Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

El libro de Cacua va precedido de una presentación de un representante del Instituto Colombiano del Petróleo, que se muestra como el editor de la obra; el tono "epopeyero" está dado desde allí: se trata de presentar a los colombianos uno de los poetas de más éxito, éste medido por las victorias en concursos de poesía; allí está el heroísmo del personaje, su hazaña; se trata de mantener vivos, al decir del Instituto Colombiano del Petróleo, "sus inmortales triunfos", "sus inmarcesibles glorias". Terminología que asume Cacua Prada de entrada, para exaltar la vida "Ejemplar, altiva, meritoria y patriótica" (siempre patriótica) del "aeda santandereano", teniendo como deber "llevar a las nuevas generaciones los fastos de nuestra tierra", rememorar a "quien ya está en los cielos" para "beneficio de nuestra tierra nativa". Con lo cual, queda dicho todo. Esta debe ser la epopeya de Martínez Mutis, pero cantada por el aeda Cacua Prada, que en ello parece especializarse, a juzgar por la reciente epopeya de Germán Arciniegas. Así como Martínez Mutis es el poeta de las conmemoraciones y los festivos, Cacua Prada quiere hacer fiesta y conmemoración nacionales de la imagen del poeta. Pero hay que empezar por decir, volviendo a lo epopéyico, que la idealización del héroe no se logra mediante la exaltación (a qué exaltar -que es enfatizar, alardear- la imagen de lo que naturalmente es, de lo que naturalmente conmemora; si el pueblo colombiano se identifica con los poemas de Martínez Mutis, ¿a qué tratar de ponerlo en su sitio?); la idealización del héroe se muestra (no es que se logre) en el paladeo inteligente de su obra. Pero aquí lo que se ensaya es una biografía antecedente a una antología: la biografía no ilumina la antología ni viceversa, entre otras cosas porque la vida del poeta no resulta tan connatural a sus poemas. ¿No será que lo que le preocupa a Cacua es el olvido en que se tiene a Martínez Mutis? Nunca lo deja entrever, pero, ¿cómo no interrogarse ante ese abandono de las nuevas generaciones (y también de las anteriores, diría yo)? Es claro que a quien le interesa la epopeya no le interesa la disidencia, pero ya es sintomático que el autor no se haya detenido en las numerosas reacciones adversas que provocó el "epolirismo" de Martínez en vida, por ejemplo aquélla escrita en algún diario nacional, a propósito de un nuevo poema de Aurelio Martínez, titulada "La epopeya del ripio". No. La crítica no tiene cabida en este libro, y sólo se entabla diálogo con la disidencia desde el hecho irrefutable de que Martínez Mutis es un gran poeta, que ha ganado muchos concursos de poesía, que ha hecho suspirar a muchas audiencias, etc. Es decir, a partir de la figura autoengrandecida del mismo poeta, que se prestaba perfectamente para tal refutación. El es poeta coronado (¡oh gloria inmarcesible de laurel!) y en intemporales lapsus petrarquescos se autocorona: "...hoy he mostrado en el mundial concierto/ que es clásica mi pluma, y que no ha muerto/ la Atenas de la América española!". "Sangre ilustre palpita en mis blasones:/ luz la ciencia les dio, temple el acero,/ gloria cien veces grande mis canciones,/ nobleza et porte cívico y austero./ No sabe el caballero de abyecciones;/ por eso le han negado al caballero/ el agua, el pan y el fuego... ¡esos hampones/ del círculo mediano y rastacuero!". Versos que me evocan de inmediato el por qué se malogró la epopeya lusitana de Camöes: es verdad que el rapsoda -el aeda- se glorifica con el canto, pero ello es tan natural, que sería un crimen lírico introducirse en la narración para ponerse a la altura o más alto que el héroe cantado. Como quien dice, y descendamos de las alturas al rastacuerismo del caricaturista: Colombia no valdría un comino si yo no la cantara. Palabras que bien pueden ser atribuidas a Martínez, si pensamos que una de sus venas clandestinas fue la mordacidad y la irreverencia, más cercana, ésta sí, a su vida de bohemio (héroe), de vagante (héroe, como Barba, sobre quien Fernando Vallejo no ha escrito propiamente una epopeya), de outsider (héroe), de genio prematuramente envejecido (héroe). Aunque Cacua Prada no nos aclara de qué manera son virtudes o valores patrióticos la bohemia, la vagancia, el no trabajar para ninguna institución o el cultivo del propio ego.


Un caso gemelo del de la obra sobre el "poeta de las epopeyas" es el del libro del padre (?) Roberto Tisnés sobre el poeta (?) Belisario Peña, zipaquireño nacido en 1834 y que vivió la mayor parte de su vida y murió en Ecuador (aunque supongo que estos datos sumarios todo el mundo los conoce). La justificación de la empresa biográfica propuesta por Tisnés está dada en estas líneas del prefacio: "Justo resulta que sea así, porque es Peña uno de los máximos exponentes de la cultura poética |zipaquireña y colombiana, permanente amador de su patria chica y grande, lo propio que del Ecuador, su segunda y entrañable patria, donde laboró en la educación y fundó hogar nobilísimo que es honra y prez de la sociedad quiteña y ecuatoriana" (el subrayado es nuestro). Como se ve, nos encontramos aquí ante otro exponente del principio "epopeyero" regional y nacional. En este caso, el heroísmo de Belisario Peña está sustentado por su cristianismo y su labor pedagógica. Ni siquiera por su poesía, a pesar de que en el título del libro se sugiere que el biografiado es, ante todo, un poeta. El desarrollo de la biografía va a ir desmintiendo esa primera impresión. La poesía de Belisario Peña será abordada y despachada en un subcapítulo titulado "El Poeta", de quince páginas de extensión, quince páginas inocuas. Bueno, qué importa: el género "epopeyero" da por hecho que un héroe lo es en todas las actividades en las que se desempeñe (lo cual, por otra parte, no difiere del espíritu de la verdadera epopeya); un héroe-pedagogo que escribe versos tiene que ser un héroe-poeta (Ulises es tan hábil para mentir como para la guerra). ¿Dónde está el lauro de Belisario Peña? Martínez Mutis no presentaba objeciones, es un poeta coronado; pero a Peña, ¿cómo heroizarlo? En este caso sí encontramos un primer atisbo de atención a la obra: Peña es poeta mariano -también patriótico y familiar- y parece que allí estaba contenido, para el padre Tisnés, todo el secreto del heroísmo del poeta: un hombre de virtud, de virtudes cristianas, de virtudes patrióticas -¿hacia cuál patria?-, y de virtudes familiares. De cualquier manera, en el trabajo de Tisnés estarnos más cerca de la epopeya que en el de Cacua Prada; su terminología épica es más cotidiana, más humilde: "Vida hogareña, dedicada al trabajo y al culto de las buenas letras y de la educación de niños y jóvenes, para la que al parecer estaba muy bien dotado y preparado, fue la de Belisario...". Esa humildad, aunque debiera anular el cuestionamiento, que hemos hecho nuestro en este comentario, acerca del olvido de esos nombres en los anales historio-gráficos de nuestra literatura, aunque debiera anularlo, le permite al autor más bien hablar de la importancia de Peña en el panorama de la poesía hispanoamericana, ya no sólo del siglo XIX sino de todos los tiempos. Ni siquiera llega a hablarse de su desfase respecto del romanticismo lamentable de estas tierras en la segunda mitad del siglo pasado. Tisnés ha hecho acopio de una notable documentación para la biografía de su héroe, en la que, sin embargo, desconciertan importantes vacíos en extensos periodos de la vida de Peña (su infancia, su vida de desterrado en Jamaica, su viaje a Europa, etc.). Más que en una obra personal o en una obra sobre su vida, su biografía se apoya en interpretables documentos como gacetas y diarios decimonónicos, cartas y obras conexas relativas a la época o los personajes que rodearon al poeta. Por supuesto, el autor ha interpretado literalmente las apreciaciones contenidas en publicaciones liberales posíndependentistas y fervorosas, muy en su línea de conducta. La historia, que trata de esbozar marginal mente y a veces en primer plano en su biografía, es decir, la historia de la Nueva Granada o del Ecuador en la segunda mitad del siglo XIX, es sin reparo, para el padre Tisnés, la historia de una Colombia civilista, una Colombia católica, un Ecuador culto, o una Zipaquirá patriótica y de hombres valientes. Pero sigamos adelante.