Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Una reflexión a la vez triste y afortunada se me ha impuesto tras esta lectura. Sus libros son viajes a los infiernos. Vallejo, un Millón moderno, no ha sido prohibido simplemente porque en Colombia la literatura no es importante sino un arte menor que no alcanza a ser oficialmente subversivo.

En |Años de indulgencia el "canta, oh musa" se convierte por arte de birlibirloque en una invocación de bruja, no muy inesperada, y en un apretado catálogo de demonología que recuerda los espaciosos cortejos del diablo de Germán Espinosa, anunciando quizá desde el comienzo un burlesco culto satánico, aberración que constituye hoy la última moda. Apelando al procedimiento preconizado por Albert Roussel, que consiste en contrastar palabras con sonidos similares pero con significados distintos, con algo de titiritero y mucho de culebrero, Vallejo no puede ser en modo alguno catalogado como un escritor de la línea "paisa", de esa que hoy encabeza un Manuel Mejía Vallejo y que sólo ha sido grande con un Tomás Carrasquilla, y que no es sino un eslabón más de esa nuestra literatura provinciana, así catalogada no porque trate temas de provincia sino por su falta absoluta de universalidad, de visión totalizadora de las cosas.

Aquí el pesimismo se ha hecho literatura, como en Céline: "Pobre niña ciega, Colombia, paloma. Ya tus ríos se secaron, tus montañas se desmoronaron, tus volcanes se apagaron y no queda a quien matar", dice por ahí, para agregar hacia el final: "Yo no soy el fracasado, la fracasada es Colombia. Yo no soy el asesino, la asesina es Colombia". ¿Es Vallejo un escritor subversivo? Su propia respuesta es simple y suficiente: "Subversiva es la realidad".

Pero en el fondo de todo este fárrago se descubre una impotencia latente: la imposibilidad esencial de captar la realidad, porque "todo es según la venda de los ojos que miran", como a menudo repite, desesperanzadamente. La vida, para Vallejo, es un viaje de ácido, y el hombre, fundamentalmente, un error chambón de quien lo haya hecho.

En esta obra, el personaje puede ser la Nueva York de Jackson Heights, esa Colombia exiliada y pervertida, la aniquilación del individuo, la termitera, en donde el metro es apenas un camino más a la alucinación, por donde transcurren escurridizas las manías y fobias del escritor, fobias contra los negros, "esos tizones susceptibles", contra los puertorriqueños, contra las cosas sagradas, contra Octavio Paz, compendio del éxito, de ¡a aceptación social, del non plus ultra y de todos los odios reprimidos, hasta caer en los pozos sin fondo del denuesto vargasvilesco contra todos los políticos y personajes imaginables.

El Amazonas River Aquarium contempla a nuestro autor rumiando resentimiento de cineasta incomprendido y exiliado a fuer de censurado. El que hace cine en Colombia, en su opinión, es un sujeto "peor que un marido borracho y mujeriego y calavera", y el cine es un pretexto para hacer tangencialmente crónicas de la mendicidad bogotana, de una Bogotá de fines de los sesenta, con el papa Pablo VI a bordo.

Lo importante finalmente es que Vallejo es un espléndido narrador. Su escritura es pirotecnia verbal y a la vez maroma de la imaginación. Es un gran baúl donde hay de todo; todo lo pasa por una criba, lo convierte, lo desmenuza, lo revierte, lo fulmina, lo aniquila. A veces derrocha metáforas o símiles ingeniosos. En otras ocasiones es sardónico: "Escapado de la trampa de los fantasmas, respiro esta dulce mañana, por este parque, a pulmón pleno, el |smog. ¡Qué delicia! ¡Qué delirio! ¡Qué embriaguez!".

Hay, a lo largo de estas páginas mucha vida, plenitud de vida. Nos queda el sabor de que la vida en la calle algo enseña; así sea al odio. La orgía viene a ser el símbolo de esa búsqueda infinita, que ningún ser humano ha finalizado aún: "Y en pos de la belleza, la escurridiza belleza, ahí vamos, mi hermano y yo, al remolino, a buscarlos...", exiliados entre los exiliados, proscritos de los proscritos, parias de los parias, limpiadores de basura en edificios donde viven las lacras y basuras de la sociedad, estiércol humano que aún aspira a capturar la inasible belleza en donde sea, así sea en el infierno, no el del más allá, sino el del más acá.

LUIS H. ARISTIZÁBAL