Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Casi el libro quisiera hacernos ver a un poeta que lo fue por no haber alcanzado la especulación filosófica. Hay un punto de partida y llegada, enunciado en las dos primeras líneas del capítulo inicial: "La poesía de Machado está dominada por un tema único: la soledad". Bajémosle el volumen a la frase y digamos que toda lírica auténtica tiene como único tema la soledad, y que ella apela al centro irreductible que hay en cada uno. Pero el tema de la soledad se ha unido al de la reflexión, pues el pensamiento es pensamiento que se genera en soledad, incluido en ella el sentido y el sentimiento del "otro" y del mundo, que es -no las ideas- donde está la vida.

No se ha de tratar, pues, de aislar químicamente la "tentación metafísica" del canto ni de encontrar el manantial de éste en ella, no ha de tratarse aún de cotejarlos o de depositar el mérito del uno en la certeza de la otra, ni de decir: puesto que ha pensado, vamos a sus poemas para ver qué ha pensado, ello dentro del equívoco del título del libro (mejor habría sido: la reflexión en Antonio Machado). Y hay una convicción en Machado que puede desconcertar (de hecho lo hace), según la cual toda obra poética implica una metafísica por parte del poeta, que sería anterior a los poemas. Lo que hay que ver aquí es la esencial diferencia entre el hombre que sufre y el poeta que crea; el hombre que sufre es el mismo que piensa y no el yo creador, ante cuya aparición afloran facultades como la imaginación y la intuición; pero no es la distancia entre uno y otro ser (que hace o lleva a Machado a inventar a Mairena) sino la diferencia en cualidad en los actos de uno y otro:

Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.

En esta iluminación entra en juego la intuición, e intuir es ver; así, dirá Machado: "Para el poeta sólo hay ver y cegar, un ver que se ve, pura evidencia, que es el ser mismo, y un acto creador, necesariamente negativo, que es la misma nada". En vano es que se nos diga, por ejemplo, que Machado leía a Kant y a Bergson, pues al cabo el mismo Machado sugirió que formaban parte de su fantasía, o que en su caso fueron lecturas puestas al servicio del instante -como conciencia en que se hace el poema, aun de la tensión lírica interior -que también es mental- anterior al poema. Existe un pensamiento poético que cobra vida en el instante de la composición y al cual sin duda hay que enmarcar en el pensamiento general sobre la vida, pero que, aun en el caso de la metafísica privada, no es reflexión: "El pensamiento poético -dice Machado-, que quiere ser creador, no realiza ecuaciones, sino diferencias esenciales, irreductibles; sólo en contacto con lo otro, real o aparente, puede ser fecundo. Al pensamiento lógico o matemático, que es pensamiento homogeneizador [. . .] se opone el pensamiento poético, esencialmente heterogeneizador". Hay que decir que si bien acertó Machado en la invención de Mairena (las palabras transcritas son de éste), no llegó a convertirlo en la figura auténticamente moderna del heterónimo,- con voz distinta, como en el caso del portugués Pessoa.


Estudios como el clásico de Ramón de Zubiría sitúan más coherentemente el problema: "Poesía y filosofía se mueven, pues, en direcciones contrarias y sus instrumentos operatorios tienen que ser, por consiguiente, opuestos e irreconciliables. El filósofo opera por medio del pensamiento lógico; el poeta por el pensamiento poético". Y a lo que Mairena llega con la ayuda de la reflexión no es a la certeza o la fe sino a la duda; hay sí, allí, una tabla de consejos y sentencias para ejercer el oficio de vivir y aceptar el ser, no para hacer claridad sobre él. Los términos reflexión y poesía parecerían traducirse en una fórmula personal según el planteamiento del libro aquí glosado: Machado y Mairena o al contrario, cruzándose cada uno en la senda del otro.

JAIME GARCÍA MAFFLA