Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
El oficio de dar forma a una
vida
|Título: El recuerdo y el silencio
|Autor: Javier Escobar Isaza
Editorial: Plaza y Janés, Bogotá, 1989, 226 págs.
La novedad como forma novelística, en
|El recuerdo y el
silencio, reside en el montaje de una trama investigativa hecha
a manera de ensamblaje con pequeños islotes. Es la objetivación de
una búsqueda, que conduce al final descubrimiento del personaje
central (Jerónimo Robledo), desde Olga (que hace las veces de
enlace); mediatizado por el recopilador, que asume la voz
narrativa, quien se convierte en el puente que unifica la ausencia
física del protagonista, con su presencia en el material escrito
que éste ha dejado, y que Olga se encarga de suministrar.
La novela aparece claramente estructurada en dos partes: la
primera, titulada "Introducción: lo que me trajo la
lluvia", que expone el origen y encuentro casual con el
libro
|Lugares (1960) de Jerónimo Robledo, que va
coincidencialmente a convertirse en pretexto, en material de
investigación para la revista en la cual trabaja el recopilador. La
segunda parte, titulada "Los interpretandos de Jerónimo
Robledo", que es el cuerpo de la investigación y de la
novela misma, viene aparentemente dada como una suma de fragmentos
coherentes -estructura aleatoria-: recortes de prensa del álbum de
Olga, cartas del álbum de Olga, diario de Olga, artículos
periodísticos, conversaciones con Olga, telegramas, etc. Pero es el
recopilador, como "fantasma" del escritor, quien
se encarga de unificar y dar sentido a tales materiales dispersos o
simplemente guardados nostálgicamente en la memoria viva de Olga o,
más bien, en su silencio: "-La selección que usted hace de
cosas sobre Jerónimo es su interpretación. ¿Sabe cuál es la
mía?-¿Los recuerdos que me ha comunicado?-No. Mi silencio"
(pág. 27).
La forma externa de la novela es esencialmente biográfica:
desandar hacia el pasado en el recuerdo de Jerónimo Robledo,
"la mentira biográfica" de la que hablaba
Jerónimo en su ensayo
|Pensando y una línea, escrito en 1968,
que consideraba que toda biografía es parcial y que el biógrafo en
cuestión se encarga necesariamente de traicionar en su
subjetividad. Esta encrucijada la soluciona el autor-recopilador
con un método al estilo "cubista", al leer la
vida de Pablo Picasso: "Optó por superponer las diferentes
perspectivas, las visiones provenientes del mayor número posible de
ángulos, de la misma manera podría yo aproximarme en una versión o
visión '.cubista' de Jerónimo Robledo: buscaría y escogería textos
suyos y testimonios sobre él que pudieran ofrecerme una mirada
múltiple. En ello nos aproximaríamos a Jerónimo tal como fue visto,
en diferentes momentos, por sí mismo y por quienes lo
rodearon" (pág. 26).
¿Qué sentido tiene para el recopilador esta búsqueda? Acaso sea
la avidez de un periodista, la pasión de un investigador, o el
oficio creador de dar forma a una vida. En últimas, detrás del
personaje-periodista se esconde la cuestión del personaje-escritor
que busca, con dar forma a la existencia de Jerónimo Robledo,
simultáneamente encontrar también el montaje de su propia
novela.
Ya dijimos que la novela, como forma, es también pulsión de
búsqueda.
|El recuerdo y el silencio, obra finalista en el
sexto concurso Nacional de novela Plaza y Janés, es la búsqueda de
un nuevo orden, la posibilidad de encontrar y construir otra vida:
Jerónimo Robledo dejará de ser el ferviente admirador del filósofo
antioqueño Fernando González, el estudioso de Hegel y Nietzsche, el
controvertido conferencista de ética y moral, el autor de dos
libros olvidados, el excomulgado por un arzobispo de Medellín, para
irse revelando, paso a paso, como un hombre con una gran pasión
amorosa, pasión que constituye quizá la explicación última de todo
su pensamiento y de todo su obrar. Olga se convierte, a su vez, en
el eje del hilo narrativo, punto de encuentro entre el recopilador
y Jerónimo, entre Jerónimo y su pensamiento: "¿Mi
cosmovisión? Olga, mi cosmovisión eres tú" (pág. 177).
Finalmente Olga es el vehículo o médium que posibilita a la novela
buscar, descubrir, y edificar la totalidad secreta de una vida; y
más allá, permite a la novela la reconquista del tiempo y su
duración a través de la palabra: "¡Olga, Olga! Permíteme
refugiarme en tus senos y hundir mí boca en tu regazo. ¡ Dame un
asidero, Olga! ¡Dame una cosmovisión! ¡ Dios, revela tu
rostro!" (pág. 182).
JORGE H. CADAVID
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