Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

El arte de su tiempo y de su medio

|Título: Rhythmica sacra, moral y laudatoria
|Autor: Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla
Editorial: Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1989

Un libro ejemplar, modelo a la vez de investigación y de arqueología literarias, es la |Rhythmica sacra, moral y laudatoria, oscura y lúcida y apasionante obra del poeta bogotano Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla, poeta del siglo XVII y algunos años del XVIII, quien singularmente combinara la acción en el mundo y la preocupación metafísica. Obra de excepción, sin duda, ante la cual hay que poner de presente el olvido por parte de la historiografía tradicional u oficial. En realidad, es hoy cuando viene a descubrirse y a editarse el libro calificado como "laberinto que se lee por muchas partes", siendo su edición príncipe de 1703.

En el voluminoso ejemplar, el texto estuvo a cargo del investigador del Instituto Caro y Cuervo Ernesto Porras Collantes, algunas páginas liminares y las notas a cargo de Jaime Tello, y una presentación a cargo de Rafael Torres Quintero, en la cual dice: "Este libro que hoy entrega al público el Instituto Caro y Cuervo es el resultado de una ardua labor investigativa realizada en diferentes épocas, con largos intervalos y por distintas personas, desde el año 1955".

Recalcamos que el interés primero está en el desconocimiento en que hasta hoy se ha tenido a Álvarez de Velasco, con la consecuente ignorancia de su labor para el estudio no sólo de la poesía sino de la cultura y del ser coloniales, gracias a una vida que, por lo laborioso de su creación, debió consagrar a ella sus mejores horas. Es libro sugestivo como pocos, justamente en la hora en que Colombia, en sintonía con otros países de la América hispana, se empeña por vez primera en interpretar con rigor su pasado, y cuando la poesía está volcada con preferencia a la leyenda, a las cosas antiguas o lejanas.

Está el suceso mismo de la edición: "Con esta edición -añade Torres Quintero--, minuciosa y profundamente anotada, aspira el Instituto a dar un nuevo apone a la historia de la cultura en la época colonial, como lo ha hecho ya con publicaciones anteriores. Baste mencionar el |Antijovio de Jiménez de Quesada, las Obras de Juan de Cueto y Mena y de Domínguez Camargo, la |Láurea crítica de Fernando Fernández de Valenzuela y |El desierto prodigioso de don Pedro Solís y Valenzuela". Está, pues, en primer término la reconstrucción de época en el más ajustado sistema de referencias y de fuentes, huellas y datos. El estudio preliminar de Jaime Tello intenta recuperar la imagen del hombre y explicar en él al poeta en unión con el arte de su tiempo y su medio, así como las relaciones con la poesía americana y de lengua española.

Ernesto Porras Collantes, quien da fin a la edición, se acerca más al personaje y a su creación, no más detallada sino más ampliamente e intentando ya, sobre la descripción, un esbozo de interpretación o una explicación primera válida para poesía nuestra colonial toda, con la más fiel historia del texto y de la crítica que en el pasado lo acompañara, las noticias de su existencia y su ignorancia, debida acaso a su extraño carácter: "...obra bibliográficamente curiosa, como lo es, también literariamente. Es notable el desorden, en parte real y en parte aparente, en que se presenta el contenido de la obra y su paginación; al mismo tiempo, se hace difícil establecer el lugar de impresión y fecha en que fuera impresa la obra en forma definitiva".


Inicialmente, se trata de la poesía como material para la historia de la cultura, pues el desconocimiento de la obra hizo que no tuviera influjo en la evolución del lenguaje poético en Colombia, aunque sí es muestra y señal inapreciables de la inclinación intelectual de entonces. Poeta, como se lo ha calificado, de vida prosaica, cultivó con especial tino y destreza, aun maestría, las formas métricas clásicas, las tradicionales de cuño anónimo y las innovaciones del Siglo de Oro español; de especial interés es decir que se trata de un poeta "conceptista"; en la hora y ambiente en que Hernando Domínguez Camargo habría de ser culterano y "gongorista", escribe, bajo la influencia directa de Quevedo y de sor Juana Inés de la Cruz, a quien compara con la monja medieval Roswita: elegías decámetras, silvas, sonetos, madrigales, romances. "De actitud senequista -apunta Jaime Tello- es el hermoso poema |Definición de la vida, una silva que comienza así:

O vida, O vida, muerte dilatada,
Libertad oprimida,
Mazmorra celebrada,
Perspectiva de sombras colorida,
Venenosa hechicera musaraña,
Torreón de telaraña,
Comedia en la horca, música de cadahalso,
De tímida vicuña cerco falso,
Engaño de viril, cuyos colores
Del iris imitando los fulgores,
Quanto más falsos a la vista admiran,
Tanto mas en las manos se retiran".
 

Admira e impresiona a la vez la actualidad de Álvarez de Velasco en lenguaje y actitud, así como en la interpretación misma de la vida en una obra poética que alcanza la abstracción al transfigurar los motivos cotidianos en materiales de su fronda. Su visión es a la vez mística y picaresca, realista dentro del más profundo sentido religioso, que utiliza la imaginería de época y los tópicos del ascetismo.

En cuanto hombre, su pasión por la realidad es muestra no del Siglo de Oro sino de nuestra capacidad de ser medievales después del Renacimiento. Fue un poeta viajero, administrador de bienes y meditador de verdades eternas, profundamente ligado a Colombia y a su paisaje humano y natural. "Hemos visitado la sufrida construcción de san Agustín, en busca de la capilla de Nuestra Señora de la Gracia. Recortada y casi disimulada, detrás del altar mayor, hacia el costado occidental del templo, aún se encuentra el lugar donde acaso reposan, junto a los de doña Teresa y don Gabriel, los huesos del viajero poeta don Francisco", consigna en su libreta de apuntes Ernesto Porras Collantes, quien celosamente y en forma íntegra nos rescata hoy tan singulares hombre y obra literaria.

JAIME GARCÍA MAFFLA