-, no dejan de acercarse peligrosamente a los recursos y a la imaginería de Gabriel García Márquez. (Quizás sobre decirlo, pero un libro incluido en una colección titulada |Nueva Narrativa debería, por decoro personal y profesional, explorar territorios menos transitados por la literatura colombiana e hispanoamericana).

Este énfasis en las descripciones es la mayor insuficiencia del libro. En teoría literaria existe una figura conocida como "editorialización". Se refiere a los casos en que el narrador omnisciente de tercera persona desplaza el foco narrativo y pierde la supuesta objetividad que lo caracteriza. Es decir, a los momentos en que el autor proyecta en el discurso opiniones que son suyas, no de la narración, y que favorecen a un personaje o a una ideología. La editorialización es muy frecuente en las novelas decimonónicas, pero en ese contexto su empleo se considera un rasgo primitivo de narración. Modernamente, ha vuelto a utilizarse mucho -Kundera en Europa y Monterroso en América Latina son ejemplos ilustres-. Con todo, su finalidad es muy distinta a la perseguida por los narradores del siglo XIX.

Con seguridad, Fanny Buitrago perseguía ese objetivo. No obstante, el sarcasmo que pretende realizar corresponde mucho más a lo que se ha descrito como editorialización, que a lo que se entiende por ironía. (Las verdaderas ironías son invisibles. Además, confinan al escritor en la soledad: si el lector las descubre, entonces no eran tan finas y, si la pasa por alto, entonces no cumplen su cometido). Veamos tres ejemplos, de los muchos que pueden hallarse en el libro: "Así el joven adquiriría el lustre europeo que los votantes del género femenino encuentran absolutamente irresistible" (pág. 13); "Se alejó entre la multitud hostilizada por el frío, esa multitud dueña de una agresividad totalitaria, levadura diaria en Bogotá" o "(...) el mundo es una película en tecnicolor a través de los comerciales. Allí se dominan innumerables sortilegios para obtener la auténtica felicidad, espantar la tristeza, encender el amor y eternizar la juventud. Definitivamente, la belleza es un artículo de fácil adquisición y Sunsilk, el shampoo de las estrellas de Hollywood" (pág. 57).

Lo inconveniente de este proceder es que no logra matices. A tal punto, que acaba precipitando al narrador en la misma polaridad obtusa del fanatismo que desea combatir. Creer, |como narrador, que los medios de comunicación masiva son la etiología de la estupidez humana, significa

sustentar opiniones inventadas hace 30 o más años -cuando el nadaísmo existía y en los happenings se destruían televisores-, pero que ya no son de ninguna manera reales. Un buen cuento como "Tiquete a la pasión", escrito con más reticencia, hubiera evadido esa polaridad y ganando en fuerza narrativa. Sus defectos, en cambio, son salvados con mucha destreza en el ya citado "De condición mortal". Sin duda, se trata del mejor cuento del libro, y lo es porque no incurre en costumbrismos innecesarios, porque el "milagro" se asocia sutilmente con las "chivas" de los telenoticieros y radiocadenas, y porque la crítica a los mass media surge como una reflexión que se hace el lector, no como un agregado editorial del autor. Si en los demás cuentos Fanny Buitrago hubiera consignado la misma economía, tal vez no sería éste uno de los muchos, infinitos libros que nuestra memoria debe olvidar.

MARIO JURSICH DURAN